¡Ya llegó! ¡Ya está aquí!
Hoy es el primer lunes del mes de julio. Inicia el segundo semestre del año, el más festivo con sus vacaciones de verano, fiestas patrias, día de muertos y las tan ansiadas fiestas de fin de año.
Claro que el clima no ayuda mucho al entusiasmo con sus intensas lluvias que aparecen un día intensamente con granizada incluida y al otro día, también. Sin tregua a que el sol haga más cálido el ambiente.
Al cierre de la presente colaboración, el tan ansiado partido de futbol entre las selecciones de Inglaterra y México no se ha celebrado aún; sin embargo, las redes sociales han explotado de información, memes y opiniones en torno al ambiente futbolero y festivo por la competencia mundial.
Entre los debates, el vigente es el que gira en torno a la prohibición de realizar el ¡Quiere volar!, acto que consiste en echar a volar a una persona y recibirla con un manto de tela para contener su caída entre varias personas. Dicha forma de “celebración” ha provocado ya diversos accidentes en diferentes regiones de México.
El tema me llama la atención a partir de la opinión que escucho durante mi trayecto en servicio de plataforma de taxi en el programa de radio que escucha el conductor.
El conductor principal opina que la prohibición está fuera de lugar porque se trata de una forma de celebración que se aplica incluso en las bodas y comparte la experiencia personal de un amigo cercano y famoso que sufrió fuertes lesiones el día de su boda. Aun así, insiste en que prohibirlo es una medida extrema. Reconoce la cantidad de incidentes provocados y los riesgos que implica salir a las calles a celebrar los triunfos de la sección mexicana, pero apela al criterio y la madurez de la sociedad para evitar escalar el festejo a nivel de riesgo. Y, finaliza anunciando la instalación de más pantallas en la Ciudad de México para que se puedan apreciar los partidos de la selección. Lo que juzga de incongruente.
Incongruencia es un buen término que nos permite explorar el blanco y negro de la reacción humana.
Blanco porque en cada partido de la selección mexicana, sin importar las diferencias, los mexicanos se reúnen y unan para festejar. Lo cual no arroja nada nuevo bajo el sol, el mexicano es festivo por naturaleza porque representa un ritual de identidad y unión, en su “Laberinto de la soledad” Octavio Paz escribió: “El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse porque cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual.”
Negro porque nunca hemos estado más solos que en este tiempo de realidad virtual, todos conectados a la red, pero desconectados de las familias, de nuestras parejas, de nuestros hijos, de nuestros vecinos, de la realidad que se toca, se huele, se escucha y se mira. De tal forma que, el triunfo ajeno vestido de tricolor nos une porque lo sentimos como propio, aunque carezcamos de pasión futbolera. Así que, las formas de celebración son extremas, sin razonamiento que valga y sí, hace falta delimitar reglas y límites.
Estamos ante el Panem et circenses (pan y circo) del siglo XXI a nivel mundial: en las calles de la ciudad de México se vive el Fan Fest gratuito y al estilo de los romanos, podemos presenciar luchas de gladiadores, carreras de carros y cacerías de animales exóticos con sus respectivas dimensiones y diferencias. Distracción pura y real para evitar la rebelión ante la desigualdad y la crisis gubernamental que vivimos. ¿Coincidencia? ¡No lo creo!
Pan y circo auspiciado por medios de comunicación, redes sociales, influencers, yotubers, líderes de opinión, etc. Todos sacando su buena tajada del pastel de lo que representa el consumo irracional ante un evento de tal magnitud y con alcance mundial.
Esos, los que celebran podrán ser irracionales pero al final, obtienen un beneficio de quienes operan, producen y montan el circo mediático al igual que quienes participan en su difusión y eso los coloca en el mismo nivel de inmadurez y falta de civilización: unos persiguen el protagonismo otros, el beneficio económico le duela a quien le duela. Porque tanto peca el que mata a la vaca, como el que le sostiene la pata y tan irracional es el que manda a volar al novio en la boda, como los que manda a volar al amigo en el Fan Fest. ¡Nos leemos a la próxima!
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