Inteligencia Artificial y salud

¿De qué manera puede aprovecharse la IA como parte del cuidado de la salud sin sustituir el vínculo personal y profesional que caracteriza a la práctica médica? La respuesta no es sencilla.

3 de marzo, 2026 Inteligencia Artificial y salud

La salud de cada persona depende tanto del cuidado individual como de las políticas y acciones públicas; es, en esencia, una responsabilidad compartida. Las decisiones en materia de salud exigen una autoobservación atenta de los signos y síntomas que pueden alertar sobre la presencia de una enfermedad o trastorno. Esta observación personal debe complementarse con la verificación médica que confirme si realmente existe un padecimiento. Hay, desde luego, situaciones evidentes —como una fractura o la presencia de fiebre muy elevada— que requieren atención inmediata. Sin embargo, una de las cuestiones más complejas es determinar el momento adecuado para acudir al médico.

Ante un resfriado, por ejemplo, solemos valorar si es suficiente aplicar cuidados caseros o si conviene buscar atención profesional. Esta decisión depende de diversos factores, entre ellos la educación en salud del paciente. Algunas personas están mejor informadas que otras. En este sentido, las campañas de prevención cumplen una función clave al difundir información sobre enfermedades, signos y síntomas, de modo que las personas sepan cuándo deben solicitar ayuda médica sin demora.

Existen también múltiples fuentes de información en salud: noticieros de televisión, folletos informativos y artículos de divulgación en revistas. Más recientemente, el internet se ha convertido en un recurso habitual y, dentro de él, la Inteligencia Artificial (IA). Se realizó recientemente una encuesta a 2000 personas mayores de 18 años, adultos o cuidadores:

La investigación realizada por segundo año por la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud) también encontró que 40 por ciento de las personas usan Internet para temas de salud de manera frecuente, desde una vez a la semana (7 por ciento), varias veces (23 por ciento), a todos los días (10 por ciento). Los entrevistados señalaron que los primeros sitios a los que recurren son los buscadores, seguidos de los especializados en información de salud y luego las plataformas de IA. Después del ChatGPT, la segunda plataforma más mencionada es Gemini (46 por ciento); y le siguen Meta AI (31 por ciento) y Copilot (20 por ciento). A pesar del incremento en el uso de la IA, 84 por ciento de los encuestados creen que si bien esta herramienta ayuda, tiene dudas sobre su alcance o limitaciones (Cruz, A. 13 de noviembre de 2025: s.p.).

No cabe duda de que el uso de la IA puede ofrecer ciertas ventajas, como ayudar a identificar posibles signos de alerta ante malestares inespecíficos. En algunos casos, esta orientación inicial podría favorecer la detección temprana de enfermedades graves. No obstante, para que la IA resulte verdaderamente útil, debe conjugarse con el diagnóstico médico. Si una persona sospecha de algún problema, es indispensable acudir al profesional de la salud y explicarle con detalle los síntomas, incluso aquellos que haya consultado previamente en la IA. En dolencias menores, esta herramienta puede ofrecer consejos prácticos; sin embargo, siempre existe el riesgo de recibir información inexacta o incompleta.

Una característica del internet y de la IA es su amplia libertad de contenidos. En principio, estos no suelen estar sujetos a censura previa, lo que implica riesgos reales cuando se consulta una fuente errónea. Un ejemplo célebre es el caso de la desinformación en torno a las vacunas. No obstante, también existen sitios serios y confiables, como MedlinePlus, que ofrecen información médica rigurosa y adaptada a los pacientes.

Desde el punto de vista bioético, surge un interrogante fundamental: ¿cómo equilibrar el uso de la IA con la relación médico-paciente? ¿De qué manera puede aprovecharse esta herramienta como parte del cuidado de la salud sin sustituir el vínculo personal y profesional que caracteriza a la práctica médica? La respuesta no es sencilla. Así como el internet puede constituir una fuente razonable de consulta, la IA, bien configurada y alimentada con datos y algoritmos adecuados, puede potenciar y fortalecer la relación médico-paciente si se utiliza para orientar y alertar a los pacientes. La clave está en mantener siempre el principio de que no debe reemplazar al médico. En este sentido, puede convertirse en un valioso refuerzo del autocuidado en salud.

Referencias

Cruz, A. (13 de noviembre de 2025: s.p.). La IA, tercera fuente de información de salud en México. La Jornada, México. Disponible en: https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/11/13/ciencias/la-ia-tercera-fuente-de-informacion-de-salud-en-mexico

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Jose Enrique Gomez Alvarez
Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra. Maestro en Gerontología Social por la UNINI. Maestría y licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana. Ha sido profesor e investigador en áreas de ética aplicada. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), la Universidad Panamericana y la Universidad Anáhuac. Ha publicado en revistas especializadas temas de Bioética, sobre todo desde la óptica de la argumentación. De sus publicaciones recientes se encuentran: En coautoría con Domingo López Rodríguez. El principio del doble efecto: análisis y aplicaciones. Aliosventos editores (Biblioteca de filosofía nº 2), México, 2019; “La enfermería como apertura a la interdisciplina”. Revista Latinoamericana de Bioética, 2018. “Bien, Mal y verdad ¡Eso es del siglo XVII!” en: Bioética Aporte para un debate necesario. México, 2018.; Nutrition problems specific to the adult Mexican population: the healthy eating plate as an intervention in the diets of older adults in Mexico, with an example. MOJ Gerontollogy, 2018; “Laicidad del Estado ¿Qué significa? Laicidad y laicismo”. En: Bioética Aporte para un debate necesario. México, 2018. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel I). Actualmente realiza investigaciones sobre la Bioética y la Gerontología.
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