Demasiada verborrea y tinta, en forma de infamia y calumnias se han vertido en torno al malogrado tratado Mc. Lane / Ocampo, el cual fue una propuesta del gobierno del presidente Benito Juárez en medio de la guerra de reforma en torno a ceder la concesión del estrecho de Tehuantepec al gobierno norteamericano a cambio de su apoyo, que el riesgo no sólo era que las sotanas católicas siguieran siendo dueñas del país, con todo y los ingentes y consabidos abusos y oscurantismo, lastre para el desarrollo del país.
De entrada, hay que mencionar que el tema viene de muy atrás, se incluía ya una cláusula al respecto en los tratados de Guadalupe / Hidalgo, en el que los Estados Unidos se quedaban con más de la mitad del territorio que fue novohispano y luego del primer imperio mexicano, pero que en realidad esas tierras estuvieron semidesiertas y pobladas y utilizadas por todo, excepto por mexicanos. Bien, poco después y ante la rapacidad genética de los estadounidenses, hubo incluso el proyecto “ALL MEXICO”, que pretendía anexar a los Estados Unidos el 100% de territorio nacional mexicano, ante la problemática que esto suponía, hubo intentos (tropas gringas incluidas) para “bajar la frontera”, aproximadamente al nivel de la mitad de los Estados del norte del pais, también no llevados a buen puerto.
Le siguió entonces el tratado de LA MESILLA, donde el gobierno de Santa Anna logró salvar la baja California e incluso un tramo de terreno considerable para unir la península a México, vía Sonora. Ahí sale de nuevo el tema del istmo de Tehuantepec y se incluye en dicho tratado, influye ahí la cuestión de que el istmo ya estaba concesionado a un consorcio británico, que luego de unos años compra un empresario gringo. Es pues en 1853 que el gobierno de Juárez esta proposición a los Estados Unidos, por desesperación, pero con el buen tino, calculado a mi parecer, de eliminar la concesión del magnate estadounidense, así aunque hubiese entrado en vigor, habría sido imposible para el gobierno de los Estados Unidos el desarrollarlo, pues aún se debatían en fratricida guerra civil que los tenía, como es de suponer, menguados en todos aspectos.
Bien, dicho tratado fue rechazado por el gobierno (Senado) de los Estados Unidos, por razones cómo la debilidad del gobierno del presidente Buchanan, pero el motivo principal de que el congreso estadounidense votara en contra de celebrar dicho tratado, fue el proteccionismo gringo, por el temor a abrir sus fronteras al libre comercio (las directrices de Trump no son nuevas en aquel país). En un momento el ofrecimiento era a 10 años, luego “a perpetuidad”, que NO supone una venta, sino que incluso es reversible, así como se demostró con el tratado Torrijos / Carter, que eventualmente devolvió a Panamá el canal del mismo nombre.
Así pues, la intención de Juárez y su ofrecimiento era mucho más una “servidumbre de paso”, jamás una venta cómo la señora ignorancia y/o los malinchistas han intentado hacer creer. Por cierto, en 1860 el gobierno norteamericano, a diferencia de la vez primera, ofrece a Juárez sustancioso apoyo a cambio de revivir el tratado Mc. Lane / Ocampo, pero las circunstancias también en México para su gobierno eran ya distintas, rechazando el gobierno del benemérito dicho ofrecimiento, dejando ya para el olvido (este sí eterno) la posibilidad de hacer valer dicho pasaje de la Historia de México.
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