Transformar significa “Dar otra forma o aspecto a algo o alguien” y para que el país avance, el presidente de México debería empezar a pensar en transformarse a sí mismo para impulsar el cambio de fondo que el país necesita y generar confianza. Revisar, rectificar y corregir su estrategia es urgente, pues a muchos especialistas no les gusta el panorama. Solo el alza constante de los precios en los supermercados no es una buena señal, pero al parecer él tiene otros datos.
Dice que encontró muchos problemas, derivados del conservadurismo que, según él, quienes se han beneficiado de ello se niegan a soltar sus privilegios adquiridos en tantos años del régimen neoliberal. ¡Eso no es cierto!
En mi opinión, es evidente fracaso de su convocatoria, pues lo único que ha hecho es dividir a los mexicanos. Se le olvidó al viejo zorro el principio elemental de la política: hacer política. ¿No se dará cuenta de que amplios segmentos de la población están inconformes―sobre todo entre los más informados― y que, sin duda, son los que generan riqueza de este país? Y no me refiero a las grandes empresas. ¿Quién le informa?
Claro que él, su gabinete, asesores y amigos deben estar convencidos de que la estrategia definida es para cumplir con la próxima meta: obtener mayoría en el Congreso y así pueda, en los tres años que le quedan de gobierno, imponer su voluntad.
¿Qué pasaría si el presidente empezara a transformarse a sí mismo, pero en el sentido bíblico ―que aparentemente tanto le gusta― que se refiere a la “renovación de la mente”? ¡Es de sabios…! Por lo que observo en sus conferencias matutinas, no parece tener intenciones de renovar su forma de pensar. Machaca y machaca más con lo mismo, echándole la culpa al pasado y les carga la mano a los medios de información, a ciertos periodistas que agarra de puerquitos y que son de su predilección. Al valiente joven periodista Carlos Loret de Mola lo acaba de embestir por un suceso que sucedió ¡hace 16 años…! con la esperanza de que convencer a sus seguidores. ¿Qué gana con eso?
Entiendo que la Cuarta Transformación que inventó Andrés Manuel, tiene por objeto “transformar la vida pública de manera pacífica del país”, para acabar con los males que nos aquejan ―principalmente la corrupción―. ¿Lo ha logrado? Les platico mi experiencia en las Fiscalías de la Ciudad de México y de Guerrero, y no les va a gustar. Así hay mil ejemplos…
Seamos francos, repito, lo único que ha logrado es la división entre los mexicanos, cuando si hiciera el esfuerzo de transformar su forma de pensar, otro gallo cantaría. Y todos los días se escucha y se leen en “las benditas redes sociales”, en las columnas de individuos connotados, en programas de radio, más inconformidad, alarma y mal presagio.
Bienvenida la transformación, pero primero en la mente del presidente de todos los mexicanos. ¿Podrá cambiar…? Y esto lo pregunto con todo respeto.
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