Allí están siempre, a veces los vemos y a veces no: los niños trabajadores. Vale la pena reflexionar sobre el tema al margen de los días que conmemoran en México a la infancia y posteriormente al trabajo. No me refiero a los niños que ayudan con las labores domésticas en sus casas sino a los que se ven obligados por la precariedad económica de su entorno a salir a la calle para buscar trabajo.
Existen dos tipos de trabajo: el doméstico y el económico. En México, en 2019, según datos del INEGI, 3 269 395 niños de entre 5 y 17 años ya realizaban alguna actividad económica fuera de casa, obviamente con el decremento económico que sufrieron muchas familias por el confinamiento en la pandemia este dato empeoró. En las zonas urbanas los identificamos fácilmente en las esquinas esperando un alto para ofrecer su mercancía, limpiar los parabrisas de los coches, en los mercados ayudando a cargar, incluso en las construcciones.
En el campo es mucho más grave la situación. Se estima que en el mundo trabajan un aproximado de 160 millones de niños de menos de 17 años, de los cuales 112 millones trabajan en el campo. Está por demás decir que el trabajo económico es una violación flagrante a los derechos de los niños que en la mayoría de las situaciones se ven obligados a abandonar sus estudios y a estar expuestos a situaciones artiesgadas. Pasan hambre, peligros, violencia física y sexual; viven en condiciones verdaderamente peligrosas e insalubres. Son muchos y muy diversos los trabajos que ejercen los menores fuera de casa. Esto varía conforme a la zona geográfica. La Organización Internacional de Trabajo (OTI) labora en el proyecto Meta 8.7. Éste planeaba erradicar el trabajo infantil al menos en el campo para el año 2025, lo que evidentemente no sucedió.
Guy Ryder, director general de la OIT, aclara que el trabajo infantil, lejos de ayudar a la economía familiar, favorece que la pobreza se vuelva intergeneracional. Esto es muy fácil de entender, pues se expone a la niñez a condiciones de riesgo que ponen en juego su propicio desarrollo físico y mental, además el trabajo los aleja de la oportunidad de ir a la escuela. Así, las siguientes generaciones transitan por el mismo camino, estancando las posibilidades de una posible superación económica y social.
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