Estado de excepción en El Salvador

A raíz de que se decretó “Estado de Excepción” en El Salvador, el autor se pregunta qué tan válido es este mecanismo político desde un punto de vista ético.

16 de mayo, 2022 Estado de excepción en El Salvador

El estado de excepción es un mecanismo legal que utilizan las autoridades constituidas ante una situación extraordinaria ¿Qué tan lícito es combatir el mal social con medios qué parecen conculcar otros derechos? En El Salvador se ha establecido un estado de excepción para combatir la criminalidad: 

El gobierno de Nayib Bukele solicitó al Congreso el régimen de excepción tras una escalada de asesinatos que se cobró la vida de 87 personas. El órgano Legislativo, de mayoría oficialista, dio el visto bueno y a finales de abril aprobó una extensión por 30 días de las suspensión de garantías constitucionales. Estos poderes especiales dados al Ejecutivo de Bukele suspenden los derechos a organización, reunión, inviolabilidad de la correspondencia y telecomunicaciones, defensa y extiende la detención administrativa hasta un máximo de 15 días (1). 

Lo anterior genera una paradoja. Por un lado, los países democráticos buscan y tutelan una serie de derechos fundamentales. Así, estos países han firmado acuerdos internacionales que buscan garantías fundamentales ciudadanas. Por ejemplo, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se establece en su artículo 12:

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques (2).

La correspondencia es un ejemplo de ámbito privado. No se puede estar revisando cartas de naturaleza privada, ya que atentaría contra ese derecho. Es verdad que hay restricciones en los medios utilizados de envíos que se pueden hacer, pero en principio, el contenido de las comunicaciones privadas, incluidas las vía telefonía o mensajería celular, se consideran protegidos por las leyes en las sociedades democráticas.

Los estados de excepción buscan restablecer el orden y la legalidad, pero a través de un medio cuestionable al limitar derechos fundamentales de los ciudadanos. En los estados de excepción se pueden intervenir comunicaciones, lo que en el estado normal de las cosas sería ilegal. Entre los riesgos del estado de excepción por supuesto está la tentación autoritaria de extender indefinidamente el plazo de las medidas. Asimismo, puede darse la tentación de decretar un estado de excepción por una pérdida de control del Estado el cuál es el responsable, como gravámenes adicionales que generen malestar social y que a su vez provoquen marchas y protestas legítimas. 

Se puede argumentar, conforme el ejemplo anterior, que el estado de excepción es una renuncia a la racionalidad propia del Estado. El Estado debe buscar espacio con reglas de funcionamiento que no se rompan a pesar de las dificultades sociales. Pero el defensor de la medida, como en el caso expuesto del Salvador, puede señalar que la pérdida de vidas humanas es superior a las libertades individuales. Desde esa óptica, hay que defender primero la vida de todos a pesar de los costos. Así el uso de la violencia por parte del Estado ayuda a evitar males mayores. 

No obstante lo anterior el estado de excepción está sujeto a reglas éticas. ¿Cuáles podrían ser esas?

Una de ellas es “consentimiento social”. Buscar mecanismos para que los estados de excepción sean consensuados y no impuestos. Los estados de excepción, de ser posible, pueden y deben establecer mecanismos de control que avalados por una mayoría, en el poder legislativo por ejemplo, sea cercana al 100%. La mayoría simple tiene el riesgo de convertirse en una medida opresiva y autoritaria. 

Otro principio es la reversibilidad. Las medidas de excepción, caso que en El Salvador parecen cumplirse, es que las acciones tomadas sea reversibles en plazos concretos. Sólo son medidas de emergencia que buscan contener una situación que puede salirse de control. Pero lograda la contención, aún a riesgo de que vuelvan a ocurrir, deberá regresarse a la normalidad democrática.

Otro principio es la transparencia: toda medida que busca contener un mal social debe establecer los parámetros de su propia medición. Dicho de otro modo, debe mostrar a la opinión pública, los resultados concretos y la disponibilidad de toda la información de los procedimientos legales realizados. 

La proporcionalidad de las medidas es otro criterio. La misma puede formularse como una pregunta: ¿Es la medida del estado de excepción la única opción disponible ante la situación qué se busca contener? Después de agotadas todas las opciones ordinarias sería entonces la opción que está a la misma medida del problema. Si la respuesta es negativa, no debe intentarse ya que pone en riesgo valores fundamentales como son los derechos humanos. 

En conclusión, los estados de excepción son medidas extremas que en los estados democráticos solo deben permitirse en muy pocas ocasiones y, de preferencia, nunca utilizarse, para evitar así la tentación autoritaria que daña a las sociedades democráticas. 

Referencias

EFE (2022). “Van 26 mil presuntos pandilleros detenidos bajo estado de excepción de Bukele en El Salvador”. Milenio diario. Disponible en: https://www.milenio.com/internacional/latinoamerica/el-salvador-suman-26-mil-pandilleros-detenidos

ONU. (2021). La declaración universal de los derechos humanos. Disponible en: https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights

 

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Ya Voltaire lo había dicho con más elegancia: “lo que llamamos casualidad no es sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. Es decir: la podamos saber o no, todo tiene una causa, por lo tanto, “todo pasa por algo”. Cada acontecimiento que tiene lugar en el mundo material ocurre como consecuencia de una serie concatenada de hechos previos que le dieron lugar, los conozcamos o no.  En realidad lo que este refrán poco razonado quisiera decir, pero no lo dice, es que todo aquello que nos sucede tiene un sentido, un significado y, en última instancia un propósito oculto que está determinado por una inteligencia superior a la nuestra que sabe lo que nos conviene y necesitamos en cada momento de nuestra vida y nos lo suministra de maneras caprichosas para sacudirnos del marasmo en que la cotidianidad nos ha hecho caer. Una vez que el hecho excepcional ocurre, nuestro trabajo consiste en asumir sus consecuencias y explorar nuestra realidad interior profunda con el objetivo de descubrir la connotación verdadera y existencial de eso que nos ocurrió.   Esta manera de entender el devenir tiene hondas implicaciones. De entrada se niega la posibilidad de que los acontecimientos sucedan como consecuencia del azar y se les destierra de la categoría de coincidencia. 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En este caso esos “milagros inesperados”, se interpretan principalmente de dos maneras: se asumen como “pruebas” que nos pone ese ser superior cuando tienen un carácter negativo o se asumen como “señales” cuando nos sirven como orientación respecto al siguiente paso que tenemos que dar en aras de cumplir nuestro destino.   Para quienes son más proclives a suponer que su libre albedrío juega un papel determinante, los “milagros inesperados” no siempre son fáciles de interpretar. Pensemos en algunos ejemplos simples: estás a punto de llamar a alguien por teléfono y de pronto recibes una llamada de esa misma persona. Sin motivo aparente te viene el recuerdo de alguien que nos has visto en años y de pronto te lo encuentras por la calle. Estás pensando en empezar una rutina de ejercicio y de la nada tu vecina y mejor amiga se ha inscrito a un gimnasio cercano y gracias a su recomendación obtienes el cincuenta por ciento de descuento al inscribirte.  De nuevo, retomando lo dicho en el artículo anterior, se trata de casualidades que van más allá de lo casual, de, sin haberlo previsto, estar en el lugar preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. Los ejemplos enunciados podrían no cambiarnos la vida, pero podrían funcionar como puentes para que esto sucediera. Quizá en ese gimnasio conocerás a tu futura jefa o a la pareja de tu vida, quizá la persona que te llamó anticipándose a tus deseos sirve de conexión con alguien que impulsará tu proyecto comercial, quizá a quien te encontraste “casualmente” por la calle termine por darte de los datos del médico que habrá de salvar la vida de tu hijo. Se trata de pequeñas bifurcaciones que, sin haya una causalidad evidente, trastocan el resto del devenir de quien las experimenta. Una vez que un evento de este tipo tiene lugar, la historia de vida se desvía de la trayectoria original, convirtiéndose en algo distinto de lo que fue hasta antes del “pequeño milagro inesperado”. Este tipo de acontecimientos suceden todo el tiempo y estoy tentado a asegurar que a todos nos ha sucedido en alguna ocasión y en algún nivel. ¿Cómo llamarlos? ¿Azar? ¿Simples casualidades? ¿Parte de nuestro destino? ¿Materializaciones de nuestros pensamientos? ¿Alineación cósmica con nuestro propósito subyacente?   Para una serie importante de pensadores, este tipo de eventos se llaman “sincronicidades”.  ¿En qué consiste la sincronicidad? El psicólogo suizo Carl Gustav Jung llama sincronicidad al hecho de que dos sucesos que ocurren de manera simultánea estén relacionados entre sí de una manera no causal y que presenten alguna relación con los pensamientos y emociones de las persona que los experimentan. Mientras pensamos en ese a quien queremos llamar, él lo hace también e incluso se adelante en la acción al marcar nuestro número.  Para Jung, estas coincidencias suceden con más frecuencia o causan un mayor impacto cuando la persona que las experimenta las vive con especial intensidad, debido a procesos de cambio o crecimiento interno. En otras palabras, las sincronicidad consiste en acontecimientos conectados entre sí, pero no a través de la ley causa-efecto, sino a través de una simultaneidad significativa. 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Esta influencia no parece estar disociada de la posibilidad de interpretar y significar esa realidad entretejida e interconectada que pareciera ser la existencia. La humanidad como especie está habilitada para aprender de las señales, los guiños y los desafíos que pone ante nosotros el devenir, aun a pesar de los misterios que entraña.       La intuición ha jugado siempre un papel fundamental en la vida de los seres humanos, y para continuar desarrollándolo en estos tiempos de incertidumbre existencial y cósmica lo primero potencial tanto nuestra capacidad de atención como la de observación. Prestar atención a las sincronicidades que nos resuenen y nos inviten al cambio y la transformación puede convertir nuestra vida en una pieza vital mucho más interesante y llena de oportunidades y creatividad. ¿Cómo empezar a jugar con estos mensajes sutiles y efímeros? Quizá la clave esté en mantener la atención en nuestra propia vida, en nuestro entorno, en nuestro propio devenir cotidiano, de tal manera que seamos capaces de observar lo que nos ocurre con una vocación de sentido y propósito. Es muy probable que si alcanzamos este grado de atención estemos en mejor posibilidad para sacarle provecho a las oportunidades y tomar mejores decisiones en nuestro día a día.   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir  " ["post_title"]=> string(76) "La Sincronicidad como parte de la evolución y de la inteligencia subyacente" ["post_excerpt"]=> string(119) "–“Somos polvo de estrellas reflexionando sobre estrellas”. Carl Sagan (1934-1996), astrónomo estadounidense. 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La Sincronicidad como parte de la evolución y de la inteligencia subyacente

–“Somos polvo de estrellas reflexionando sobre estrellas”. Carl Sagan (1934-1996), astrónomo estadounidense.

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