Cómo ser un líder resiliente en tiempos del covid-19

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9 de octubre, 2020

La capacidad de resolver problemas y recuperarse de las consecuencias de los mismos, es una aptitud cada vez más demandada en los puestos de liderazgo empresarial. Cuando esta capacidad se suma a la de gestionar adecuadamente una crisis, pensar a largo plazo y buscar la evolución constante aun en situaciones complicadas, entonces se habla de un liderazgo resiliente. 

Mantenerse en equilibrio ante cualquier situación es una de las habilidades que los grandes líderes deben preservar para enfrentar los retos que se les presenten. Esta actitud es la que se espera de un líder resiliente, ya que gracias a ella, suele incrementar su resistencia y también es capaz de recuperarse y adaptarse ante distintas circunstancias.

Sus habilidades se ponen a prueba cuando las condiciones socioeconómicas, de consumo y de trabajo cambian drásticamente, como ha sucedido en los últimos meses. Por ello, es necesario que un líder desarrolle competencias emergentes que le permitan afrontar la incertidumbre y un sinnúmero de transformaciones, con el nivel de estrés que conllevan, para implementar una inteligencia colectiva con sus colaboradores, hacer innovaciones en los productos y servicios que ofrece la empresa a la que pertenece, y así garantizar la rentabilidad del negocio.

Algunas de esas competencias ante el escenario nacional e internacional actual que pueden ser de gran utilidad, se refieren a la ya mencionada resiliencia y a la creatividad, ya que con ambas se pueden solucionar diversos asuntos y obtener resultados positivos. Con la inteligencia emocional y la flexibilidad se pueden manejar de una forma controlada y efectiva las adversidades, y asimismo, adaptarse rápidamente a cualquier coyuntura.

Con nuevas habilidades digitales se puede reinventar a la organización para los nuevos modelos de negocio, construir otras formas de comunicación y liderazgo y, además, elaborar estrategias que faciliten el posicionamiento de la misma. Los acontecimientos actuales requieren que cada empresa busque diferenciarse de su competencia. Los líderes necesitan irrumpir en el mercado con propuestas creativas y que se adapten a las necesidades de sus clientes. 

Por otro lado, la pandemia por covid-19 ha causado fuertes problemas en el estado emocional de las personas, especialmente en las que laboran. Para atender esta disyuntiva, el líder necesita tener un marcado autocontrol para que la energía productiva se sostenga e involucrar a todos sus colaboradores con la causa de la empresa. 

Los líderes de hoy deben tener una visión clara de hacia dónde desean llevar a las empresas, abordar riesgos que se encuentren más allá de lo evidente, gestionar la reputación corporativa adecuadamente, cuidando siempre la relación con sus stakeholders. También deben saber vender sus ideas, empoderar a sus empleados para formar nuevos líderes y sustentar sus acciones con valores, como el compromiso organizacional, la honestidad, la responsabilidad y lograr que se cumplan las metas, pese a la problemática que se vive a nivel mundial. 

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A partir de esa hecatombe,  se impusieron nuevos reglamentos de construcción y novedosos conceptos urbanísticos en la gran Ciudad, así como nuevas formas de convivencia, organización y participación ciudadana y administración pública en todo el país. En suma, se puede afirmar que nació en los hechos nuestra sociedad civil, y la idea más clara de que el poder democrático debe ser la base del Estado.  En Nicaragua (1972) precisamente también un terremoto fue la gota que derramó el vaso, ya que el movimiento social que siguió al cataclismo devino, ni más ni menos, en una Revolución armada que removió al régimen somocista. En México el fenómeno natural dio paso a una Revolución también, pero no violenta sino más bien de las conciencias y encausada mal que bien dentro de las instituciones, por medio de tímidas, pero  graduales y sustanciosas reformas electorales.  Tlatelolco, el barrio del Anáhuac que impresionó a los conquistadores españoles por su limpieza y ejemplar organización en su imponente mercado, parece ser la sala de dolorosos partos donde nuestro México nace, muere y renace. Tres fechas clave, 1521, 1968 y 1985, sin dichos sucesos en ese barrio acontecidos, sin más, no se explicaría el México de hoy. Revisando algunos diarios de los días subsecuentes al terremoto de 1985, llaman la atención algunos acontecimientos que no trascendieron al ser opacados aplastantemente por la desgracia en la capital, como el que el sismólogo estadounidense Charles Ricther, inventor en 1935 de la escala que lleva su apellido y que permite medir y clasificar los sismos según su fuerza y energía liberada de los grados 1 al 10, falleció tan solo once días después del temblor en México a los 85 años de edad. El terremoto de México fue el último gran evento objeto de estudio para su profesión. Sin duda el Señor Ricther se sorprendería de todos los aprendizajes que dejó aquel terremoto, ya que él siempre participó en programas de concientización y prevención ciudadana; tal vez no daría crédito al ver el eficaz sistema de alerta sísmica que da casi un minuto para desalojar las edificaciones antes de un gran movimiento telúrico en el valle de México.  Otro hecho notable por aquellos días fue el hecho de que en Jalisco, Ciudad Guzmán para ser precisos, el temblor dejó cuantiosos daños, más de 30 muertos, cerca de mil heridos, 33 mil damnificados e incuantificables inmuebles derruidos. Toda esta tragedia ha sido prácticamente ignorada por la opinión pública, dadas las dimensiones de las repercusiones en el entonces Distrito Federal (en 35 mil fallecidos, números extraoficiales, se calculan las pérdidas humanas). 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Las emociones en la política

Las emociones y la política están íntimamente ligadas en nuestros días, mientras que la reflexión racional queda en un segundo plano.

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