Autor: Francisco Javier Blázquez Ruiz Catedrático de Filosofía del derecho. Bioética e Inteligencia artificial, Universidad Pública de Navarra
Las predicciones electorales no siempre se cumplen. No son oráculos, tal y como acabamos de constatar de nuevo en las elecciones presidenciales en Argentina. El candidato ultraliberal, Javier Milei, que partía como favorito, se ha visto superado por el actual ministro de Economía, Sergio Massa, que promete ahora un Gobierno de unidad nacional. Entre tanto, Patricia Bullrich, representante del partido conservador de Juntos por el Cambio, y defensora del orden y la seguridad ciudadana, ha quedado descartada. No pasará a la segunda vuelta, aunque el valor de sus votos pueda resultar al final relevante.
A lo largo de toda la campaña electoral la situación económica ha sido el tema estrella y recurrente, habida cuenta de que la creciente devaluación del peso respecto del dólar se ve acompañada de una tasa de inflación galopante (140 %), al tiempo que la tasa de pobreza es superior al 40 % de la población y la deuda internacional adquiere dimensiones delirantes.
Sin embargo, a pesar de convivir con una crisis económica lacerante, el peronismo gubernamental, que parecía moribundo, ha mostrado su vitalidad remontando contra pronóstico a la primera posición.
Y esto sucede después de haber sufrido la peor derrota de su historia en las primarias del mes de agosto. No cabe duda de que los psiquiatras y psicoanalistas del país tienen trabajo por delante.
En cierto modo podría decirse que las dinámicas de poder y sus estrategias son tan opacas para los votantes como eficientes para quienes las diseñan y ejecutan. Tal y como afirmaba con insistencia Michel Foucault, “la historia de las luchas por el poder, y en consecuencia, las condiciones reales de su ejercicio y de su sostenimiento, sigue estando casi totalmente oculta. El saber no entra en ello: eso no debe saberse”.
Alianzas electorales
Todavía es pronto para conocer los acuerdos y posibles alianzas que irán trenzándose de cara a la próxima consulta. En principio, ninguna opción puede descartarse. Sergio Massa, abogado de profesión, más que técnico, es un hombre dialogante y muy pragmático, posibilista. Curtido desde hace décadas en la arena política, y consciente de que las ilusiones necesitan aliento y esperanza, defiende que lo peor para el país ha pasado ya.
Ha obtenido el 37 % de los votos, aunque en estas elecciones ha contado con el valioso apoyo del conurbano de Buenos Aires –los distritos que rodean la capital que celebraban elecciones provinciales–, feudo habitualmente peronista.
A partir de su dilatada experiencia política, Massa intentará atraer los votos del resto de partidos, entre otros del sector más moderado de Juntos por el cambio, promoviendo un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, no le va a resultar fácil alcanzar los apoyos necesarios para erigirse en ganador.
Candidato disruptivo
Por su parte, el líder ultraderechista, Javier Milei, ha pasado en dos años de ser un tertuliano polémico, histriónico a veces en programas de televisión con proyectos disolutivos que parecían disparatados, a convertirse en un candidato con posibilidades de erigirse el próximo 19 de noviembre en el presidente de Argentina.
Tal vez, como afirmaba G. Orwell, “la cordura no depende de las estadísticas”. Aunque contaba con viento a favor, según las encuestas, ha cosechado el mismo número de votos que en las primarias de agosto.
Durante toda la campaña electoral, el economista Milei, líder del partido La Libertad Avanza, se ha mostrado capaz de atraer el voto del hartazgo y la desesperación de los ciudadanos. Negacionista del cambio climático y apologista de la dictadura militar, había llegado al Congreso de la mano de la ultraderecha en noviembre de 2021.
Su modelo político y económico, de carácter ultraliberal, gira en torno a la reducción del Estado a su mínima expresión. Defiende que ese es el único camino para recortar el gasto de la política y el déficit fiscal, y se aferra a ese argumento como un náufrago a su tabla de salvación. Para Milei, radical y populista, muy seguido entre los jóvenes a través de las redes sociales, los políticos hacen sus negocios a cuenta del Estado y se dedican a robar al ciudadano a través de los impuestos.
No obstante, a partir de ahora es previsible que ese discurso provocador, y a veces iracundo, del candidato anarcocapitalista, sufrirá una metamorfosis ostensible. Será generoso con sus olvidos y se mostrará integrador tendiendo la mano a sus adversarios. En las próximas semanas asistiremos probablemente a juegos de lenguaje y gestos contorsionistas. También de prestidigitación.
Aunque no sea católico practicante y arremeta en sus mítines contra el papa Francisco, tal vez recuerde, entre otras cosas, que París bien vale una misa. Será el momento de comprobar hasta dónde llegan sus principios y firmes convicciones de las que venía haciendo alarde con vehemencia.
En cualquier caso, es evidente que si no comete errores de calado, Javier Milei cuenta con posibilidades de ganar las elecciones. De momento, resulta difícil imaginar que los votos del partido conservador se decanten por el candidato del partido peronista y del kirchnerismo, su principal antagonista político.
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