FRAUDE A LA LEY MÁXIMA POR TESTAFERRO ¿CORRUPCIÓN O COLABORACIÓN?

En fecha 11 de marzo de este 2021, se promulgó el Decreto por el cual el Poder Constituyente conformado por las dos terceras partes del Congreso de la Unión y por la mayoría de las legislaturas de...

26 de julio, 2021

En fecha 11 de marzo de este 2021, se promulgó el Decreto por el cual el Poder Constituyente conformado por las dos terceras partes del Congreso de la Unión y por la mayoría de las legislaturas de los estados, reformaron diversas disposiciones constitucionales relativas al funcionamiento del Poder Judicial de la Federación, reformó propuesta, sin facultades, por la Suprema Corte de Justicia de la Nación; sin embargo, ninguna reforma a nuestra Carta Magna, puede ser motivo de revisión judicial de ninguna especie, toda vez que los artículos constitucionales no pueden ser controvertidos judicialmente.

Esa propuesta de reforma constitucional, fue acompañada por un paquete de iniciativas de reformas y creación de leyes, a la que, junto con la constitucional, se le conoce hoy como la “Ley Zaldívar”, presentada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sin permiso de nuestra Constitución, la cual fue corrompida cínicamente en una jugarreta maquillada y perpetrada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, el ministro Arturo Fernando Zaldívar Lelo de la Rea y los legisladores que la aprobaron.

Tal cual, el paquete de leyes y reformas elaborado y presentado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de su ministro presidente, comprendía reformas a la Ley de Amparo, a la Ley Reglamentaria de las fracciones I y II del artículo 105 de la Constitución y al Código Federal de Procedimientos Civiles, además de la creación de una nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, así como la Ley de Carrera Judicial del Poder Judicial de la Federación, entre otras.

Recordemos que el ministro Zaldívar le entregó al presidente López, durante la mañanera del 12 de febrero de 2020, su paquete de reformas, para que públicamente las recibiera y las presentara como iniciativa del Ejecutivo. Basta un simple análisis de lo que había sucedido: la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que no tiene facultad de proponer creación de leyes o reformas a las existentes, es decir, facultad de iniciativa, había violado (delante de todo el pueblo por televisión) ese impedimento legal, pues las autoridades solo pueden hacer lo que les está permitido, y la Corte no tiene esa facultad para iniciar o reformar leyes.

No obstante, López Obrador, disfrazando el fraude a nuestra Máxima Ley, expuso: 

“Se está haciendo un esfuerzo extraordinario para que las instituciones estén plenamente al servicio del pueblo, de la sociedad. Son tiempos de cambio verdadero. Estamos trabajando de manera coordinada, respetando la independencia, la autonomía de los poderes.

“Ahora se cumple lo que está establecido en la Constitución. Hay división, hay equilibrio entre los poderes pero también, en esa independencia, en ese respeto a la autonomía de los poderes hay cooperación para poner siempre por delante el interés nacional y defender el interés de nuestro pueblo con estricto apego al mandato constitucional”. cooperación para poner siempre por delante el interés nacional y defender 

Bonitas palabras, pero falsas. No se está cumpliendo con el mandato constitucional: se está maquillando el fraude a la Carta Magna a través de un testaferro, se le llamó “coordinación entre poderes”, pero tal coordinación, en tratándose de iniciativas de ley, no es legalmente posible, pues cada quién tiene sus facultades, atribuciones y competencias, por lo que, en el caso, es evidente que se corrompió la Constitución por los tres Poderes de la Unión, con la gravedad de que, opino, no habrá quién lo pueda declarar así, al ser cómplice y orquestador el supuesto órgano de control constitucional: la Suprema Corte de Justicia de la Nación. 

La razón de esta carencia de facultad de iniciativa de ley, es simple: si la Corte pudiera proponer leyes o reformas, no habría juez federal, menos magistrados ni ministros que la declararan inconstitucional, los dos primeros por temor y los últimos por ser los creadores de la norma. 

A lo largo de la historia se ha puesto a consideración el dotar al Máximo Tribunal con el derecho de iniciativa en lo que corresponde a su administración, lo que solo le fue permitido en las Bases Orgánicas de 1843, pero en las constituciones de 1857 y la vigente de 1917 se optó por dejar a la SCJN sin esa facultad. Y en la última reforma constitucional relativa al Poder Judicial de la Federación, ni siquiera se propuso, ¿para qué?, si ya se había acordado el caminito.

Podríamos pensar que nuestro Máximo Tribunal sí debería tener esa facultad, pero por ahora no la tiene, y nunca la ha tenido, para reformar leyes como la de Amparo o el Código Federal de Procedimientos Civiles, ni para crear nuevas como las propuestas; sin embargo, sostengo que el Ministro Zaldívar presentó su iniciativa y que el Presidente de México recibió, prestando su nombre, identidad y por ende su “representación constitucional” firmándola para que posteriormente y sin cambio alguno el propio Arturo Zaldívar entregara las iniciativas al Senado de la República.

Por cierto, Zaldívar fue a Palacio a la firma del Ejecutivo y los Senadores fueron a las instalaciones del Poder Judicial a recibirlas, es decir, mucha armonía, hoy en tu casa, mañana en la mía y así, todos en un acto que López Obrador expuso como de “coordinación y plena autonomía de los poderes”, vaya, qué bonita familia, violentando la Constitución.

Así las cosas, una de esas iniciativas fue la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación y la nueva ley de la Carrera Judicial, que tiene varias disposiciones violatorias de nuestra Constitución y de los tratados y convenios internacionales que obligan a nuestro país, ante lo cual, la Escuela Libre de Derecho legítimamente, a través de su Rector Ricardo Antonio Silva Díaz, con valentía, comprometida con el Estado de Derecho, promovió demanda de amparo indirecto reclamado la inconstitucionalidad de varias disposiciones de las dos leyes aquí citadas. En la demanda de amparo se argumentaron consideraciones jurídicas profundas, precisas y plenamente fundamentadas, que demuestran que las leyes, materia del reclamo, violentan la autonomía e independencia judicial afectando la inamovilidad y permanencia de los jueces y magistrados, derechos protegidos en la Carta Magna que da soporte a la imparcialidad jurisdiccional, derecho fundamental y garantía para los gobernados. 

Desafortunadamente, pienso, y en esta ocasión espero estar equivocado, se necesitaría mucha Corte para que se declarara la inconstitucionalidad de disposiciones creadas por la ilegal iniciativa de la misma SCJN, en un procedimiento que López Obrador llamó de “coordinación y cooperación”, en un acto maquillado que en mi opinión fue para darle la vuelta a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en un evidente fraude a la ley a través de un testaferro y cómplices que avalaron, cobijaron y aprobaron dicha iniciativa.

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la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización para que quepamos todos en aceptable armonía?    La semana anterior decíamos que una creencia es el relato o explicación de un hecho, una idea, una circunstancia que se convierte en un referente para nuestra estructura de pensamiento y opera como organizador de nuestra percepción en aras de darle coherencia, solidez y sentido a nuestra experiencia de estar vivos. De manera coloquial podría decirse que una creencia es la certidumbre irreflexiva que sentimos acerca de algo, aquello que “sabemos”, pero que no sabemos qué sabemos, ni mucho menos cómo lo aprendimos.  ¿Cómo distinguir creencia de conocimiento, creencia de verdad? En contraste con la creencia, un conocimiento, además de acotar con claridad el objeto de análisis y las circunstancias específicas en que tiene lugar –es decir, no es producto de una generalización automática–, puede ser sujeto a una comprobación empírica que se reproduce de forma idéntica siempre que las condiciones originales se repliquen.  Pensemos en un ejemplo: el conocimiento del que disponemos coincide en que la inmensa diversidad de especies que habitan el planeta son producto de un proceso de evolución. Abundan todo tipo de estudios que confirman que los especímenes más aptos de una especie sobreviven, mientras que los menos aptos perecen, en especial cuando hay cambios mayores en las condiciones del ecosistema. Hasta aquí el conocimiento. Y a partir de él hay una vertiente de pensadores que “cree” que sobrevive el más fuerte y otra vertiente que “cree” que sobrevive el que mejor se adapta y el que mejor coopera. La diferencia parece menor, pero si llevamos estas posibilidades a la evolución humana, tendremos dos mundos muy distintos. Si pensamos que sólo sobrevive el más fuerte, el que más recursos acapara, el que se impone sobre los demás, las cosas serán de una manera muy distinta a que si estamos convencidos de que la adaptación y la cooperación son la llave para evolucionar. Se trata de dos sistemas de creencias que, si bien parten del mismo cuerpo de conocimiento, se manifestarán con distintas éticas, distintos modos de entender la economía, el Estado, la relación comunitaria, etcétera, y promoverán conductas muy distintas entre los individuos.  El cambio climático es un desafío global inminente que pone en riesgo la viabilidad del ser humano como especie. Si queremos sobrevivir habrá que tomar medidas concretas y de carácter general. Si el camino para hacerlo es que las naciones más poderosas impongan criterios y a partir de su fuerza –y toda suerte de sanciones económicas, políticas y militares– busquen someter al resto exigiendo cambios desproporcionados, dará un resultado muy diferente que si cada nación adopta compromisos de cooperación y mejora según sus posibilidades y condiciones concretas. En este caso, las naciones más poderosas tendrían que adaptarse, adquirir compromisos mayores y cooperar más. Aún cuando librásemos el problema climático, el resultado serían dos mundos muy distintos. Es así que las creencias, de forma subrepticia, se manifiestan y moldean la realidad concreta.          Los seres humanos, tanto en lo individual como en lo colectivo construimos, mediante el lenguaje, infinidad de relatos, historias, narraciones que plasman nuestra manera de entender el mundo y la existencia.  De ningún modo se trata de algo inédito o novedoso. Pensemos como ejemplo en la obra de tres autores, entre la infinidad que podrían ser citados, cuyas creencias convertidas en relato acabaron por cambiarle la faz al mundo, cada uno a su modo: Karl Marx, Sigmund Freud y Aristóteles.    Esas narraciones no llegan de la nada, sino que emergen de una combinación de los contextos en que estamos inmersos y la interpretación particular –a partir de nuestras vivencias, conocimientos, referencias, etc.– que hacemos de ese mundo al que pertenecemos y que nos moldea.  En esa interacción con la existencia, con nuestra gente querida, con las experiencias que tenemos día con día, con aquello que leemos, vemos en la televisión, el cine, los diarios… nos “enseña” en qué creer, que dar por verdadero, que suponer incuestionable.  Las creencias nos habilitan o deshabilitan para hacer o no ciertas cosas. Por eso, para que, por ejemplo, pueda haber un sistema de cooperación entre naciones, primero necesitamos creer, mediante un relato que lo confirme, que es posible, porque de lo contrario no lo será. Y para que esto suceda es indispensable construir conscientemente narrativas que lo retraten, que lo imaginen posible, que especulen sobre lo que resultaría de una realidad así.  No necesitamos creer que el sol habrá de salir cada mañana, porque éste es un hecho probado científica y empíricamente, pero sí necesitamos creer que ciertas habilidades están en nuestra “caja de herramientas” individual y colectivamente para que podamos echar mano de ellas cuando el desarrollo humano lo requiera. Desarrollar creencias a la medida de nuestras necesidades y posibilidades no es un acto de magia, sino una acción consciente y racional que nos pondría en camino en un cierto objetivo deseable. Si dentro de un programa computacional no están consideradas ciertas acciones, la computadora no podrá ejecutarlas. El programa (software) es la “narrativa” del hardware y lo posibilita para llevar a cabo acciones muy concretas. Con los humanos sucede lo mismo, si dentro de nuestro programa existencial está grabado a fuego que “la gente no es digna de confianza”, cuando llevemos a cabo acciones, cuando iniciemos interacciones con los demás, la confianza en el otro no será una herramienta que podamos usar.  Para cambiar al mundo se necesitan relatos “creíbles” que den marco a lo que deseamos que suceda. Sin las narrativas conscientes esto no será posible. Muchas de las cosas que resultaban inimaginables o imposibles, como, por ejemplo, detener la economía, la Era covid nos ha demostrado que no lo eran tanto. Como ésta hay muchas más cosas –reducir la emisión de gases contaminantes o la violencia por cuestiones de género– que sí son posibles si nos lo proponemos de manera consciente y tomamos acciones en esa dirección. Pero sin pensarlo y sin creerlo, será prácticamente imposible que suceda.  Muchas de las narrativas deseables son rechazadas de antemano por considerarlas ingenuas. Pero es posible hacer un bypass al prejuicio de la “ingenuidad”, asumiéndola como una condición habilitante, como un acto de protesta contra la autolimitación, como una manera de abrirse a lo posible, aun cuando en principio parezca absurdo e inalcanzable. En vez de interpretar esa “ingenuidad” como candidez, inocencia o tontería, la propuesta es entenderla deliberadamente como una demoledora de muros, como una disipadora de brumas que nos impiden ver más allá y abren ante nosotros panoramas extensos y nuevos. En su libro Ingenuidad aprendida1, el filósofo español Javier Gomá Lanzón rescata ésta, la ingenuidad, como una actitud susceptible de ser asumida de forma consciente y que lejos de convertirse en contratiempo, resulta en una herramienta invaluable para forzar las fronteras de lo que nuestros prejuicios consideran imposible.  Mi propósito consiste en aventurar la invitación a que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino, más allá de su practicidad o realismo, las narrativas necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. 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Efectivamente nos han enseñado a los estudiantes y estudiosos del Derecho que el  Estado de Derecho es  aquel en donde rige el PRINCIPIO DE LEGALIDAD, en otras palabras hay IMPERIO DE LA LEY. Un pilar muy importante del mismo es la existencia de un PODER judicial independiente de los otros dos poderes (Legislativo, que legisla, Ejecutivo que administra y gobierna). En definitiva un Poder Público cuyo papel es juzgar y ejecutar lo juzgado, DECIR DERECHO (en latín JURIS DICTIO). No tendría sentido la mera proclamación de derechos y la promulgación de normas jurídicas  sin coerción y sin la existencia de ese Poder que juris dictio, que hace cumplirlas, que interpreta su sentido en última instancia, que hace justicia en una palabra. Siempre nos han representado la justicia como una balanza presidida por una mujer con una venda en los ojos, como alguien que dicta jurisdictio sin ver, es decir, plena igualdad de los justiciables, sin importar su poder económico, político, etc. TODOS LOS CIUDADANOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY, sin distinción alguna. En materia penal, los ciudadanos renunciamos a la justicia privada,  por mor del contrato social, y le otorgamos al Estado el Derecho penal subjetivo, el IUS PUNIENDI, como ente superior que protege en primer lugar a la sociedad y en segundo al individuo como miembro integrante de  la misma. En cada país difiere la organización de ese poder judicial, difieren las penas previstas en sus códigos penales, y en su sistema acusatorio, y de los bienes jurídicos a proteger. Pero no estamos muy errados al decir que todos los países tienen casi idénticos bienes jurídicos a proteger, sistemas judiciales parecidos y sistemas acusatorios aunque diversos, convergentes en sus fines y medios. En nuestro querido México, es duro decirlo, NO FUNCIONA EL APARATO PENAL. Es  ABSOLUTAMENTE INEFICIENTE el sistema acusatorio liderado por las Fiscalías,  y en pocas palabras, no hay TUTELA EFECTIVA NI ACCESO A UNA JUSTICIA, quedando la ciudadanía y las víctimas totalmente insatisfechas y desprotegidas e indefensas. Comenzando con un sistema acusatorio donde a fuerzas debe liderarlo un MP poco preparado, sin medios, atascado de asuntos (de alto impacto y de bajo impacto), a menudo corrupto o poco profesional. Es incomprensible cómo la víctima no pueda constituirse en parte procesal, y pueda sostener una acusación si no lo hace el MP. Además, no hay contradictoriedad en los actos procesales, no hay impulso, muchas veces, sin dinero de por medio, y sobre todo, que la fase de investigación inicial se eterniza, cuando no se agota, y hay un absoluto desprecio a la víctima que queda en total INDEFENSIÓN la mayor de las veces. No hay principio de doble instancia, están siempre queriendo sorprenderte, notificando al descuido, para que precluyan los plazos, con prácticas judiciales viciadas y viciosas. Se echa en falta el liderazgo del juez de control pero que sea profesional e íntegro que haga actos de investigación o pesquisas que jamás puede hacer el MP solo. El órgano judicial en materia penal debe buscar la VERDAD MATERIAL, no una  mera VERDAD FORMAL  y sobre todo cuando estén involucrados niños(as) y adolescentes, interpretar las normas a la luz del principio de  INTERÉS SUPERIOR DE LA NIÑEZ, principio de rango constitucional y multideclarado por los convenios y tratados internacionales  de los que México es parte y que se ha positivizado recientemente en la Ley General de los Derechos de niños, niñas y adolescentes (LGDNNA art..106). Hemos conocido el escándalo sucedido  en la escuela internacional LICEO FRANCO MEXICANO AC , con sede en Polanco, donde un niño (DLLDB) tuvo un gravísimo percance en el gimnasio de la escuela, jugaba sin supervisión alguna en una zona abierta al acceso de niños menores de 12 años durante el recreo , y donde el niño jugando cayó de una altura de 2.5 metros fracturándose ambas manos , con fracturas expuestas , y que fue ̈atendido ̈ en el Consultorio de la escuela donde le retuvieron 3 horas en una camilla con un caramelo sabor a limón, hasta que fue derivado al Hospital español distante unas cuadras.(ahí fue intervenido quirúrgicamente de urgencia)  Presentaba las manos en  escalera, hasta un boy scout se hubiera percatado de la gravedad de las fracturas. La tortura fue horrible. Por increíble que parezca, la carpeta de investigación  núm. CI-FMH/MH-4/UI-2 S/D/00503/02-2018 lleva más de tres años y apenas se le ha examinado al niño las manos por un médico forense, no se ha practicado reconstrucción judicial alguna de los hechos, ni ha habido prueba de careo alguno (contradicción en las declaraciones de víctima y denunciado). La escuela Liceo Francés ha impedido la entrada a la policía ministerial, no se han confiscado las cintas de video… en fin, un despapaye de carpeta, así jamás de los jamases  se le podría fincar responsabilidades a ningún agente de delito. Además, la defensa jurídica de la escuela usa todo tipo de argucias y artimañas  para dilatar la carpeta, para incidentarla mediante amparos indirectos infundados, retrasos de todo tipo .y otras prácticas que se están investigando por si pudieran ser constitutivas de delito, aunque claro tampoco aquí se espera una acción eficiente del MP.  A este paso se destruirán pruebas, se concertaran declaraciones hasta se podrían sustraer a la acción de la justicia. Uno de los delitos de negación del servicio médico (art. 324 CPCMX) tiene aparejada hasta 36 años de prisión para la ̈doctora ̈ del consultorio. ES UNA VERGÜENZA QUE NO HAYA JUSTICIA PARA ESTE NIÑO A QUIEN SE LE HAN ROTO NO SOLO LAS MANOS, SINO LA VIDA ¿NO SE SUPONE QUE EN LA FASE DE INVESTIGACIÓN INICIAL BASTA CON ACREDITAR INDICIARIAMENTE LOS HECHOS Y LOS PRESUNTOS AUTORES? ¿POR QUÉ NO SE JUDICIALIZA LA CARPETA??  Que no vengan con la monserga de que no hay computadoras, no hay personal, etc. Hace 28 años no había informática y los países aplicaban la justicia penal con certeza y contundencia… Un 98% de impunidad en México me parece poco para lo que funciona esta Fiscalía de investigación, totalmente inoperante, deficiente e inepta .Tampoco se salvan los jueces de control que deberían tener más capacitación (un  juez de control de CDMX no sabía lo que era la COPRED en otra carpeta por delito de discriminación del art 206 CPCDMX, relacionada con este mismo asunto). Asi una larga lista de despropósitos  que llevan a que  quien tiene dinero y contactos salga airoso de este caos de Justicia. Pobres niños mexicanos, no saben lo desamparados que están. Un país que no protege a sus niños es un país condenado al ostracismo y al más absoluto de los fracasos. Hago un llamamiento a las Autoridades mexicanas para que hagan algo por este niño mexicano, hagan justicia y se lo pido por el bien de todos los niños mexicanos, no solo por DLLDB, mi hijo mayor. Si estás de acuerdo, firma, por favor,  en la presente liga, dando click al recuadro color rojo de abajo: http://chng.it/JNB2jrbv   [email protected]  " ["post_title"]=> string(35) "ESTADO DE DERECHO, ESTADO DE REVÉS" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(33) "estado-de-derecho-estado-de-reves" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-07 11:07:02" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-07 16:07:02" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70174" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18588 (24) { ["ID"]=> int(70827) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-24 10:25:52" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-24 15:25:52" ["post_content"]=> string(11125) "Diseñemos nuevas utopías que respondan a la pregunta: ¿cómo tiene que ser el mundo y la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización para que quepamos todos en aceptable armonía?    La semana anterior decíamos que una creencia es el relato o explicación de un hecho, una idea, una circunstancia que se convierte en un referente para nuestra estructura de pensamiento y opera como organizador de nuestra percepción en aras de darle coherencia, solidez y sentido a nuestra experiencia de estar vivos. De manera coloquial podría decirse que una creencia es la certidumbre irreflexiva que sentimos acerca de algo, aquello que “sabemos”, pero que no sabemos qué sabemos, ni mucho menos cómo lo aprendimos.  ¿Cómo distinguir creencia de conocimiento, creencia de verdad? En contraste con la creencia, un conocimiento, además de acotar con claridad el objeto de análisis y las circunstancias específicas en que tiene lugar –es decir, no es producto de una generalización automática–, puede ser sujeto a una comprobación empírica que se reproduce de forma idéntica siempre que las condiciones originales se repliquen.  Pensemos en un ejemplo: el conocimiento del que disponemos coincide en que la inmensa diversidad de especies que habitan el planeta son producto de un proceso de evolución. Abundan todo tipo de estudios que confirman que los especímenes más aptos de una especie sobreviven, mientras que los menos aptos perecen, en especial cuando hay cambios mayores en las condiciones del ecosistema. Hasta aquí el conocimiento. Y a partir de él hay una vertiente de pensadores que “cree” que sobrevive el más fuerte y otra vertiente que “cree” que sobrevive el que mejor se adapta y el que mejor coopera. La diferencia parece menor, pero si llevamos estas posibilidades a la evolución humana, tendremos dos mundos muy distintos. Si pensamos que sólo sobrevive el más fuerte, el que más recursos acapara, el que se impone sobre los demás, las cosas serán de una manera muy distinta a que si estamos convencidos de que la adaptación y la cooperación son la llave para evolucionar. Se trata de dos sistemas de creencias que, si bien parten del mismo cuerpo de conocimiento, se manifestarán con distintas éticas, distintos modos de entender la economía, el Estado, la relación comunitaria, etcétera, y promoverán conductas muy distintas entre los individuos.  El cambio climático es un desafío global inminente que pone en riesgo la viabilidad del ser humano como especie. Si queremos sobrevivir habrá que tomar medidas concretas y de carácter general. Si el camino para hacerlo es que las naciones más poderosas impongan criterios y a partir de su fuerza –y toda suerte de sanciones económicas, políticas y militares– busquen someter al resto exigiendo cambios desproporcionados, dará un resultado muy diferente que si cada nación adopta compromisos de cooperación y mejora según sus posibilidades y condiciones concretas. En este caso, las naciones más poderosas tendrían que adaptarse, adquirir compromisos mayores y cooperar más. Aún cuando librásemos el problema climático, el resultado serían dos mundos muy distintos. Es así que las creencias, de forma subrepticia, se manifiestan y moldean la realidad concreta.          Los seres humanos, tanto en lo individual como en lo colectivo construimos, mediante el lenguaje, infinidad de relatos, historias, narraciones que plasman nuestra manera de entender el mundo y la existencia.  De ningún modo se trata de algo inédito o novedoso. Pensemos como ejemplo en la obra de tres autores, entre la infinidad que podrían ser citados, cuyas creencias convertidas en relato acabaron por cambiarle la faz al mundo, cada uno a su modo: Karl Marx, Sigmund Freud y Aristóteles.    Esas narraciones no llegan de la nada, sino que emergen de una combinación de los contextos en que estamos inmersos y la interpretación particular –a partir de nuestras vivencias, conocimientos, referencias, etc.– que hacemos de ese mundo al que pertenecemos y que nos moldea.  En esa interacción con la existencia, con nuestra gente querida, con las experiencias que tenemos día con día, con aquello que leemos, vemos en la televisión, el cine, los diarios… nos “enseña” en qué creer, que dar por verdadero, que suponer incuestionable.  Las creencias nos habilitan o deshabilitan para hacer o no ciertas cosas. Por eso, para que, por ejemplo, pueda haber un sistema de cooperación entre naciones, primero necesitamos creer, mediante un relato que lo confirme, que es posible, porque de lo contrario no lo será. Y para que esto suceda es indispensable construir conscientemente narrativas que lo retraten, que lo imaginen posible, que especulen sobre lo que resultaría de una realidad así.  No necesitamos creer que el sol habrá de salir cada mañana, porque éste es un hecho probado científica y empíricamente, pero sí necesitamos creer que ciertas habilidades están en nuestra “caja de herramientas” individual y colectivamente para que podamos echar mano de ellas cuando el desarrollo humano lo requiera. Desarrollar creencias a la medida de nuestras necesidades y posibilidades no es un acto de magia, sino una acción consciente y racional que nos pondría en camino en un cierto objetivo deseable. Si dentro de un programa computacional no están consideradas ciertas acciones, la computadora no podrá ejecutarlas. El programa (software) es la “narrativa” del hardware y lo posibilita para llevar a cabo acciones muy concretas. Con los humanos sucede lo mismo, si dentro de nuestro programa existencial está grabado a fuego que “la gente no es digna de confianza”, cuando llevemos a cabo acciones, cuando iniciemos interacciones con los demás, la confianza en el otro no será una herramienta que podamos usar.  Para cambiar al mundo se necesitan relatos “creíbles” que den marco a lo que deseamos que suceda. Sin las narrativas conscientes esto no será posible. Muchas de las cosas que resultaban inimaginables o imposibles, como, por ejemplo, detener la economía, la Era covid nos ha demostrado que no lo eran tanto. Como ésta hay muchas más cosas –reducir la emisión de gases contaminantes o la violencia por cuestiones de género– que sí son posibles si nos lo proponemos de manera consciente y tomamos acciones en esa dirección. Pero sin pensarlo y sin creerlo, será prácticamente imposible que suceda.  Muchas de las narrativas deseables son rechazadas de antemano por considerarlas ingenuas. Pero es posible hacer un bypass al prejuicio de la “ingenuidad”, asumiéndola como una condición habilitante, como un acto de protesta contra la autolimitación, como una manera de abrirse a lo posible, aun cuando en principio parezca absurdo e inalcanzable. En vez de interpretar esa “ingenuidad” como candidez, inocencia o tontería, la propuesta es entenderla deliberadamente como una demoledora de muros, como una disipadora de brumas que nos impiden ver más allá y abren ante nosotros panoramas extensos y nuevos. En su libro Ingenuidad aprendida1, el filósofo español Javier Gomá Lanzón rescata ésta, la ingenuidad, como una actitud susceptible de ser asumida de forma consciente y que lejos de convertirse en contratiempo, resulta en una herramienta invaluable para forzar las fronteras de lo que nuestros prejuicios consideran imposible.  Mi propósito consiste en aventurar la invitación a que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino, más allá de su practicidad o realismo, las narrativas necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. Se trata de diseñar nuevas utopías que respondan a la pregunta: ¿cómo tiene que ser el mundo y la interacción entre humanos para que nos guste la idea de vivir ahí?, ¿cómo tiene que ser una civilización humana para que quepamos todos en aceptable armonía?  Esas son las narrativas que tenemos que construir, aquellas que nos pongan en camino del sitio al que queremos llegar, pero teniendo como premisa central la autoexigencia de que se trate de un mundo donde quepamos todos, tanto los que comparten nuestras convicciones como los que no.   Puesto que no podemos saberlo todo con certeza, requerimos nuestras convicciones como motor existencial para pasar a la acción. Mediante las creencias decodificamos el mundo; lo hacemos para sobrevivir, interpretamos lo que nos rodea, cada cosa que nos sucede, cada decisión que tomamos, cada persona con la que generamos una interacción y cada trabajo que aceptamos o rechazamos. Por conducto de cada uno de nuestros actos, conductas e intenciones se manifiestan nuestras configuraciones subjetivas en el mundo material.  La misión entonces consiste en creer de forma sistemática, lúcida, abierta, vacía de prejuicios, consciente, intencional e ingenua y traducir esa manera de entender la existencia compartida en relatos que articulen una convivencia constructiva, global, cooperativa y enriquecedora, aun cuando cada narrativa sea construida desde su propio espacio cultural, desde su propia visión, desde su propio lenguaje e identidad particular.  El reto es mayúsculo, pero el tiempo apremia… seamos ingenuos y hagámoslo posible.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir 1 Gomá Lanzón, Javier, Ingenuidad aprendida, Primera Edición, España, Galaxia Gutenberg, 2011, Págs. 174  " ["post_title"]=> string(44) "Construyendo creencias que amplíen el mundo" ["post_excerpt"]=> string(136) "Se trata de que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino las necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(43) "construyendo-creencias-que-amplien-el-mundo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-24 11:29:32" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-24 16:29:32" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70827" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "8acbc66ce08b85e2df258368b67a285a" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
Construyendo creencias que amplíen el mundo

Construyendo creencias que amplíen el mundo

Se trata de que creemos –y creamos– no las narrativas posibles, sino las necesarias para configurar el mundo donde queremos vivir. 

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