El lado oscuro del Día de Muertos

Nuestro Día de Muertos no es una fiesta cristiana ni española. Es una fiesta prehispánica que se escondió detrás de las fiestas cristianas de Todos los Santos y Todas las Almas. El Día de Muertos es una...

1 de noviembre, 2025

Nuestro Día de Muertos no es una fiesta cristiana ni española. Es una fiesta prehispánica que se escondió detrás de las fiestas cristianas de Todos los Santos y Todas las Almas.

El Día de Muertos es una de las celebraciones más importantes para los mexicanos. Causa admiración en todo el mundo y nos llena de orgullo. Desde 2003 la UNESCO la considera Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Pero la celebración de nuestro Día de Muertos tiene un lado muy oscuro.

       Nuestro Día de Muertos es producto del sincretismo entre el mundo prehispánico y la religión católica que trajeron los españoles. La celebración está fincada en la diosa náhuatl Mictecacíhuatl. Esta deidad presidía las festividades de los difuntos y era la esposa de Mictlantecutli. Mictecacíhuatl es representada como una mujer desollada cuyos huesos pueden verse entre sus carnes, con la boca abierta tragando estrellas; él es concebido como un dios esqueleto salpicado de sangre, y lleva un collar formado de globos oculares y aretes hechos de huesos humanos. Aunque su cabeza es un cráneo, tiene ojos inyectados de sangre.

       Una vez que los españoles se impusieron, los ritos de estos dioses de la muerte, que incluían sacrificio humano y probablemente canibalismo, se siguieron celebrando, pero veladamente detrás de dos fiestas cristianas. El resultado es sincretismo puro. Cuando festejamos el Día de Muertos en México, tal vez sin saberlo estamos rememorando a los terribles dioses de la muerte: esa noche, el Mictlán y nuestro mundo se conectan.

       Hay dos ritos náhuatl relacionados con los dioses de la muerte, que casualmente coincidieron con fechas cercanas al 1 y 2 de noviembre. El 1 de noviembre es el día de Todos los Santos y se conmemora a los muertos niños. El 2 de noviembre, día de Todas las Almas, se conmemora a los muertos adultos. Y aquí viene la coincidencia: el rito náhuatl de Miccailhuitontli está dedicado a los muertos niños. Por su parte, el rito náhuatl de Hueymiccaihuitl, el gran rito de los muertos, celebra a los muertos adultos. Son estos ritos, más que la conmemoración cristiana, la base de nuestra celebración de Día de Muertos.

       Los mexicas creían que durante esos ritos los muertos podían volver momentáneamente al mundo de los vivos, y por esta razón hacían ofrenda de comida: se hacía un altar con maíz, tamal y efigies de piedras que representaban a los muertos; había danzas y cantos rituales, se hacía ofrenda de incienso y se colocaban cráneos humanos (tzompantli) que representaban la muerte y generación. El cempaxóchitl tenía una función muy importante, porque servía para guiar a los muertos al mundo de los vivos y de regreso al Mictlán.

       Aunque los ritos de los dioses de la muerte no eran tan brutales como los de Huitzilopochtli, Tláloc o Xipetotec, sí incluían sacrificios humanos con la finalidad de que Mictlantecutli mantuviera el equilibrio cósmico de la vida y la muerte. La sangre y el corazón de los sacrificados servía para alimentar a los dioses de la muerte. Algunos estudiosos señalan que el sacerdote y los nobles comían carne del sacrificado, lo que se conoce como “canibalismo ritual”; no es el sentido del canibalismo común –para saciar el hambre–, sino como parte del rito religioso. Aunque otros estudiosos señalan que el canibalismo solo tenía lugar en los ritos de los dioses de la guerra, la lluvia, el sol, la fertilidad y la renovación agrícola.

       ¿Cómo se transformó el rito náhuatl en nuestro Día de Muertos? Era evidente que los españoles no podrían de un día a otro erradicar los ritos de los náhuatl. Fue un proceso paulatino que duró siglos y lo podemos ver al día de hoy. El Miccailhuitontli (festividad de los niños muertos) se empezó a celebrar a escondidas detrás del 1 de noviembre, día cristiano de Todos los Santos y los niños muertos.

       En paralelo, el Hueymiccaihuitl (gran rito de los muertos adultos) se empezó también veladamente a celebrar detrás del 2 de noviembre, día cristiano de Todas las Almas. Las ofrendas indígenas se mantuvieron casi intactas, salvo los sacrificios humanos, el canibalismo ritual y los cráneos, que los españoles católicos no iban a permitir. Con el tiempo, los cráneos fueron sustituidos por cráneos de azúcar y la diosa Mictecacíhuatl se fue transformando en La Catrina, que ha llegado hasta nosotros en su forma actual vía los grabados de José Guadalupe Posada.

       La conquista española y la imposición del cristianismo fue un proceso lento y tortuoso. Todavía en nuestros días lo seguimos viviendo. La cuota de sangre que exigen los dioses prehispánicos sigue vigente en ritos como el de la santa muerte y el canibalismo ritual que llegan a cometer miembros del crimen organizado. Los indígenas siguieron venerando –y quizá aún hoy lo sigan haciendo– en el Tepeyac a la diosa Tonantzin, pero en la figura de la Virgen de Guadalupe. La santa muerte es, en mi opinión, un sincretismo brutal y horrendo que fusiona a la Virgen cristiana con la diosa Coatlicue –la de la falda de serpientes–, o incluso la misma Mictecacíhuatl.

       Como ve, nuestro Día de Muertos no es una fiesta cristiana ni española. Es una fiesta prehispánica que se escondió –y muy probablemente siga escondida– detrás de las fiestas cristianas de Todos los Santos y Todas las Almas. Así que cuando coma pan de muerto, acuérdese que simula los huesos humanos. Provecho.

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Venus Rey Jr.
Es artista y académico. Nació en 1969. Compone música para orquesta sinfónica. Es escritor y enseña Derecho, Filosofía y Arte en varias universidades. Si en realidad existen los espíritus renacentistas, sin duda Venus Rey Jr. podría ser uno de ellos.
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