La Chofis y Enrique

La Chofis es el apodo de un joven futbolista, a quien ofrezco mi respeto y aclaro que no es mi intención utilizar su apodo… La Chofis es el apodo de un joven futbolista, a quien ofrezco mi...

22 de septiembre, 2016 enrique-pena-nieto

La Chofis es el apodo de un joven futbolista, a quien ofrezco mi respeto y aclaro que no es mi intención utilizar su apodo…

La Chofis es el apodo de un joven futbolista, a quien ofrezco mi respeto y aclaro que no es mi intención utilizar su apodo en sentido peyorativo, sino en el sentido festivo que se utiliza en la camaradería que se da en los equipos deportivos.

Corre el rumor de que al presentarse este joven a un nuevo grupo de entrenamiento le llamaron “la Chofis” por su parecido con la novia de uno de los compañeros, el mote mereció el beneplácito del grupo y pasó a formar parte de lenguaje; algunas jovencitas me dieron su opinión en el sentido de que el muchacho era “bastante bonito” y que el mote le sentaba.

Resulta que como futbolista es prometedor y le espera un futuro brillante.

Me pregunto: si gracias a su aspecto físico y al apoyo de un nutrido grupo de jovencitas, fuere llamado a la Selección Nacional a pesar de su inexperiencia, falta de madurez y desarrollo técnico y fracasara, ¿sería su culpa? Si estando en la cancha se le asignara el cobro de un penalti decisivo, en una final, de visitante y ante un estadio lleno y lo errara, ¿sería su responsabilidad?

¿Qué sería de las jovencitas que lo impulsaron a ese puesto, presionando al entrenador, a los medios y al público en general?, ¿qué sería de él?

Creo que la responsabilidad debería ser compartida por todos los involucrados en el proceso, y todos deberían recibir su castigo, a menos la censura generalizada. Habríamos fabricado un ídolo de barro y su fracaso sería el nuestro.

Algo similar pasa con el actual presidente. La imagen que logró proyectar el joven político lo colocó a la altura de un Rock Star y el decidido apoyo de la deslumbrada legión femenina le concedió el triunfo, a pesar de las opiniones diferentes. Su popularidad estaba en los cuernos de la Luna, aprovechó su capital político en la Alianza por México y logró la aprobación de las Reformas que su partido bloqueó durante doce años y que le permitieron permanecer en lo alto del Hit Parade.

A la hora de la verdad ya mostró de lo que está hecho, los penalties decisivos los falla inmisericordemente, enseña el cobre que algunos ya le conocíamos y que ocultaba con grandes golpes publicitarios, bla, bla, bla, sin acciones, aunque se le ofrezcan en bandeja de plata como el despido del impopular jefe de la CONADE, quien sigue contando con su apoyo.

Sin lugar a dudas deja mucho que desear, pero “haiga sido como haiga sido”, es el jugador que tenemos en la cancha y es una muestra válida de nuestra cultura, producto de nuestra inmadurez, ignorancia política y la influencia de los valores vigentes, equivocados y no debidamente jerarquizados, pero nuestros; trata de cumplir con una responsabilidad que nosotros le asignamos, para la cual evidentemente no está capacitado.

Ya somos conscientes de que ni tirando un penal sin portero es capaz de meter un gol, pero el partido sigue y si queremos un marcador decoroso no debemos repetirle lo maleta que es, hay que apoyarlo, cuando menos dejando de insultarlo. Reconocer que en algunas cosas está haciendo su mejor esfuerzo y con toda la capacidad que tiene.

Por eso creo que el ensañamiento periodístico y mediático debe cesar, por nuestro propio bien, enfocar los resentimientos hacia otros objetivos totalmente justificables.

Al mentiroso y defraudador “honesto y valiente” promotor, en otro momento, de la República Amorosa, desairado apoyador de guerrilleros disfrazados de maestros y otras monerías, que cambia de bandera conforme la dirección de los vientos, no me he percatado que la vigilante investigadora de suciedades le revise el origen de sus fortunas, hoy dadas en usufructo vitalicio a fin de ocultarlas en sus honestas declaraciones y poder presumir de pobre.

Creo que será interesante la forma de obtención de su título universitario, que si bien descalifica a Peña por una nimiedad, podría ser que a López se lo hayan otorgado por “huma-nidad” después de trece años de espera en una carrera plagada de materias reprobadas o acreditadas en varios intentos de exámenes extraordinarios. Con certeza debe haber material investigable en tantos años de carrera y nos pondría al corriente de la personalidad de quien va a limpiar al país de la corrupción poniendo al frente de la lucha a Bejarano, el experimentado señor de las ligas.

Así como pusieron nuestras adolescentes votantes en la presidencia a Enrique y podrían poner a “la Chofis” en la Selección de futbol, tendrían que asumir su responsabilidad y buscar no repetir el error (a eso se llama experiencia).

Información completa acerca de los candidatos, objetividad y equilibrio en la decisión, medios transparentes y equilibrados, integran la consigna para el siguiente sexenio y permitir que Peña llegue a su fin con crítica sana sin el ensañamiento similar al de los hospitales deshonestos que se niegan a desconectar los aparatos que mantienen con vida artificial al moribundo con el único propósito de extraerle a los familiares hasta el último peso posible.

Ya ganaron la batalla del desprestigio, nobleza obliga a no pisotear al vencido, a menos de que el vencedor carezca de calidad.

Comentarios
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Si dentro de un programa computacional no están consideradas ciertas acciones, la computadora no podrá ejecutarlas. El programa (software) es la “narrativa” del hardware y lo posibilita para llevar a cabo acciones muy concretas. Con los humanos sucede lo mismo, si dentro de nuestro programa existencial está grabado a fuego que “la gente no es digna de confianza”, cuando llevemos a cabo acciones, cuando iniciemos interacciones con los demás, la confianza en el otro no será una herramienta que podamos usar.  Para cambiar al mundo se necesitan relatos “creíbles” que den marco a lo que deseamos que suceda. Sin las narrativas conscientes esto no será posible. Muchas de las cosas que resultaban inimaginables o imposibles, como, por ejemplo, detener la economía, la Era covid nos ha demostrado que no lo eran tanto. Como ésta hay muchas más cosas –reducir la emisión de gases contaminantes o la violencia por cuestiones de género– que sí son posibles si nos lo proponemos de manera consciente y tomamos acciones en esa dirección. Pero sin pensarlo y sin creerlo, será prácticamente imposible que suceda.  Muchas de las narrativas deseables son rechazadas de antemano por considerarlas ingenuas. Pero es posible hacer un bypass al prejuicio de la “ingenuidad”, asumiéndola como una condición habilitante, como un acto de protesta contra la autolimitación, como una manera de abrirse a lo posible, aun cuando en principio parezca absurdo e inalcanzable. En vez de interpretar esa “ingenuidad” como candidez, inocencia o tontería, la propuesta es entenderla deliberadamente como una demoledora de muros, como una disipadora de brumas que nos impiden ver más allá y abren ante nosotros panoramas extensos y nuevos. En su libro Ingenuidad aprendida1, el filósofo español Javier Gomá Lanzón rescata ésta, la ingenuidad, como una actitud susceptible de ser asumida de forma consciente y que lejos de convertirse en contratiempo, resulta en una herramienta invaluable para forzar las fronteras de lo que nuestros prejuicios consideran imposible.  Mi propósito consiste en aventurar la invitación a que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino, más allá de su practicidad o realismo, las narrativas necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. 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Hay que señalar que el actual director interino del CIDE fue profesor e investigador de El Colegio de México y siempre se manifestó contrario a la teoría económica neoliberal y al libre comercio El pretexto fue un vídeo publicado por Madrazo en el que defiende a los investigadores del CIDE contratados a través de programa Cátedras, creado por el CONACYT durante la gestión de Enrique Cabrero para emplear a jóvenes recién egresados de doctorados e incorporarlos a la academia mexicana en diversas instituciones de educación superior, pagados directamente por el Consejo.  El programa disgustó a Álvarez-Buylla, lo recortó y le cambió el nombre a  Investigadoras e investigadores por México. Complicó el proceso de evaluación para la permanencia, exigiendo a los evaluados demostrar que buscan empleo en alguna institución de educación superior, aunque tienen un contrato por diez años y están asignados actualmente a una universidad o centro de investigación. 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Es así que las creencias, de forma subrepticia, se manifiestan y moldean la realidad concreta.          Los seres humanos, tanto en lo individual como en lo colectivo construimos, mediante el lenguaje, infinidad de relatos, historias, narraciones que plasman nuestra manera de entender el mundo y la existencia.  De ningún modo se trata de algo inédito o novedoso. 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Por eso, para que, por ejemplo, pueda haber un sistema de cooperación entre naciones, primero necesitamos creer, mediante un relato que lo confirme, que es posible, porque de lo contrario no lo será. Y para que esto suceda es indispensable construir conscientemente narrativas que lo retraten, que lo imaginen posible, que especulen sobre lo que resultaría de una realidad así.  No necesitamos creer que el sol habrá de salir cada mañana, porque éste es un hecho probado científica y empíricamente, pero sí necesitamos creer que ciertas habilidades están en nuestra “caja de herramientas” individual y colectivamente para que podamos echar mano de ellas cuando el desarrollo humano lo requiera. Desarrollar creencias a la medida de nuestras necesidades y posibilidades no es un acto de magia, sino una acción consciente y racional que nos pondría en camino en un cierto objetivo deseable. Si dentro de un programa computacional no están consideradas ciertas acciones, la computadora no podrá ejecutarlas. El programa (software) es la “narrativa” del hardware y lo posibilita para llevar a cabo acciones muy concretas. Con los humanos sucede lo mismo, si dentro de nuestro programa existencial está grabado a fuego que “la gente no es digna de confianza”, cuando llevemos a cabo acciones, cuando iniciemos interacciones con los demás, la confianza en el otro no será una herramienta que podamos usar.  Para cambiar al mundo se necesitan relatos “creíbles” que den marco a lo que deseamos que suceda. Sin las narrativas conscientes esto no será posible. Muchas de las cosas que resultaban inimaginables o imposibles, como, por ejemplo, detener la economía, la Era covid nos ha demostrado que no lo eran tanto. Como ésta hay muchas más cosas –reducir la emisión de gases contaminantes o la violencia por cuestiones de género– que sí son posibles si nos lo proponemos de manera consciente y tomamos acciones en esa dirección. Pero sin pensarlo y sin creerlo, será prácticamente imposible que suceda.  Muchas de las narrativas deseables son rechazadas de antemano por considerarlas ingenuas. Pero es posible hacer un bypass al prejuicio de la “ingenuidad”, asumiéndola como una condición habilitante, como un acto de protesta contra la autolimitación, como una manera de abrirse a lo posible, aun cuando en principio parezca absurdo e inalcanzable. En vez de interpretar esa “ingenuidad” como candidez, inocencia o tontería, la propuesta es entenderla deliberadamente como una demoledora de muros, como una disipadora de brumas que nos impiden ver más allá y abren ante nosotros panoramas extensos y nuevos. En su libro Ingenuidad aprendida1, el filósofo español Javier Gomá Lanzón rescata ésta, la ingenuidad, como una actitud susceptible de ser asumida de forma consciente y que lejos de convertirse en contratiempo, resulta en una herramienta invaluable para forzar las fronteras de lo que nuestros prejuicios consideran imposible.  Mi propósito consiste en aventurar la invitación a que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino, más allá de su practicidad o realismo, las narrativas necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. Se trata de diseñar nuevas utopías que respondan a la pregunta: ¿cómo tiene que ser el mundo y la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización humana para que quepamos todos en aceptable armonía?  Esas son las narrativas que tenemos que construir, aquellas que nos pongan en camino del sitio al que queremos llegar, pero teniendo como premisa central la autoexigencia de que se trate de un mundo donde quepamos todos, tanto los que comparten nuestras convicciones como los que no.   Puesto que no podemos saberlo todo con certeza, requerimos nuestras convicciones como motor existencial para pasar a la acción. Mediante las creencias decodificamos el mundo; lo hacemos para sobrevivir, interpretamos lo que nos rodea, cada cosa que nos sucede, cada decisión que tomamos, cada persona con la que generamos una interacción y cada trabajo que aceptamos o rechazamos. Por conducto de cada uno de nuestros actos, conductas e intenciones se manifiestan nuestras configuraciones subjetivas en el mundo material.  La misión entonces consiste en creer de forma sistemática, lúcida, abierta, vacía de prejuicios, consciente, intencional e ingenua y traducir esa manera de entender la existencia compartida en relatos que articulen una convivencia constructiva, global, cooperativa y enriquecedora, aun cuando cada narrativa sea construida desde su propio espacio cultural, desde su propia visión, desde su propio lenguaje e identidad particular.  El reto es mayúsculo, pero el tiempo apremia… seamos ingenuos y hagámoslo posible.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir 1 Gomá Lanzón, Javier, Ingenuidad aprendida, Primera Edición, España, Galaxia Gutenberg, 2011, Págs. 174  " ["post_title"]=> string(44) "Construyendo creencias que amplíen el mundo" ["post_excerpt"]=> string(136) "Se trata de que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino las necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(43) "construyendo-creencias-que-amplien-el-mundo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-24 11:29:32" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-24 16:29:32" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70827" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "622e1fd450bbce52591e73a47bffa8a7" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
Construyendo creencias que amplíen el mundo

Construyendo creencias que amplíen el mundo

Se trata de que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino las necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. 

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