Bajo fuego

Detrás de cada tragedia minera hay una historia de explotación laboral.

11 de agosto, 2022 Bajo fuego

La industria minera en México ha sido un negocio muy redituable en donde sus dueños de la tierra han sido casi los mismos desde hace 22 años. Las tragedias ocurridas en esta industria sin duda están vinculadas a la trata de personas en explotación laboral por las condiciones en que son sometidos a trabajos forzados bajo mínimas condiciones de seguridad.

Estamos hablando del periodo en que las políticas económicas del pasado le dieron a la industria minería su mayor auge concesionando la tierra y, nos referimos en particular, al periodo en que se otorgaron mayores concesiones para este sector, es decir, entre el 2000 y 2018, cuando los gobiernos concedieron 19 808 autorizaciones mineras que se encuentran vigentes y en beneficio de los mismos, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía. 

Y ¿quiénes se han llevado el mayor número de concesiones mineras? Hablamos de tres grandes corporativos: Industrias Peñoles, Grupo México y la inglesa Fresnillo PLC que también mantiene una alianza con las empresas de Grupo México o las canadiense Pan American Silver y First Majestic, dos de las seis que poseen el 60% del oro mexicano, consideradas las más ricas de nuestro país, de acuerdo con la revista Forbes, y beneficiados con los manejos aquellas políticas económicas que se implementaron en donde además están coludidos muchos políticos. 

Detrás de la segunda está el caso de Pasta de Conchos (Coahuila) donde el 19 de febrero de 2006 sucedió uno de los mayores accidentes fatales de la minería mexicana que abandonó a 65 mineros después de ser sometidos a trabajos forzados y sin las más mínimas medidas de seguridad, simplemente los dejaron enterrados a 490 metros de profundidad.

Ahora, la historia se repite en Sabinas, en el mismo estado, en una minera de carbón y a 60 metros bajo tierra en donde las condiciones son similares como manifiestan sus familiares: explotación laboral, trabajos forzados, sin las mínimas medidas de seguridad por lo que ahora su rescate se ha convertido en la prioridad de la presente administración federal tras el abuso y la ambición de los mismos empresarios de antes que recibieron beneficios de los funcionarios pasados.

Es evidente que estas personas están sometidas a la explotación laboral ya que solo trabajan con un casco, una lámpara y unas botas que aguanten, sin seguridad social, sin ninguna prestación, sin seguro contra riesgos, solo por necesidad, por 2500 pesos a la semana, cinco horas diarias a más de 60 metros bajo tierra y con temperaturas que llegan a 50 grados, el mismo infierno, además de que lo hacen en parejas, para ganar de 100 a 150 pesos por tonelada.

Estamos hablando de dos tragedias que retratan la realidad de los trabajadores mineros, que fueron olvidados por empresarios y autoridades y que refleja el concepto contemplado en las leyes con respecto a la Trata de Personas: “El trabajo forzoso puede entenderse como el trabajo o servicio que se realiza en beneficio de un tercero, valiéndose del uso de la fuerza, amenaza y/o coerción física”.

En este sentido, de acuerdo con datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), sus víctimas son principalmente hombres y representan el 85% de estos en la modalidad de la trata de personas.

Si bien es cierto que esta situación es la que viven día a día jornaleros agrícolas que viajan de estado en estado o migran a Estados Unidos y Canadá en busca de mejores ingresos, también involucra a hijas e hijos que también trabajan en el campo o en la industria minera en condiciones inhumanas y sin acceso a los servicios básicos de salud o educación, como ahora, queda plasmado, en las minas de fuego.

Contacto: @larapaola1

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De una forma súbita e inesperada emerge un nuevo conocimiento o se descubre algo que siempre había estado ahí pero que les resultaba invisible para el relato existente. Como si viniera de la nada, como si de pronto se hubiese descubierto un nuevo mundo, se consolida una comprensión que renueva el universo hasta entonces conocido y que permea en todos los ámbitos –económico, político, social, ético, moral, científico, etc.– Esta innovadora forma de explicar la realidad no sólo es incompatible con el metarrelato hegemónico previo sino que lo hace colapsar, con lo cual la narrativa emergente se cristaliza como la nueva vanguardia que no tardará en asumirse como la verdad que constituye los cimientos de un nuevo metarrelato dominante. Pensemos, como ejemplo, en un diminuto invento que detonó una revolución social y transformó los paradigmas de convivencia de su tiempo: la píldora anticonceptiva. En julio de 1961, el laboratorio Searle, con la venia de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA– Food and Drug Administration) inició la comercialización del Enovid 5 mg, la primera píldora diseñada propiamente con fines anticonceptivos. Desde luego que una transformación del calado de la que experimentó el mundo en la década de los sesenta del siglo XX no ocurre como consecuencia de un sólo cambio o estímulo. Pareciera que cada paradigma consigue su plenitud y una vez que sus narrativas se consolidan y es entonces que se precipita en una lenta pero constante decadencia, donde las corrientes internas cambian poco a poco de dirección asumiendo una nueva tendencia general, una especie de caldo de cultivo que favorece la formación de nuevas comprensiones que paulatinamente se manifiesta en todos lo ámbitos, dando lugar a una nueva comprensión general, un nuevo metarrelato que sustituye al anterior. Mientras la píldora anticonceptiva se utilizó como la punta de lanza para una liberación sexual en ciernes, se construye un célebre muro en Berlín, los Beatles aseguran que “all you need is love”, una crisis de misiles amenaza la continuidad de nuestra especie, Marilyn Monroe canta las mañanitas a Kennedy, es asesinado Martin Luther King por tener un sueño de igualdad, Juan XXIII convoca al Concilio Vaticano II, aparecen las minifaldas y el bikini, toma forma una nueva variedad de conflicto global: la guerra fría, surge la contracultura como contrapeso a las convenciones de la tradición, entra en funcionamiento ARPANET –abuelo de nuestro actual Internet–, tienen lugar las protestas de mayo del 68 en París, la primavera de Praga y revolución cultural en China, se realiza el primer transplante de corazón, estallan las protestas antibélicas contra la guerra de Vietnam, se consolida el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, inicia la migración masiva del campo a las ciudades –lo que da lugar a nuevas formas de urbanismo– y se corona la  carrera espacial con la llegada del Apolo 11 a la Luna. Podríamos seguir por muchas páginas señalando los cambios que se dieron en todos los aspectos de lo humano durante esa década, y si bien es posible enumerarlos como si se tratara de eventos aislados, lo cierto es que si los observamos como hilos de un gran tapiz, podemos percibir un espíritu de conjunto que explica los potentes cambios paradigmáticos que tuvieron lugar en la década de los sesenta y se consolidaron en la siguiente. Luego de este periodo, el mundo jamás volvió a ser el mismo. Las verdades sólidas que dieron sentido y estructura a las décadas precedentes lucían de pronto caducas y anticuadas y parecían desmoronarse como castillos de arena. En apenas unos lustros la familia, la democracia, la política, el trabajo, las relaciones humanas, el ocio, la moda, y un larguísimo etcétera, comenzaron a conceptualizarse de manera diferente. 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Sale sobrando decir que López Obrador todos los días comete el delito de peculado previsto en el artículo  223 del Código  Penal Federal, porque derrocha recursos públicos para enaltecerse a sí mismo, y denigrar a quien le place. Sale sobrando decir de AMLO lo que no es nuevo; su violencia, su soberbia, su autoritarismo. Pudo haber escuchado el reclamo respetuoso de los cerca de novecientos mil manifestantes que defendieron al INE. Pero López Obrador, cuyo cumpleaños coincidió con la manifestación del domingo pasado, ES UNA MUESTRA DE QUE SE PUEDE ENVEJECER SIN JAMÁS MADURAR. Su primera respuesta desde su templete del Salón Tesorería, fue denostar, minimizar, desoír,  descalificar, injuriar A QUIENES ESTÁ OBLIGADO A  SERVIR. Impotente ante la evidencia multitudinaria de la marcha por el INE, su actitud se redujo a la triste frase: YO LA TENGO MAS GRANDE. Y se puso manos a la obra. Valiéndose de los recursos públicos, cometerá un nuevo y magno peculado para exaltar su persona y denostar a los que se atrevieron a ganarle las calles y plazas de muchas ciudades de la República. NO ES CASUALIDAD que el solitario que “manda obedeciendo”, haya obedecido la voz imaginaria del pueblo bueno y sabio, que le pidió adelantar el ritual programado para agradecer el cuarto aniversario de  su mudanza al Palacio Nacional. NO ES CASUALIDAD que la voz del pueblo le haya señalado el 27 de noviembre para demostrar que AMLO VA A TENER LA MAS GRANDE MANIFESTACION cuya asistencia borrará al “striptease del conservadurismo” del pasado 13 de noviembre. LA DE LOPEZ OBRADOR ES LA MARCHA IMPARABLE DE UN SOLO  HOMBRE capaz de imponer su voluntad por  encima de la voluntad del 75% de los mexicanos que apoyan al INE.   Porfirio Muñoz Ledo pide que AMLO renuncie porque está loco, sabiendo que la sed insaciable de poder que tiene Obrador, hace impensable su renuncia. Guadalupe Acosta Naranjo en entrevista con Adela Micha, coincidió con Muñoz Ledo en que AMLO es un enfermo mental. Podrían emprenderse muchas acciones legales para detener el desastre que encarna López Obrador. Pero cuando menos hoy, no quiero dispersarme y perderme en la citación de disposiciones legales y constitucionales cuya aplicación está fuera de mi alcance. ¿Quién es responsable de ponerle un alto a la locura desatada de López Obrador? ¿Quién podría detener su frenesí destructivo? La Cámara de diputados es una franquicia del Ejecutivo. LA MARCHA IMPARABLE DE ESTE HOMBRE, SOLAMENTE PODRÍA DETENERLA EN SECO UN SÓLO HOMBRE QUE NO SE HA ATREVIDO A HACERLO EN LOS ÚLTIMOS CUATRO AÑOS Y EN LO QUE RESTA DE ESTE AÑO, TAMPOCO LO HARÁ. Ese hombre se llama ARTURO ZALDIVAR LELO DE LARREA. Cuando AMLO quiso experimentar prorrogando el mandato del presidente del Poder  Judicial,  el ministro Zaldívar nos sumió en la incertidumbre y la zozobra con su silencio.     Si el Ministro Zaldívar hubiera rechazado la prórroga de su mandato señalándola como inconstitucional, habría fortalecido al Poder Judicial y Habria frenado a tiempo las ambiciones desmedidas de AMLO. NO LO HIZO, y sumió a México en la incertidumbre, la especulación y la inestabilidad, porque con su silencio atizó el temor de que AMLO se valiera de ese precedente para PRORROGAR SU SEXENIO SIN REELEGIRSE. SI ARTURO ZALDÍVAR QUISIERA HACERLE FRENTE Y DETENER LA MARCHA IMPARABLE DE LOPEZ OBRADOR QUE BUSCA EL PODER ABSOLUTO SIN LÍMITES NI OBSTÁCULOS… bastaría que dijera que CUALQUIER REFORMA ELECTORAL QUE SE INTENTE COMO PLAN “B” MEDIANTE LEYES SECUNDARIAS, ES INADMISIBLE PORQUE VIOLARIA LA CONSTITUCION Y ADEMAS SERÍA UN ATENTADO FLAGRANTE CONTRA NUESTRA DEMOCRACIA. Y NUESTRA DEMOCRACIA NO ES COSA DE CUENTO. Solamente un hombre puede parar la marcha imparable de ese otro hombre y salvar a 120 millones de mexicanos. Solamente ARTURO ZALDIVAR puede desmantelar la maquinación fraudulenta de LOPEZ OBRADOR y así salvar nuestra democracia. ARTURO ZALDIVAR podría y debería denunciar que el efecto intimidatorio de la marcha de AMLO  el 27 de noviembre, intimida e impide que el Poder Legislativo pueda actuar con independencia.   Si hiciera esa denuncia HOY, invalidaría cualquier deliberación de la Cámara  de Diputados que intente obsequiar el capricho de Obrador porque NINGUN ORGANO DE GOBIERNO PUEDE ACTUAR VALIDAMENTE BAJO AMENAZA. SOLO  ARTURO ZALDIVAR puede PARAR LA MARCHA IMPARABLE DE LOPEZ OBRADOR,  que hoy se aferra al PODER parapetado en Palacio Nacional. 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Hasta que, a principios del siglo XX, una nueva generación de científicos articuló un nuevo relato que defendía el hecho de que bajo ciertas circunstancias las leyes de la física tradicional dejaban de operar y eran sustituidas por otras cuyo funcionamiento encarna un cierto grado de misterio al tender a la indeterminación y la incertidumbre, paradigma opuesto al de la física clásica que se apoyaba en la estabilidad y predictibilidad. ¿Qué es un paradigma? Un paradigma no es otra cosa que una serie de parámetros que permiten “reconocer” e interpretar la realidad inmediata percibida articulándola en una serie de relatos y narraciones que le den forma y cohesión. Es una estructura de ideas, costumbres, conductas que confirman la existencia en ese mundo percibido. Cada uno de ellos busca, lucha y se impone a los otros en una búsqueda frenética por tener razón, por ser un espejo incuestionable de la verdad, lo que hace más complejo un acuerdo con paradigmas distintos. 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De una forma súbita e inesperada emerge un nuevo conocimiento o se descubre algo que siempre había estado ahí pero que les resultaba invisible para el relato existente. Como si viniera de la nada, como si de pronto se hubiese descubierto un nuevo mundo, se consolida una comprensión que renueva el universo hasta entonces conocido y que permea en todos los ámbitos –económico, político, social, ético, moral, científico, etc.– Esta innovadora forma de explicar la realidad no sólo es incompatible con el metarrelato hegemónico previo sino que lo hace colapsar, con lo cual la narrativa emergente se cristaliza como la nueva vanguardia que no tardará en asumirse como la verdad que constituye los cimientos de un nuevo metarrelato dominante. Pensemos, como ejemplo, en un diminuto invento que detonó una revolución social y transformó los paradigmas de convivencia de su tiempo: la píldora anticonceptiva. En julio de 1961, el laboratorio Searle, con la venia de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA– Food and Drug Administration) inició la comercialización del Enovid 5 mg, la primera píldora diseñada propiamente con fines anticonceptivos. Desde luego que una transformación del calado de la que experimentó el mundo en la década de los sesenta del siglo XX no ocurre como consecuencia de un sólo cambio o estímulo. Pareciera que cada paradigma consigue su plenitud y una vez que sus narrativas se consolidan y es entonces que se precipita en una lenta pero constante decadencia, donde las corrientes internas cambian poco a poco de dirección asumiendo una nueva tendencia general, una especie de caldo de cultivo que favorece la formación de nuevas comprensiones que paulatinamente se manifiesta en todos lo ámbitos, dando lugar a una nueva comprensión general, un nuevo metarrelato que sustituye al anterior. Mientras la píldora anticonceptiva se utilizó como la punta de lanza para una liberación sexual en ciernes, se construye un célebre muro en Berlín, los Beatles aseguran que “all you need is love”, una crisis de misiles amenaza la continuidad de nuestra especie, Marilyn Monroe canta las mañanitas a Kennedy, es asesinado Martin Luther King por tener un sueño de igualdad, Juan XXIII convoca al Concilio Vaticano II, aparecen las minifaldas y el bikini, toma forma una nueva variedad de conflicto global: la guerra fría, surge la contracultura como contrapeso a las convenciones de la tradición, entra en funcionamiento ARPANET –abuelo de nuestro actual Internet–, tienen lugar las protestas de mayo del 68 en París, la primavera de Praga y revolución cultural en China, se realiza el primer transplante de corazón, estallan las protestas antibélicas contra la guerra de Vietnam, se consolida el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, inicia la migración masiva del campo a las ciudades –lo que da lugar a nuevas formas de urbanismo– y se corona la  carrera espacial con la llegada del Apolo 11 a la Luna. Podríamos seguir por muchas páginas señalando los cambios que se dieron en todos los aspectos de lo humano durante esa década, y si bien es posible enumerarlos como si se tratara de eventos aislados, lo cierto es que si los observamos como hilos de un gran tapiz, podemos percibir un espíritu de conjunto que explica los potentes cambios paradigmáticos que tuvieron lugar en la década de los sesenta y se consolidaron en la siguiente. Luego de este periodo, el mundo jamás volvió a ser el mismo. Las verdades sólidas que dieron sentido y estructura a las décadas precedentes lucían de pronto caducas y anticuadas y parecían desmoronarse como castillos de arena. En apenas unos lustros la familia, la democracia, la política, el trabajo, las relaciones humanas, el ocio, la moda, y un larguísimo etcétera, comenzaron a conceptualizarse de manera diferente. Cuando un metarrelato se ha configurado se convierte en una manera general y totalizadora de entender el mundo, un pacto tácito que sus miembros –muchas veces de manera inconsciente– suscriben. Aún sin darnos cuenta, el entretejido de narrativas en que estamos inmersos moldea nuestra manera de relacionarnos, las normas morales que aceptamos como válidas, nuestra apariencia externa, el tipo de lugares a los que asistimos, el tipo de casa, coche y trabajo que deseamos tener y hasta la clase de persona de quien soñamos enamorarnos. Las metanarrativas funcionan como las grandes estructuras sobre las que ejercemos nuestra libertad: estructuran el pensamiento y limitan lo que consideramos posible y verdadero. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(41) "Construcción paradigmática de la verdad" ["post_excerpt"]=> string(306) "El ser humano tiene la necesidad existencial de explicarse el universo en que vive. 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