“No quiero oro, ni quiero plata…”

Dedicado a los lectores de estos artículos.

23 de diciembre, 2015

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— ¿Por qué resulta tan difícil llegar a un entendimiento? Cada quien jala para su lado sin importarle el derecho de los demás.

Carlos estaba entristecido porque salió mal con Francisco, su jefe y amigo de toda la vida, se habían llevado bien hasta que a él se le ocurrió decirle algunas verdades que no le gustaron. Carlos decidió renunciar al trabajo. Lo hizo en la peor época del año, estar desempleado le causaba temor. Él meditaba mientras veía a su hijo acercarse al bello y tradicional nacimiento de la calle.

— Niño Dios, ¿por qué mi papá no puede conseguir otro trabajo?

— Porque los políticos no se ponen de acuerdo y ni se preocupan por el país…

El pequeño miró con asombro el pesebre donde acababan de acostar a Jesús.




— Niño Dios ¿puedo hacerte otra pregunta?

El niño se acercó lo más que pudo a la figura e hizo su pregunta, su voz era un susurro.

El papá observó al hombre que se encontraba cerca del pequeño, éste sonreía por la broma que le hizo al niño y con disimulo se tapaba la boca. Ya no pudo seguir con la broma al no escuchar la segunda pregunta. Carlos decidió no intervenir, sólo observar.

Después de unos momentos Juanito se acercó a su papá sonriendo.

—Hijo, ¿cómo te fue con el niño Jesús?

— ¡Muy bien! Me dijo que cuando los políticos se pongan de acuerdo y se preocupen por el país todos van a tener trabajo.

—Mmm, y ¿qué más te dijo?

— De la otra pregunta dijo que era un secreto entre él y yo… Sólo puedo decirte que pronto conseguirás trabajo y vas a estar muy contento.

— Gracias, hijo.

Carlos se quedó pensando en la ingenuidad de Juanito.

—Está bien para él disfrutar de su infancia, yo pronto dejé de creer en los Reyes Magos. Murió papá y desde pequeño he tenido que trabajar.

Carlos volteó a buscar a su hijo, por un instante lo había perdido de vista. Lo encontró en la fila de la piñata. Vio cómo levantaba la mano esperando ser el siguiente. Hasta él se emocionó cuando le taparon los ojos al niño y lo pararon frente a la piñata.

Cada año los vecinos se cooperaban y hacían su posada en la calle.

—Es un gran festejo. Sano, compartido, trabajo en equipo. Con un propósito en común: la felicidad de los pequeños, ¡hasta nosotros nos divertimos!

Mientras Carlos reflexionaba veía a su hijo dar un golpe, otro más, hasta que en un giro, logró asestar el definitivo. La piñata se rompió, las frutas, dulces y colación salieron volando. Él, se sintió feliz…

El niño volvió cargado de frutas.

—Papá, ¿sabes qué me dijo el niño Jesús?

— ¿Ahora ya me lo puedes decir? ¿No era un secreto entre él y tú?

—Sí, pero ya no es secreto… Me dijo que, así como tú vas a conseguir trabajo, yo iba a ser el héroe de la fiesta ¿Lo ves papá?

Ciertamente Carlos había entregado toda la semana curriculums y esperaba ansioso alguna llamada, que confirmara el optimismo de Juanito.

—Tienes razón Juanito. Pronto tendré trabajo. Lo principal es tener confianza, porque sin ella nuestro México no llegará lejos.

Juanito, ya no alcanzó a escuchar las palabras de su papá, corrió de nuevo a la línea de la piñata.

De pronto Carlos vio venir a su amigo, se abría paso entre los vecinos.

—Llamé a tu casa y Mary me dijo dónde estabas… Me porté muy mal Carlos y tienes razón en muchas cosas. Amigo, vengo a rogarte que me perdones y a pedirte que regreses al trabajo. Además voy a cumplir la cláusula de hacerte socio. Nos está yendo tan bien que, en lugar de compartir, me estoy volviendo un ser ambicioso y despreciable…

Desde la cola, Juanito saludó a Francisco y corrió a él, antes de que le taparan de nuevo los ojos, y le dijo:

—Tío Paco, observa…

Francisco volteó a ver a Carlos y éste contestó.

—Es el héroe de la noche…

Y mientras los amigos se daban un entrañable abrazo, los pedazos de piñata rodaban por el suelo y los niños gritaban con algarabía:

“No quiero oro, ni quiero plata, yo lo que quiero es quebrar la piñata…”

 

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enero 1, 1970

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