Durante el fin de semana se llevó a cabo el concierto de Grupo Firme en el Zócalo capitalino al que Cluadia Sheinbaum calificó como “un regalo”, ciñéndose a la máxima de proveer a la gente de panem et circenses o pan y circo, como escribió Junio Juvenal en su Sátira X en el 100 a.C.
Lo que el escritor y político romano hacía al mencionar dicha práctica, no era sino mostrar su desprecio por sus contemporáneos, despojados de todo espíritu crítico y habituados a la comida regalada y al entretenimiento popular que les proveía el gobernante en turno.
Dos mil años después y en otra región geográfica no es como que el asunto haya variado demasiado; los eventos que han envuelto a Sheinbaum (desde los criminales como el Rébsamen y la Línea 12 del Sistema Colectivo Metro, pasando por la precampaña electoral en que se haya involucrada desde hace meses) incluyen un aumento inusitado en los niveles de violencia e la capital del país generado principalmente por las múltiples bandas delictivas que operan con total impunidad en diversas, si no todas, las alcaldías de la ciudad.
Eso sí, Claudia se ha encargado de otorgar becas y apoyos y de realizar conciertos multitudinarios como base de su popularidad. Y la factura, como la pérdida de la mitad de la capital en las elecciones pasadas, le ha salido hasta el momento muy barata.
Mientras tanto, la periodista de origen cubano radicada en México, Peniley Ramírez, publicó una cronología detallada de los eventos alrededor del homicidio de los estudiantes de la rural de Ayotzinapa (incluyendo llamadas telefónicas, mensajes tanto anteriores como posteriores a los eventos de esa noche por parte de los involucrados, los vínculos entre ellos, testimonios en primera persona, etc).
Entre los hechos más relevantes y aberrantes destaca que la mayoría de los estudiantes no fueron asesinados y quemados, sino descuartizados y sus restos repartidos entre diversos miembros del crimen organizado para desaparecerlos. Los que aún se encontraban con vida (encerrados en una bodega de Pueblo Viejo, Iguala) escuchan a un militar decir que “ya se encargaron de ellos”. Todo, mientras el morenista José Luis Abraca, identificado en los mensajes y grabaciones como A1, pedía licencia a su cargo de alcalde de Iguala para después huir acompañado de su esposa. Los criminales reubican los restos varias veces tratando de borrar toda evidencia, incluso un mes después de los eventos de octubre del 2014.
Lo anterior ha generado gran revuelo primero, porque el gobierno que se ha encargado de filtrar datos personales de periodistas y miembros de la sociedad civil, así como de órdenes de aprehensión y procesos abiertos de investigación durante más de cuatro años con total desapego por la ley, ahora parece bastante alterado dada la filtración mencionada donde se menciona la coparticipación tanto del gobernante de Morena en Iguala como miembros del crimen y militares actuando de manera conjunta.
Al final, lo que la información publicada por Ramírez ratifica no es otra cosa que la participación preponderante de JOSÉ LUIS ABARCA, a quien Obrador encubrió aun conociendo sus nexos con el CO y posteriormente liberó, en la matanza de Iguala.
Veremos con qué nuevo distractor sale el gobierno ante el conocimiento de estos hechos.
Panem et circenses.
Nos leemos la semana entrante.
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