De Frente y Claro | La cruda realidad del Presupuesto 2023

Ojalá que el presupuesto que presentó el titular de Hacienda fuese cierto, porque el país y los mexicanos lo necesitamos, pero nos están tratando de engañar nuevamente.

15 de septiembre, 2022

Ante los supuestos económicos que López y su banda creen que sucederán en el 2023, como crecimiento económico, tasas de interés, tipo de cambio, el petróleo, han elaborado el Presupuesto del 2023 para el país, que abarca 8.3 Billones de pesos, esperando también una recaudación histórica, así como un crecimiento de la economía muy alto. 

Desafortunadamente esos supuestos en los que seguramente se basaron para preparar este presupuesto son la parte más débil del mismo, dado que la Secretaría de Hacienda considera que se crecerá al 3% en 2023 y 2.4% en este 2022. Pero, los analistas señalan que será el 1.9% en 2022 y 1.4 %en el 2023, lo cual es más creíble y tira por la borda lo que Hacienda señala, dado que no se ve la posibilidad de llegar a esos porcentajes de crecimiento.

Lo anterior llevará consigo implicaciones, ya que el hecho de que la economía crezca mucho menos de lo que Hacienda establece o espera, dejará de generar la actividad económica que permita recaudar lo que calculan. Y ese es un gran punto débil. 

Por otra parte, la inflación que calcula Hacienda, para finales de este 2022 del 3.2% es totalmente irreal, ya que si ya estamos en 8.9%, ni las estampitas protectoras de López le podrán hacer el milagro de que baje a ese porcentaje.

Y si bien algo favorable es que no se anuncian aumento en los impuestos, ni hay nuevos impuestos, buscando mantener la estabilidad. Pero, por otra parte, tampoco hay estímulos fiscales, ya que la Miscelánea Fiscal no tiene modificación alguna. No hay estímulos fiscales para crecer, lo cual hace que sus cifras tan optimistas en economía, inflación, creación de empleos, de producción petrolera con 1.9 millones de barriles diarios, no será posible lograrlas y sin ello no se crece económicamente.

Es por ello que los analistas financieros al igual que la Coparmex, alertan de que pudiera haber un ajuste en el primer trimestre de 2023, pero el secretario de Hacienda derrochando optimismo no piensa lo mismo y antes al contrario le autoriza mucho más presupuesto a los auto llamados por López “Proyectos Insignia” o Prioritarias, como su Refinería que no refina en Dos Bocas, y el Trenecito Maya, que sigue con uno y mil problemas para que avance su construcción. Sin olvidar que sus costos originales ya han sido superados hasta en más de un 100%. Lo cual preocupa, porque no se destinan los presupuestos que requieren otras áreas prioritarias e importantes como salud y educación, por mencionar algunos.

ENDEUDAMIENTO

A pesar de que López haya prometido y se haya comprometido a que no endeudaría más al país, habrá déficit fiscal, déficit primario, e insisto, aunque López afirmó que no saldrían a colocar deuda, si lo contempla el presupuesto del 2023.

Si bien afirman que no han endeudado más al país, resulta que nuestra economía se reduce y la deuda sigue siendo la misma, pero con una economía más pequeña, y eso hace crecer la deuda. Asimismo, no debemos olvidar el aumento en las tasas de interés, que significa un costo financiero mayor de esa deuda, y para colocarla, resultará mucho más caro. 

López y Hacienda pronostican 49% de deuda PIB. Y aunque no se endeuden respecto a pedir más dinero, como se señala, al no crecer la economía y aumentar las tasas de interés, la deuda aumentará, por no haber Crecimiento Económico. Ahí es donde la Ocurrencia (por no decirlo de otra manera más fuerte y real) de López que a él no le importa el Crecimiento, sino el Bienestar, lo aplasta como una avalancha, mostrando o su falta de conocimientos financieros, o sus mentiras para tratar de engañarnos.

Este presupuesto catalogado como demasiado optimista, más bien está fuera de toda realidad coherente, porque no lo sustentan en proyecciones verdaderas. Sobre todo, recordar que el presupuesto de este 2022 también tuvo expectativas que no se lograron concretar, como en Inflación, Crecimiento, el cual en primer trimestre López afirmaba que creceríamos al 5%, el cual nunca llegó.

Y en esa línea, eso sucederá en el 2023 con este presupuesto, que al igual como señalé cuando escribí sobre su cuarto informe de gobierno, está más lleno de Cuentos que de Cuentas verdaderas. Insistiendo en que sus proyecciones rebasan lo optimista para caer en el terreno de lo incrédulo o falso. 

En verdad, ojalá que lo que presentó el titular de Hacienda, fuese cierto, porque el país y los mexicanos lo ansiamos y necesitamos, pero tristemente nos están tratando de engañar nuevamente, sobre todo cuando además de sus sueños guajiros de crecimiento, vemos en qué gastarán más presupuesto, como el caso de lo que proponen para Seguridad, un 18% más que en el 2022, repartido 17% para el Ejército y 1% para la Secretaría de Seguridad Ciudadana, entendiéndose que casi todo irá para la Sedena, mientras que a la educación y salud les aumentan 4 y 5 por ciento respectivamente. 

Esto del presupuesto para Seguridad preocupa mucho, porque las policías estatales y municipales se quedarán sin fondos para fortalecerse y ser más eficientes, es decir, todo indica que a López no le importaron estas policías. 

Necesario acotar que, respecto al presupuesto del 2022, para el 2023 tendrá 1.3 billones de pesos más, pero se irá para las Ocurrencias y Caprichos de López como sus obras prioritarias y sus programas compra votos, llamados sociales, dejando a un lado las verdaderas prioridades de los mexicanos, que obviamente no le importan en lo más mínimo. Sobre todo, tomando en cuenta que en el 2023 hay elecciones en dos estados, que López quiere que pasen a ser de Morena, el Estado de México y Coahuila. 

¿AUSTERIDAD Y POBREZA FRANCISCANA?

Bajo lo que López no se cansa de pregonar de que en la 4T hay austeridad y pobreza Franciscana, sí lo aplica, pero primero le deja la mayor parte del pastel a sus obras prioritarias, sus programas cacha votos y una parte para el pago de la deuda. Y las migajas las reparte en las demás dependencias de gobierno, que esas sí tendrán presupuestos raquíticos, de verdadera pobreza Franciscana. 

Porque al escuchar o leer que el presupuesto es de 8.3 BILLONES DE PESOS, parece mucho, pero al analizar a dónde va y cuánto le toca a cada dependencia, muchas dependencias y muchas áreas tendrán casi nada de presupuesto. 

Importante es observar qué pasará con los impuestos, porque, aunque no anuncian que aumenten, ni que haya nuevos, sí señalan este rubro como prioritario para contar con más recursos. Cabe recordar que más de la mitad de la economía se encuentra en la informalidad, y por ello todo recaerá en quienes sí están en la formalidad, en los que SÍ PAGAN impuestos, esos contribuyentes cautivos, por lo que habrá con toda seguridad mayor presión, vigilancia por parte del SAT. 

Finalmente, preocupa y mucho lo señalado por López, que disminuirá la exportación de crudo, de 950 millones de barriles diarios a 784 millones, con la clara intención de dejar de vender parte de lo que se produce en el país, para refinarlo. Y con ello ya dejar de ser un país exportador de petróleo crudo y que se concentre para la producción nacional de gasolinas. Meta que promete cumplir antes de que termine su sexenio. Pero, al igual que sus metas para 2023 con su presupuesto, se ve enormemente difícil, por no decir imposible de cumplir, porque la capacidad de refinación en México no da para ello con las refinerías que están en activo y mucho menos lo logrará con su inaugurada refinería que no ha refinado un solo litro de gasolina a ya dos meses de inaugurada. Y lamentablemente seguirán dándoles recursos a CFE y a Pemex, que son como tirar el dinero al sanitario. 

Así la verdadera realidad de lo que nos espera en el 2023, en que habrá los Cuentos de López y no las Cuentas que el país necesita y requiere. Ese es el Cambio prometido por López, Morena y su 4T.

 

Comentarios


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Por eso no es casual que todos estos “productos de sanación” siempre lleven la etiqueta de “ancestrales”, aun sin demostrar con el mínimo rigor de qué tribu, en qué contexto surgió y qué sucedió con ellos ni cómo funciona en la complejidad de nuestro ser –donde cualquier cambio mayor afecta al resto de nuestras configuraciones interiores– ni qué estudios los avalan.  A partir de narrativas simplonas y regresivas, donde los insensibles y estúpidos modernos hemos olvidado quiénes somos, y que sólo a través de retrotraernos al pasado, como si el mero hecho de que algo sea antiguo, eso por sí mismo lo convierta en beneficioso, valioso y digno de rescatarse del pasado, nos dará la oportunidad de redescubrir nuestro auténtico ser y trascender los inconvenientes de una civilización que todo lo destruye.    Es paradójico que tratemos de trascender el pensamiento no llevándolo hasta el límite para superarlo, sino renunciando a cualquier reflexión racional, seria, rigurosa y sin prejuicios cientificistas acerca de los fundamentos de cada uno de estos ritos, rituales y conductas rescatados de supuestos pueblos del pasado poco o nada documentados.  Para eso justamente sirve la razón: para protegernos de lo “irracional”, mientras que trascender la razón implica, no lo pre-racional, sino lo trans-racional1.   No hay nada malo en reinterpretar las culturas ancestrales y tomar fragmentos que continúen siendo valiosos para la visión de hoy, pero lo deseable es que se haga como consecuencia de un estudio profundo de sus rituales y símbolos, así como de una exploración seria de las sustancias psicotrópicas utilizadas con el propósito de expandir la percepción, así como las implicaciones y motivaciones que los movían, buscando nuevas aplicaciones de las mismas; lo que no parece muy razonable es entregarnos a un sincretismo acrítico, irresponsable y descontextualizado, que tome elementos de aquí y de allá sin un propósito claro, sin entender los contextos en que éstas se llevaban a cabo y sin que se trate de nada más allá de un “turismo espiritual” que no busca otra cosa que la acumulación hueca de nuevas y más emocionantes experiencias.  En este contexto, no es casual la cantidad de estafas económicas y escándalos sexuales relacionados con supuestos gurús que, unos ingenuamente como consecuencia de una ignorancia profunda y muchos otros a propósito y con enorme malicia –y muchas veces con perversidad criminal– confunden, abusando de la necesidad de trascendencia de sus “clientas” y “clientes”, lo prepersonal (los modos de ser humanos previos a que la mente se convirtiera en la herramienta dominante de la evolución: instintos, sensaciones, impulsos, pulsiones, etc.) con lo transpersonal (aquellas prácticas donde se pretende dejar atrás la construcción egoica de un Yo enfermizo producido por la exacerbación de la modernidad y que son difíciles de reconocer porque aun no son demasiado frecuentes). Aunque en primera instancia suene chocante, hoy poseemos el conocimiento y las capacidades cognitivas y racionales para trascender el ritual en su comprensión antigua. Por más que queramos, el sentido literal de la mayor parte de ellos no puede ser reproducido simplemente porque sabemos cosas del planeta y de cosmos que antes no y por eso se comprende y se admira que esas culturas ancestrales atribuyeran significados distintos a las cosas, pero sin que hoy tenga sentido forzarnos a atribuir los mismos significados que sabemos superados. Un volcán, un hecho astronómico, una reacción química o un mineral convertido en collar no cabe ser entendidos en el mismo sentido que lo hacían ellos, no porque estuvieran equivocados por interpretar el mundo que habitaban desde el máximo de su sensibilidad, capacidades y talentos, sino porque una buena parte de sus fundamentos hoy las sabemos superadas por más que nos atraiga romantizarlas, rescatando sentidos que para nuestra realidad, resultarían superados y obsoletos.  El reto consiste justamente en lo opuesto: a partir de trascender nuestra racionalidad, crear nuevos símbolos y rituales que doten nuestra realidad de nuevos significados. Por ejemplo, tras hacernos conscientes de nuestra responsabilidad en el cambio climático y la extinción de especies y ecosistemas, los rituales y símbolos de la antigüedad, muy lejos de semejante escenario, resultarían insuficientes para retratar el nuevo compromiso que el humano debe asumir para con la biósfera terrestre y que implica nuevas metodologías y hábitos que nos permitan descubrirnos y ampliar nuestra comprensión de nosotros mismos de tal modo que le demos al planeta y al resto de las especies el lugar que efectivamente tienen y nos permitan alcanzar cada vez una mayor consciencia y plenitud. 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En Puebla, el valor de la producción del sector manufacturero sumó entre enero y julio de este año un total de 315 mil 142.4 millones de pesos; en tanto que el valor de ventas se ubicó en 305 mil 959.7 millones, reflejo de la dinámica de la industria y demanda de productos en los mercados local, nacional y de exportación, informa la Secretaría de Economía.

La industria manufacturera creció en los primeros siete meses del 2022 en 18.5 por ciento en valor de la producción y 16.9 por ciento en ventas, con base en cifras de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Tan solo en julio de 2022, el valor de la producción sumó más de 52 mil 105 millones de pesos; es decir, aumentó 42.7 por ciento respecto al mismo mes del 2021 y 20 por ciento comparado con junio de 2022, por lo que ocupó el cuarto lugar entre los estados en ambos periodos a nivel nacional. Mientras, el valor de las ventas, aumentó 30.4 por ciento respecto de julio de 2021, con un monto de 44 mil 612 millones de pesos.

Las remuneraciones totales crecieron 27.3 por ciento respecto de julio de 2021, al registrar un monto de 2 mil 773.24 millones de pesos y, el personal ocupado, aumentó 0.5 por ciento con un total de 115 mil 437 puestos de trabajo.

Los subsectores que más incrementaron en julio 2022 en valor de la producción respecto al mismo mes de 2021 fueron fabricación de equipo de transporte con 55.1 por ciento, fabricación de maquinaria y equipo con 51.1 por ciento y fabricación de productos metálicos con 50.3 por ciento.

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Para un segmento cada vez mayor, lo correcto es renunciar a la expresión de las emociones, de los sentimientos y de las sensaciones más sutiles en aras de privilegiar la racionalidad y las acciones objetivas; mientras que otro segmento, con el propósito de ponerle remedio a esa desconexión, no busca “trascender” la racionalidad exacerbada sino renunciar a ella para guarecerse en una corporalidad y emocionalidad primitiva.  Por un lado empezamos a comprender que el pensamiento no alcanza para resolverlo todo –la sensación, por ejemplo, de que los humanos somos tan sólo una especie más en la biósfera y que tenemos la responsabilidad de modificar nuestra relación con el planeta en aras de mantener los equilibrios globales de la naturaleza es contraintuitiva y de ningún modo producto del razonamiento cartesiano, pero eso no la convierte en falsa–. 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Entonces “la solución” más simple consiste en dejar de lado la mente –que es uno de los grandes saltos evolutivos humanos– para “regresar” al cuerpo, a la emoción, a las sensaciones puras, rechazando lo que nos dice el pensamiento, como si, paradójicamente, convirtiéramos el pensamiento en un factor externo del que hay que separarse.  Esta dinámica es, en primera instancia, un autoengaño porque la mente ni se va a ningún lado, ni deja de interpretar, es sólo que ahora interpreta desde los códigos que considera más cercanos al cuerpo y la emoción, poniendo como valor superior la libre expresión de las emociones, del instinto y de lo que “el cuerpo pida”, renunciando a la reflexión y a la represión saludable de los impulsos que imposibilitan la convivencia saludable, la empatía y el respeto hacia el otro.  Como consecuencia de este movimiento de supuesta reconexión con la Gaia, con la naturaleza, con el “espíritu de las cosas” o cualquier otro eufemismo que, presentado superficialmente, resulte atractivo y dé la sensación de profundidad y misticismo, aparecen infinidad de ideologías sin sustento y legiones de gurús improvisados –cuyas credenciales son cursos y “certificaciones” que muchas veces obtuvieron en apenas una horas–, prometiendo el Nirvana sin esfuerzo.   Estos supuestos mentores espirituales se apoyan en los genuinos y legítimos impulsos que buscan la trascendencia para, en el mejor de los casos, vender humo y en el peor, cometer estafas y abusos, que más allá del quebranto económico, muchas veces causan auténtica devastación en los incautos que caen en ellos.  Amparados en supuestas terapias corporales, emocionales, sensoriales y esotéricas de todo tipo o directamente ofreciendo el suministro de sustancias psicotrópicas, por medio rituales improvisados y fuera de contexto, prometen trascender el pensamiento a través de una apertura de consciencia inmediata, capaz de igualar, en apenas una sesión, los resultados obtenidos por los monje tibetanos luego de décadas de trabajo interior o reproducir las experiencias de aquellos chamanes de la antigüedad, a quienes usan de gancho comercial para sustentar sus “terapias”. Por eso no es casual que todos estos “productos de sanación” siempre lleven la etiqueta de “ancestrales”, aun sin demostrar con el mínimo rigor de qué tribu, en qué contexto surgió y qué sucedió con ellos ni cómo funciona en la complejidad de nuestro ser –donde cualquier cambio mayor afecta al resto de nuestras configuraciones interiores– ni qué estudios los avalan.  A partir de narrativas simplonas y regresivas, donde los insensibles y estúpidos modernos hemos olvidado quiénes somos, y que sólo a través de retrotraernos al pasado, como si el mero hecho de que algo sea antiguo, eso por sí mismo lo convierta en beneficioso, valioso y digno de rescatarse del pasado, nos dará la oportunidad de redescubrir nuestro auténtico ser y trascender los inconvenientes de una civilización que todo lo destruye.    Es paradójico que tratemos de trascender el pensamiento no llevándolo hasta el límite para superarlo, sino renunciando a cualquier reflexión racional, seria, rigurosa y sin prejuicios cientificistas acerca de los fundamentos de cada uno de estos ritos, rituales y conductas rescatados de supuestos pueblos del pasado poco o nada documentados.  Para eso justamente sirve la razón: para protegernos de lo “irracional”, mientras que trascender la razón implica, no lo pre-racional, sino lo trans-racional1.   No hay nada malo en reinterpretar las culturas ancestrales y tomar fragmentos que continúen siendo valiosos para la visión de hoy, pero lo deseable es que se haga como consecuencia de un estudio profundo de sus rituales y símbolos, así como de una exploración seria de las sustancias psicotrópicas utilizadas con el propósito de expandir la percepción, así como las implicaciones y motivaciones que los movían, buscando nuevas aplicaciones de las mismas; lo que no parece muy razonable es entregarnos a un sincretismo acrítico, irresponsable y descontextualizado, que tome elementos de aquí y de allá sin un propósito claro, sin entender los contextos en que éstas se llevaban a cabo y sin que se trate de nada más allá de un “turismo espiritual” que no busca otra cosa que la acumulación hueca de nuevas y más emocionantes experiencias.  En este contexto, no es casual la cantidad de estafas económicas y escándalos sexuales relacionados con supuestos gurús que, unos ingenuamente como consecuencia de una ignorancia profunda y muchos otros a propósito y con enorme malicia –y muchas veces con perversidad criminal– confunden, abusando de la necesidad de trascendencia de sus “clientas” y “clientes”, lo prepersonal (los modos de ser humanos previos a que la mente se convirtiera en la herramienta dominante de la evolución: instintos, sensaciones, impulsos, pulsiones, etc.) con lo transpersonal (aquellas prácticas donde se pretende dejar atrás la construcción egoica de un Yo enfermizo producido por la exacerbación de la modernidad y que son difíciles de reconocer porque aun no son demasiado frecuentes). Aunque en primera instancia suene chocante, hoy poseemos el conocimiento y las capacidades cognitivas y racionales para trascender el ritual en su comprensión antigua. Por más que queramos, el sentido literal de la mayor parte de ellos no puede ser reproducido simplemente porque sabemos cosas del planeta y de cosmos que antes no y por eso se comprende y se admira que esas culturas ancestrales atribuyeran significados distintos a las cosas, pero sin que hoy tenga sentido forzarnos a atribuir los mismos significados que sabemos superados. Un volcán, un hecho astronómico, una reacción química o un mineral convertido en collar no cabe ser entendidos en el mismo sentido que lo hacían ellos, no porque estuvieran equivocados por interpretar el mundo que habitaban desde el máximo de su sensibilidad, capacidades y talentos, sino porque una buena parte de sus fundamentos hoy las sabemos superadas por más que nos atraiga romantizarlas, rescatando sentidos que para nuestra realidad, resultarían superados y obsoletos.  El reto consiste justamente en lo opuesto: a partir de trascender nuestra racionalidad, crear nuevos símbolos y rituales que doten nuestra realidad de nuevos significados. Por ejemplo, tras hacernos conscientes de nuestra responsabilidad en el cambio climático y la extinción de especies y ecosistemas, los rituales y símbolos de la antigüedad, muy lejos de semejante escenario, resultarían insuficientes para retratar el nuevo compromiso que el humano debe asumir para con la biósfera terrestre y que implica nuevas metodologías y hábitos que nos permitan descubrirnos y ampliar nuestra comprensión de nosotros mismos de tal modo que le demos al planeta y al resto de las especies el lugar que efectivamente tienen y nos permitan alcanzar cada vez una mayor consciencia y plenitud. Esta actitud va mucho más allá que colgarse un cuarzo y comerse un hongo alucinógeno, rodeado de percusiones y música “mística”, danzando alrededor de una gran fogata.  No hay duda que una actitud racional saludable consiste en preguntarnos si esas experiencias que nos ofrece la “mística de fin de semana” nos llevan a un nuevo nivel de evolución o, por más que tengan una bella apariencia quimérica, nos regresan a comprensiones arcaizantes que, lejos de trascender la mente, nos exigen desterrarla a partir de prescribirnos un incondicional abandono a nuestros impulsos e instintos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Ken Wilber tiene infinidad de textos donde aborda este problema, y que él llama “falacia pre-trans”." 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