El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, propuso que el partido inaugural para el mundial de la categoría “U-15” sea disputado entre las selecciones juveniles de Israel y Palestina. Parece un chiste de mal gusto, tal vez simplemente una incapacidad cognitiva de sentido común, por parte del presidente de la federación internacional de fútbol.
Pero sobre todo esto es un acto de cinismo y “blanqueamiento deportivo”. Hoy en día la FIFA utiliza tecnología de vigilancia en sus eventos, misma que también ha llegado a usar el estado de Israel durante sus operaciones militares en el territorio palestino. En términos de fútbol, la FIFA no es un arbitro neutral. Es uno comprado a intereses económicos. ¿O acaso existe la neutralidad, cuando inventaron un premio de la paz, que fue regalado a Donald Trump?
Un presidente que mantuvo hasta hace unos días una guerra destructiva en Irán, que continuo el legado de muchos antecesores presidenciales de Estados Unidos, sobre financiar y proteger los intereses expansionistas de Israel. No hay en neutralidad en la FIFA, menos cuando el español se buscó “limitar” durante los primeros días de la copa del mundo.
Por decir lo menos, la FIFA no es indiferente al genocidio en Gaza, ni a las políticas de persecución contra migrantes, y tampoco es ajena estar parada del mismo lado en el que se paran todos los supremacistas blancos que presumen de actuar en nombre de dios y la paz en el planeta Tierra. Hoy en día hablamos de capitalismo porque no conocemos otro término, la realidad es que cuando criticamos al capitalismo, es una crítica mal etiquetada en contra de un feudalismo empresarial, con tintes poderosos de segregación étnica y cultural.
Cuando Infantino propone un duelo deportivo y amistoso entre niños de 15 años, de Israel y Palestina. Genuinamente parece un chiste intencional y de pésimo gusto, una falta de respeto a la dignidad de los 70 mil niños palestinos aniquilados mediante bombardeo, tortura y persecución. ¿De verdad existe un espacio de paz? Las mismas alianzas que financian, perpetúan y blanquean el genocidio de la población palestina. Ahora quieren financiar la reconstrucción del territorio, extenderles la mano y armar una falsa narrativa de “paz en el mundo”.
Los corporativos tienen que bajarse de la tarima y dejar de pregonar paz. Al menos hasta que aprendan a sostener su narrativa con actos coherentes que lleven a la mejoría de un proceso, estándar y sobre todo calidad de vida de los ciudadanos de a pie en el mundo.
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