¿Cuándo se es viejo? La pregunta parece sencilla, pero no lo es tanto. En los extremos de la vida parece fácil determinarlo: un niño pequeño y una persona de 100 años nos parecen claros ejemplos de juventud y de vejez. No obstante, cuando queremos establecer los límites en etapas más tardías o tempranas nos es difícil establecerla. Así la delimitación de cuando entramos en la vejez es relativo. ¿Relativo a qué? puede alguien preguntar. La respuesta es a un conjunto de elementos biológicos (como el decaimiento de ciertas funciones) y criterios culturales. Hace siglos se consideraba la vejez desde los 50 años (o menos), pero hoy en día se suele poner como inicio de la vejez a la jubilación cerca de los 65 años de edad.
El criterio de la jubilación, si se piensa un poco, es al menos sospechosa. Algunas personas se jubilan antes y otras a veces nunca. Además de esto está el significado capitalista del mismo: se es viejo cuando ya no se está en el grupo de las personas productivas. Así se es viejo cuando ya no se genera riqueza. En cambio, se modifica la percepción de la vejez cuando la persona “sigue estando activa”, “es muy trabajadora” y otras que apuntan a que se debe reconsiderar su estatus social de anciano debido a que sigue en el mundo laboral.
Por otra parte, hay que reconocer que hay ciertos indicadores biológicos que apuntan al envejecimiento, como podría ser tener dificultades de movilidad o el tener vista cansada. Pero, de nuevo, nos topamos con la dificultad de que eso puede ocurrir en edades muy dispares. Además, estrictamente el envejecimiento comienza mucho antes de la jubilación. Nuestro cuerpo empieza a envejecer cuando menos desde los 30 años y a casi nadie se le ocurriría decir que se es viejo a esa edad.
Cuando se utiliza la edad para discriminar a las personas se produce el edadismo. Contrario a lo que puede pensarse, no solo aplica a las personas envejecidas, sino también aplica a los jóvenes. El considerar, por ejemplo, que un joven no acceda a un puesto directivo en una empresa debido solo a su juventud, sin considerar sus habilidades es edadismo. No obstante es muy frecuente verlo hacia las personas mayores. Se les niega trabajo “porque ya no son capaces”. Por supuesto esto es verdadero en ciertas profesiones, como podría ser un bombero. No obstante, en otras profesiones la edad no parece un obstáculo. En ese sentido, un contador, por ejemplo, no tendría a priori que perder sus capacidades en una edad avanzada ya que aunque quizás pierda velocidad, no obstante se gana en precisión. De hecho está bien demostrado que se produce un fenómenos de compensación en donde no se pierde calidad en los resultados laborales.
Otro problema con el edadismo es que se le suelen negar atención a la salud solo, de nuevo, por el criterio de la edad: ¿para qué gastar en recursos sanitarios a alguien que ya está “grande”? ¿No es mejor usar los recursos en los más jóvenes que todavía tienen mucho por vivir? Señala la OMS:
El edadismo se filtra en muchas instituciones y sectores de la sociedad, incluidos los que brindan atención sanitaria y social, así como en el lugar de trabajo, los medios de comunicación y el ordenamiento jurídico. El planteamiento sobre cuestiones sanitarias basado únicamente en la edad está bastante extendido. En una revisión sistemática de 2020 se concluía que en el 85% de los 149 estudios revisados, la edad determinaba quién recibía determinados procedimientos o tratamientos médicos (1).
Lo anterior es un ejemplo de que el edadismo puede tener consecuencias graves adicionales al hecho mismo de discriminar en sí mismo. ¿Qué hacer con el edadismo? Pues, por un lado, reconocer que las habilidades y potencialidades humanas están presentes en todas las edades; admitir que no existe una edad específica del declive.
Por otra parte, reconocer que todos somos vulnerables. La vulnerabilidad se da como parte de la naturaleza humana por lo que todos nos debemos atención por esa vulnerabilidad y que por tanto no existe la “edad de la vulnerabilidad” sino que es una condición humana que se presenta a lo largo de toda nuestra vida.
Referencias
. OMS.El edadismo es un problema mundial – Naciones Unidas. Ginebra, 2021. Disponible en:
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