Hablar de este tema, de cuya desatención somos víctimas la mayoría de los habitantes de una gran cantidad de ciudades del país parecería trivial. La verdad es que es un problema de grandes dimensiones que causa enormes costos a los propietarios de vehículos que tenemos el infortunio de caer en un bache. Si algo caracteriza a éstos es su democrática presencia: existen en todas las áreas de las ciudades sin distingos del nivel socioeconómico del barrio o de la colonia.
El asunto no es menor, pone de relieve cómo se ha perdido la gestión del día a día en la vida urbana y esta gestión de carácter colectivo de los temas más básicos como la movilidad, el espacio público, la seguridad ponen de manifiesto lo poco que importa a las autoridades de las ciudades la degradación de la calidad de vida de sus habitantes.
Los gobiernos de las ciudades tienen como misión fundamental y básica el mantenimiento y la conservación de la infraestructura y aquí seamos precisos: la política sale sobrando.
La temporada de lluvias ha terminado. Con ella afloran los baches a los que se agrega una pésima programación de las obras. En calles, algunas recién pavimentadas, se les abren zanjas para meter tomas domiciliarias de agua o conexiones de drenaje que debieran hacerse antes y entonces a los baches se agrega todo tipo de zanjas que tardan semanas en atenderse y cuando esto sucede los trabajos son de pésima calidad.
Todos hemos sufrido en carne propia esta desatención de un tema tan elemental. Las llantas no solo se “ponchan” se rompen y quedan inservibles. La suspensión de los autos suele sufrir daños irreversibles siempre con cargo al dueño del vehículo.
La Ciudad de México es un ejemplo vivo del problema. El gobierno central dice que su responsabilidad son las vías primarias, las alcaldías deberían hacerse cargo de las vías secundarias, pero ambas instancias hacen muy mal su trabajo.
En las alcaldías hay además un ingrediente por demás perverso: pavimentar calles completas (a través de licitaciones o asignaciones directas) es mas “rentable” que traer camiones propios con trabajadores de la demarcación tapando baches, trabajo que por cierto no tiene mayor ciencia.
Bajo ese esquema no se puede argumentar que no hay recursos, los que hay, está claro, se aplican muy mal y con una gestión francamente nula.
No podemos dejar de observar que ya muchos modelos de autos nuevos, sobre todo de origen europeo, ya no traen llantas de refacción. Resulta imposible pensar que donde se diseñan, aunque se produzcan en México, se pueda romper una llanta.
Los gobiernos ojalá dedicaran su esfuerzo a atender lo básico para lo que fueron electos. Reconozcamos que en ese ámbito vamos cada vez peor.
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