Las elecciones, esa manifestación cultural

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8 de junio, 2021

Por fin las elecciones llegaron a término, no quiero fatigar al  amable lector con un análisis político, ahora mismo hay muchos de ellos, algunos escritos por plumas mucho más capacitadas que la de este servidor, pero podemos intentar una lectura diferente, lo sucedido el domingo 6 de junio es, a todas luces, una interesante manifestación cultural. Para los que no vivieron la época anterior al INE o al IFE, pensar que los mexicanos sabíamos con seis meses de antelación quién iba ganar las elecciones presidenciales o que los nuevos diputados hacían planes aún antes de ser electos, aquellos días les resultarán una especie de ficción kafkiana; el hecho es que así funcionaron las cosas durante décadas porque eran una manifestación más de nuestra manera de ser en el mundo; mientras tanto, soterrada bajo el manto paternalista de un gobierno que en todo estaba menos en lo que debía, se fue gestando aquel raro germen que conocemos como conciencia ciudadana. 

En este ejercicio electoral quedó de manifiesto que ni las diatribas del presidente ni las amenazas de candidatos airados, mucho menos de la violencia política pudieron contener a los ciudadanos que se la jugaron con sus instituciones votando libremente; aquellos hechos desafortunados quedaron para el anecdotario y la picaresca, aunque a más de uno les costó el puesto y la esperanza. Desde luego, el primer ganador es el instituto Nacional Electoral que recibió el apoyo y la confianza de los ciudadanos y por lo tanto su derecho de garantizar su sobrevivencia más allá de cualquier coyuntura política, pero también somos los ciudadanos quieres ganamos porque logramos convertir las elecciones en algo más que un proceso para asignar cargos públicos, las urnas hoy son un termómetro de nuestra conciencia y e identidad culturales.

Entre broma y broma la verdad se asoma, decía mi abuela la mujer sabia, y lo digo porque hoy por la mañana me llegó un meme que comparaba a la ciudad de México con el Berlín de la Guerra Fría, nuestro muro imaginario divide en dos mitades la ciudad entre las alcaldías ganadas por la coalición y las que obtuvo Morena y su alianza, desde luego la metáfora es inexacta, pero nos lleva a pensar la manera en que estamos viéndonos a nosotros mismos, como una sociedad dividida por conflictos de clase.

Contra lo que muchos pensaron, ni el gobierno federal ni Morena quedaron abatidos, tampoco las opciones opositoras salieron fortalecidas, tal vez el hecho se explique porque la oposición no ofreció proyecto reales y viables y la ineficiencia e impericia del gobierno quedó subsanada por la potencia de las preguntas que ha lanzado sobre nosotros mismos, nuestra cultura y nuestra identidad.

La desgracia de la Línea 12 del Metro, la ineficiencia en el gobierno y la lentitud del proceso de vacunación así como el pésimo manejo de la pandemia entran, para el ciudadano, en una misma bolsa de agravios; sin embargo, morena se mantiene como la primera fuerza dentro del congreso y aunque deberá recurrir a alianzas para completar la mayoría simple le queda muy lejos la calificada; lo cierto es que sus cuestionamientos en materia de igualdad, marginalidad identidad y expectativas aún no ha sido resueltas; su vocería como izquierda está cuestionada porque no atinan a dar contenido ideológico a sus alternativas, es decir, no explican lo que somos, lo que queremos y el destino al que aspiramos.

La clase media anestesiada por el sistema neoliberal, vendedor de expectativas y de aspiraciones le hizo creer que estaba más cerca de Carlos Slim que de los obreros, le vendió la idea de que con un pequeño esfuerzo, la movilidad social era posible e ilimitada pese a décadas de crisis, de la caída constante de sus ingresos y de la merma de sus expectativas, no parecía haber una toma de conciencia de clase dentro ellas, hasta que no tuvieron enfrente quien les señalará a su enemigo, pero el enemigo resultó ser el prójimo con quien comparte las mismas penurias, el mismo gobierno ocurrente y la misma imposibilidad de la movilidad social.

Para ser francos, los partidos políticos, ninguno de ellos, se presentó como una opción de representatividad y votamos porque era nuestro deber y porque de esa manera expresamos nuestras ideas y nuestros sentimientos, sobre todo estos, respecto del momento político e histórico que vivimos, pero no queda nadie, ni uno solo fuera de las estructuras partidarias,  que con sinceridad se siente representado por algún partido político, incluso el que presenta mayor cantidad de votos se llama movimiento y no partido.

Estas señales en el tiempo nos hacen pensar que lo que los mexicanos hemos empezado es la búsqueda, que esperemos sea la final, de nuestra identidad y valores, que consigamos margen de igualdad suficiente, que resolvamos nuestras contradicciones íntimas, nuestra pasión pigmentocrática frente a nuestro malinchismo congénito,  nuestra fraternidad frente a nuestros prejuicios de clase, nuestra esperanza frente a las exclusiones de lengua, color, idioma y sobre todo que nos haya quedado muy claro, como al menos parece haber indicios, de que ningún gobierno, ningún mesías cierto o falso hará nada por salvarnos si no es que nosotros, el conjunto silencioso que se manifestó este domingo, construimos el mañana que muchos estamos soñando y muchos más están están ya construyendo.

@cesarbc70

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Sin embargo, habitamos el mundo y requerimos de ciertos criterios de validez que, si bien están sujetos a modificarse conforme aparezcan nuevos conocimientos, es razonable que los consideremos como principios orientadores de la experiencia existencial.  Quizá la principal diferencia entre una casualidad y una sincronicidad está en que de la primera no podemos obtener un bagaje simbólico que aporte significado en nuestra vida, mientras que la segunda, la transforma.  Pensemos en alguien que no tenía que haber subido a un avión, y lo hace. 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Nuevamente hay otros datos, diferentes a lo que López afirma, acorde a lo que Reporte Índigo publicó el 1 de junio del 2022, respecto a los millones de pesos que los Ministros de la Suprema Corte gastan en viajes. Destaca que, de acuerdo a los registros, sus ministras y ministros acumulan un total de 45 viajes internacionales Estos viajes nos han costado 3.5 millones de pesos, de acuerdo con registros elaborados por la propia Suprema Corte de Justicia.  La información obtenida por Reporte Índigo vía transparencia, señala que viajes internacionales efectuados de ministros de la Corte, considerando desde su primer día como ministro y hasta el 16 de febrero de 2022, viajes por el mundo, así como sus gastos respectivos, fueron realizados por ocho ministras y ministros. Encabeza la lista por la cantidad de viajes que ha realizado y por los gastos que ha efectuado en ellos, Alberto Gelacio Pérez Dayán con 11 viajes internacionales, gastando en ellos un millón 282 mil 257.42 pesos Este Ministro inició su periodo el 1 de diciembre de 2012 y terminará el 30 de noviembre de 2027. Ha visitado con los gastos pagados por la Corte ciudades como Barcelona y Madrid, en España; Asunción, en Paraguay; Boston en Estados Unidos; Quito, en Ecuador; París, en Francia, y San José en Costa Rica. Todos estos viajes supuestamente han sido para participar en congresos, conferencias magistrales, seminarios, asambleas de la Cumbre Judicial Iberoamericana, y reuniones del Comité de Competencia de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Asimismo, ya siendo López presidente, Pérez Dayán viajó a Panamá, representando al presidente de la SCJN y CJF encabezando a la delegación de funcionarios integrantes del PJF en la Asamblea Plenaria de la XX Cumbre Judicial Iberoamericana”, que se celebró del 20 al 24 de octubre de 2021, con un costo de 53 mil 191.83 pesos. El segundo en la lista, es el ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo. Acumula nueve visitas a otros países, con un costo de 768 mil 400.91 pesos. Este ministro inició el 10 de febrero de 2011 y terminará el 9 de febrero de 2026. Ha estado en San José, en Costa Rica; Madrid en España; Buenos Aires en Argentina; Milán, en Italia, y San Juan en Puerto Rico.  En tercer lugar, el ministro, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, con 10 salidas al extranjero. El costo: 456 mil 191.14 pesos. Gutiérrez Ortiz Mena inició como ministro el 1 de diciembre de 2012, y concluirá el 30 de noviembre de 2027. Ha visitado ciudades como San Diego, Boston y Washington en Estados Unidos; Cartagena de Indias en Colombia; Roma, en Italia, y San Juan, en Puerto Rico. Ya en la 4T, del 30 de enero al 2 de febrero de 2020, estuvo en Hawái, Honolulu, en un simposio; su viaje costó 43 mil 899 pesos. 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De igual manera, el ministro recomendado por López, González Alcántara Carrancá, quien llegó a la Corte ya durante la 4T, el 20 de diciembre de 2018, lleva dos viajes internacionales: a Buenos Aires para impartir la conferencia “El Nombramiento y la Remoción de Jueces: La Independencia Judicial”, del 22 al 24 de octubre de 2019; y a Boston, como ponente en la Universidad de Harvard, del 3 al 6 de octubre de 2019.  Importante es reiterar que López ha repetido hasta el cansancio lo de la austeridad republicana y más sobre gastos en viajes: “No puede haber Gobierno rico con pueblo pobre. Juárez decía: El funcionario tiene que aprender a vivir en la justa medianía. Nada de vehículos de lujo, aviones, helicópteros. Nada de viáticos para comidas en restaurantes de lujo, vinos, viajes al extranjero sin límites, asesores, también, al por mayor; bonos, hasta bonos por fatiga. Todo eso se termina. Es una etapa nueva y, que se entienda, la austeridad no es un asunto administrativo. 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Sin embargo, hay un pequeño detalle, muy inquietante por cierto, que lo cambia todo: la sinopsis relatada corresponde a la novela Futility o The Wreck of the Titan (El Naufragio del Titán o Futilidad) , escrita por Morgan Robertson en 1898; es decir que el hundimiento del “Titán” literario tiene lugar catorce años antes de la noche del 14 al 15 de abril de 1912, en que se hundió el verdadero transatlántico RMS Titanic.  Si recorremos la narración ficticia, las semejanzas entre la novela y la realidad ocurrida catorce años después resulta estremecedora. Por ejemplo, tanto el Titán como el Titanic se hundieron en el Atlántico Norte. Ninguno de los dos llevaba a bordo suficientes botes salvavidas para los pasajeros. También existe una impresionante similitud en cuanto al tamaño –267 metros el barco real y 244 metros el imaginario– y la velocidad capaz de desplegar –25 nudos para el Titán, 23 nudos para el Titanic–. Los dos operaban con tres hélices y dos mástiles; en ambos casos el casco estaba diseñado con un sistema de compartimentos semejante y los dos emprendieron su primer y único viaje en el mes de abril. Ambos naufragaron al chocar contra un iceberg en su viaje inaugural y ambos se hundieron  aproximadamente seiscientos kilómetros al sur de Terranova, aunque, en una de las diferencias más significativas entre la realidad y la ficción, el Titanic real navegaba de Europa a Estados Unidos, mientras trasatlántico literario lo hacía en sentido inverso.   ¿Cómo podemos explicar estas coincidencias? ¿Qué relación objetiva existe entre la historia de ficción escrita por Morgan Robertson en 1898 y el trasatlántico diseñado por Thomas Andrews Jr., bajo el auspicio de la naviera White Star Line y construido en los astilleros Harland & Wolff, y capitaneado, en su viaje inaugural, por experimentado capitán Edward Smith, que se hundió en abril de 1912? ¿De donde, entonces, pueden emerger semejantes similitudes? ¿La historia de Robertson influyó en el hundimiento del Titanic, o, al revés, el hundimiento del Titanic, en una realidad subjetiva y fuera del tiempo, en esa conciencia colectiva de la que hablaba Jung, influyó en la imaginación del autor con década y media de anticipación? ¿Son hechos aislados y las semejanzas entre ambas historias no son más que una extraña coincidencia?   La realidad es que no hay forma de saber, con el conocimiento que tenemos hoy, si existe o no alguna relación ya sea causal o sincrónica entre ambos eventos, sin embargo resulta muy sugerente considerar que la posibilidad de que, en algún sustrato de la realidad ambos acontecimientos –imaginación del novelista y la materialización del evento con la participación de un sinnúmero de gente y circunstancias de todo tipo– estén vinculados de alguna manera.  La gran pregunta es si se trata de una enorme coincidencia o de una auténtica sincronicidad. No hay duda que el ejemplo señalado –y se podría dar cuenta de infinidad de historias extrañas y sorprendentes– produce inquietud y desasosiego al resaltar lo misterioso e inescrutable que puede resultar el tejido del que está hecha la realidad. Ante coincidencias de semejante calado, permanecemos estupefactos sin saber a ciencia cierta qué pensar o cómo interpretarlo.  Si tuviera que aportar una opinión personal diría que lo que entendemos por realidad, lejos de ser un monolito sólido y previsible, es más bien una misteriosa amalgama de factores y variables de los cuales sabemos el funcionamiento de una parte de ellas mientras desconocemos aun muchas otras; y por ello, sacar una conclusión definitiva de lo que es la realidad y cuáles son los límites del tiempo o las fronteras entre el cosmos material y objetivo y el universo de subjetividad y creatividad, del que apenas conocemos la punta del iceberg, es aventurado. Sin embargo, habitamos el mundo y requerimos de ciertos criterios de validez que, si bien están sujetos a modificarse conforme aparezcan nuevos conocimientos, es razonable que los consideremos como principios orientadores de la experiencia existencial.  Quizá la principal diferencia entre una casualidad y una sincronicidad está en que de la primera no podemos obtener un bagaje simbólico que aporte significado en nuestra vida, mientras que la segunda, la transforma.  Pensemos en alguien que no tenía que haber subido a un avión, y lo hace. El avión cae, él es el único sobreviviente, que además resulta ileso y todo ocurre en circunstancias inverosímiles, mientras que la persona que efectivamente debía haber subido al avión, se resbala en la regadera de su apartamento, se rompe la cervical y se queda en una silla de ruedas por el resto de su vida.  Si yo, desde fuera, me entero de esta historia, sin duda quedaría impactado, pero no podría interpretarla como otra cosa que una serie de casualidades impresionantes, pero que, en el tejido de mi existencia carecerán de significado profundo. Sin embargo, tanto para el individuo que salió ileso del accidente aéreo como para el accidentado en la regadera, los hechos serán sincronicidades que aportarán símbolos y significados existenciales muy profundos. La vida presente, pasada y futura de ambos será necesariamente reinterpretada a través del tamiz de esa experiencia. Como se ve, el mismo hecho tiene interpretaciones y significados distintos, dependiendo, como decía Jung, de la cercanía e intensidad emocional con que se viva. Vista desde fuera es una casualidad sorprendente que carece de significado. Vista desde dentro en una experiencia que provoca que la vida se bifurque en un antes y un después de ese acontecimiento.  Por eso, una sincronicidad sólo lo es para quien el acontecimiento posee significación, sentido y deja un sedimento que trastoca a la vida futura.    En casos menos dramáticos, como el ejemplo ya mencionado en el artículo anterior de la persona que, luego de recordarla, nos encontramos en la calle luego de años de no saber de ella, tiene que ver con el momento existencial y las consecuencias que ese evento extraño acarree. Si no pasa de un encuentro fortuito será distinto de si recibimos el nombre y teléfono del especialista que salve a nuestro hijo de un padecimiento grave. Aprender a separar el paja del trigo, y con ello las casualidades sugerentes de las verdaderas sincronicidades que transforman nuestra vida, puede ser la diferencia entre encontrar sentido a nuestra existencia o vivir en piloto automático, presos de un mundo chato y sombrío.  Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(53) "¿Sincronicidad o casualidad?; un ejemplo inquietante" ["post_excerpt"]=> string(200) "Lo que entendemos por realidad, lejos de ser un monolito sólido y previsible, es más bien una misteriosa amalgama de factores y variables de los cuales solo sabemos el funcionamiento de una parte. 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