El Ingeniero Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” fue el primer gobernador postulado sin partido político o ‘independiente’ (y muy posiblemente el último, dado que desvirtuó por completo dicha opción para los votantes). El Bronco ya goza de los beneficios de prácticamente toda la clase pudiente de este país, con especial énfasis en la política. Una vez que estos distinguidos huéspedes son sujetos a proceso penal, obtienen beneficios que para el resto de los presos resultan simplemente inimaginables. Muy convenientemente se “enferman” para compurgar sus penas en lujosos hospitales.
El pacto de impunidad se extiende a todos los órdenes de gobierno y Poderes de la Unión y se rompe poquísimas veces, la mayoría por desquites personales y también por algo de simulación vil. La alternancia y aún inacabada transición democrática devino en una partidocracia amafiada en donde sus miembros “podrán despedazarse, pero jamás se harán daño” a nivel presidencial. México es una vergüenza a nivel internacional, prácticamente toda Latinoamérica ya nos lleva una ventaja enorme, pues un buen número de expresidentes están en prisión, cosa inimaginable en México.
La asignatura pendiente del primer gobierno de la Cuarta Transformación es el diseño institucional de un sistema que prevenga y castigue la corrupción política, que no se quede en un mero voluntarismo para terminar con dicho flagelo. El Presidente ha hecho esfuerzos por combatirla, pero francamente y a todas luces ha sido insuficiente. El presidente Andrés Manuel ha concentrado sus esfuerzos en reconducir al Estado mexicano a los cauces y principios emanados de la Revolución mexicana, esa es la médula de la transformación y no es poca cosa: el salir del dogma neoliberal, revivir a un Estado mexicano languideciente, nivelando así, en lo posible, lo privado en favor de lo público; combate al entreguismo trasnacional abonando a un nacionalismo lo mínimamente decoroso y detener los avances de intereses foráneos en detrimento de nuestra soberanía; las grandes obras para empezar a revertir el ominoso hecho de tener dos países en uno: el México del norte y el del sur, con sus lastimosas diferencias y desigualdades. Repito, no es, para nada, poca cosa que las energías presidenciales se concentren en eso, pero: ¿el siguiente presidente tendrá una agenda para el combate frontal a la corrupción y a la impunidad? No lo sabemos aún, pero la esperanza nunca se pierde.
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