Resulta paradójico que la Ciudad de México se inunde cada año en época de lluvias y, al mismo tiempo, sufra de un problema de escasez de agua que cada día se torna más preocupante. De acuerdo con The Economist Intelligence Unit, nuestro país presentará entre un 40% y un 80% de estrés hídrico para el año 2040.
Pero no hay que irnos tan lejos en el tiempo: la CONAGUA reconoce que ocho de las 13 regiones hidrológicas en las que está dividido el país presentan estrés hídrico. Dos terceras partes de la población mexicana habita en regiones donde hay menos agua y de los 653 acuíferos que hay en el país, 157 presentan una sobreexplotación.
En 14 estados hay problemas en el acceso de la población a servicios de agua y saneamiento y aproximadamente 10 millones de mexicanos no tienen acceso a agua potable.
Según el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, nuestro país requiere una inversión anual de 49 000 millones de pesos durante 20 años consecutivos para poder alcanzar la sostenibilidad y seguridad hídrica.
Si a esto le sumamos que no hay programas eficientes de captación de agua pluvial y que los planes de tratamiento de aguas residuales y potabilización de agua son insuficientes, lo que tenemos en las manos es un gran problema que puede convertirse en el más grave que nuestro país haya enfrentado.
En México hay 979 plantas potabilizadoras, 2642 de tratamiento de agua y 3531 de uso industrial. El tema con esas instalaciones es que la mayoría es de tecnología obsoleta y, además, no obtienen los recursos que se requieren para tratar y potabilizar más agua.
México no ha terminado de adoptar la cultura del reúso y reciclaje de agua, y mucho menos de la creación de espacios como jardines infiltrantes, azoteas verdes y sistemas de captación de agua pluvial. Y mientras no le entremos de lleno a esa cultura, más crecerá la amenaza del estrés hídrico.
El artículo 4º de la Constitución establece que toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible, pero, como en muchos otros casos, la Constitución parece ser letra muerta.
Los políticos siempre buscan realizar obras deslumbrantes, que se vean y que brillen. Pocos son los que piensan en las generaciones futuras.
Dentro de 20 años va a ser muy difícil dar marcha atrás al desabasto de agua gracias a la muy poca inversión de los gobiernos que hemos tenido hasta ahora y a que nadie se preocupa por lo que pasará en dos décadas.
Decía Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.” Desgraciadamente, en México solo hemos tenido políticos.
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