La propuesta energética del gobierno federal se finca no solo en la defensa de la soberanía nacional y la justicia, sino también en quitarle los privilegios que le otorgaron a empresarios extranjeros y nacionales que se han convertido en monopolios de corrupción y abusos que se encaminaban a la competencia desleal de precios en los consumidores finales.
No se trata tampoco de estatizar el control de los energéticos sino de un esquema en el que el sector público se ocupe del 54% del mercado energético, lo que permitirá el equilibrio de dicho mercado dirigido, entre otros, a tres aspectos importantes: evitar que los precios de gas y combustibles se eleven, producir un mayor número de fertilizantes y que esto se traduzca en una mayor producción de granos que lleve a la autosuficiencia del país.
Tampoco representa un retroceso a los combustibles fósiles a cambio de las energías limpias, que Estados Unidos y México han utilizado para justificar sus monopolios que le costaban muy caro al pueblo porque se trata solo de un cuento –el de las energías limpias– que les permitían hacer negocios sucios.
La estrategia se finca en un reparto justo de la producción de la energía eléctrica (54% para el Estado y 46% para la iniciativa privada), con el único objetivo de establecer prioridades para asegurar los niveles de autoabasto estratégico y con beneficios plausibles a la sociedad, es decir, no se trata de que el gobierno se quede con todo o arrasar la actividad, sino que las empresas extranjeras no tengan ventaja sobre los bienes de la nación.
Es por eso por lo que los empresarios norteamericanos piden que se revisen los términos del Tratado de Libre Comercio entre las tres naciones, cuando en el fondo el capítulo 8 del T-MEC es muy claro “el Estado mexicano tiene soberanía sobre sus hidrocarburos” y solo hace falta ajustar los pilares para un buen entendimiento que podría llevar solo a conciliar o encontrar medidas compensatorias.
Si volteamos a los mercados internacionales, podemos observar que la visión del presidente de México va en sintonía con el esfuerzo que hoy realizan los gobiernos del mundo en el contexto de que esto aseguraría el manejo de criterios sociales y un margen de autosuficiencia nacional en caso de crisis.
Por eso es preciso señalar que los gobiernos anteriores tenían entre sus ambiciones otorgar todo el sector a la iniciativa privada en donde no hay control de precios y las ganancias solo se perfilaban hacia un lado de la balanza, es decir hacía las empresas nacionales, extranjeras y funcionarios con intereses creados en sexenios anteriores que, en el contexto de la globalización y luego del golpe de realidad que dio la pandemia cuando permanecimos hacinados se abrió la tendencia de buscar caminos de autosuficiencia.
La cierto es que esto tiene que ver con lo que nos conviene, sí quizás con matices proteccionistas que es parte de la soberanía del país, pero que, en el fondo, plantea un equilibrio en el mercado externo e interno, entre lo que por ley es público y lo que corresponde al sector privado, entre energías fósiles que tenemos y necesitamos y energías limpias que requeriremos.
Por eso la estrategia del gobierno federal no solo se anticipa, sino que está en sintonía con los esfuerzos que realizan los gobiernos del mundo, para fortalecer sus políticas económicas internas, encaminadas hacía el beneficio de las sociedades, con un enfoque más humanista, que le permita tener un mercado interno más independiente y fuerte para no depender tanto de aquella globalización que ya está dando muestras de extinción.
Lo anterior, bajo la premisa de que un gobierno que no se preocupa por el pueblo no puede ser asertivo, por eso la estrategia visionaria del gobierno federal, pretende rescatar a Pemex y a la CFE porque estas empresas públicas son fundamentales para que las y los mexicanos, no paguen de manera excesiva, materias primas tan elementales en los sectores urbanos y rurales como las gasolinas, el diésel y la luz.
En conclusión, si las reglas de operación del 54-46 contiene imprecisiones para los interese extranjeros, los paneles que se han dispuesto entre México, Estados Unidos y Canadá, serán el marco apropiado para conocer sus diferencias y resolverlas, y no lo que se predica en algunos medios, porque son poderes fácticos y mediáticos que quieren imponer su ideología en favor de las empresas extranjeras y nacionales, que quieren obstaculizar las estrategias visionarias.
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