Un abismo insalvable

“ Díaz Ordaz es culpable de la matanza de 1968” según el reciente “descubrimiento” hecho por López Obrador. La acusación del tabasqueño sale sobrando. Al...

27 de septiembre, 2019

Díaz Ordaz es culpable de la matanza de 1968” según el reciente “descubrimiento” hecho por López Obrador.

La acusación del tabasqueño sale sobrando.

Al peje lagarto se le olvidan muchas cosas.

Se le olvida que el 1º de septiembre de 1969, el entonces SEÑOR Presidente de México, se anticipó 50 años a la extemporánea acusación del ex priísta tabasqueño cuando dijo:

“…Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad: personal, ética, social, jurídica, política e HISTÓRICA, por las decisiones del Gobierno en relación con los sucesos del año pasado.”

Yo recuerdo con absoluta claridad los acontecimientos de 1968; nadie me los platicó ni me los tiene que platicar.




Recuerdo que el movimiento estudiantil habido en México poco antes de la XIX Olimpiada,  no fue un fenómeno aislado.

En Checoslovaquia se vivió la llamada “primavera de Praga” y la “revolución de terciopelo”.

En Francia el presidente Charles De Gaulle tuvo que enfrentar manifestaciones y desordenes sin precedente.

No habiendo olvidado los hechos presenciados en mi juventud, me es imposible separarlos de las muchas otras turbulencias acontecidas desde entonces.

Basta mencionar los actuales disturbios en Hong Kong, cuya apariencia espontánea no puede ocultar la mano de Estados Unidos que de esa manera busca doblegar a China en su guerra comercial.

Por si el río revuelto de México ’68 no hubiera tenido suficiente con los pescadores de la CIA, la KGB, el PCUS, el FBI y el largo etcétera de advenedizos infaltables, hay que añadir la pugna por la sucesión presidencial que ambicionaba el inmortal (porque nomas no se muere) Luis Echeverría Álvarez capaz de buscarla y alcanzarla al precio que fuera, siempre y cuando lo pagaran otros.

Los hechos del 2 de octubre de 1968 y los del 10 de junio de 1971 tienen tras de sí al mismo autor intelectual y material; sin embargo, Díaz Ordaz no le echó la culpa a terceros ni prometió investigaciones implacables ni inventó verdades históricas ni puso en marcha fiscalías especiales; Díaz Ordaz hizo lo que ningún otro político mexicano desde entonces, ha sido capaz de hacer: Conducirse COMO HOMBRE.

Echeverría (al igual que López Obrador) era hombre cuyos dichos eran desmentidos con sus hechos; era un chacal con piel de oveja que durante su campaña presidencial tuvo el descaro de proponer un minuto de silencio por los caídos de Tlaltelolco que el mismo mando al matadero.

La conducta de Echeverría en la Universidad Nicolaita de Michoacán, fue tan vergonzosa como la de López Obrador protegiendo al autor de la caída del sistema, de la muerte de Carlos Loret de Mola Mediz, de Manuel Buendía Tellezgirón, de Kiki Camarena Salazar, y ahora terrateniente y contratista de la 4T en materia energética, según parece.

Díaz Ordaz ha sido y sigue siendo el único presidente de México que ha tenido el valor de asumir semejante responsabilidad ante el Congreso Federal y ante la nación entera.

Si Díaz Ordaz estuvo equivocado o no, eso no le quita un ápice de merito a su conducta que dista años luz de la marrullería del actual pejesidente que se deslinda escurridizo de trucos futuristas como el de Jaime Bonilla en Baja California, diseñado para ver si se puede aprovechar del experimento en 2024.

Recuerdo el emocionado homenaje de Díaz Ordaz al Ejército Mexicano, al que veneraba como símbolo sagrado de nuestra nacionalidad y de nuestra patria, cuando refiriéndose a la tropa conformada por mexicanos muy jóvenes dijo en su informe presidencial, que había que “tener presentes a esos pobres juanes que rara vez conocen el calor de una caricia…”

No puedo imaginar a Díaz Ordaz pidiéndole al General Marcelino García Barragán que ordenara a sus tropas a soportar humillaciones, agresiones, ofensas, ataques, burlas y agravios permitiendo que de paso cualquier delincuente ultrajara los símbolos nacionales que nuestros soldados llevan en sus uniformes.

El reconocimiento hecho por Díaz Ordaz desde la tribuna del Congreso de la Unión el 1º de septiembre de 1969, NO estaba limitado a las consecuencias inmediatas de su declaración, sino dirigida a los mexicanos de todos los tiempos.

Díaz Ordaz no pronunció aquel párrafo “para el aplauso de la tribuna”; lo dijo para la historia; una historia que hoy quieren escribir a su gusto quienes consideran que asesinar a un octogenario como Don Eugenio Garza Sada, es un acto de valientes.

Quienes dicen que Gustavo Díaz Ordaz se atrevió a declararse responsable solamente “porque no había riesgo de consecuencias inmediatas”, olvidan que aunque fueran muy pocos, ya había diputados de oposición que bien podrían haberle tomado la palabra al presidente y cuando menos tener la dignidad de presentar una denuncia ante el Ministerio Público, para dejar constancia de su compromiso moral y político.

De Gustavo Díaz Ordaz podrán decir lo que quieran, pero nadie puede tacharlo de cobarde o de hipócrita ni negar su patriotismo y su amor por México.

No hay que olvidar la entrevista que se le hizo a Díaz Ordaz con motivo de su designación como embajador de México en España.

Su declaración como mexicano, como ciudadano y como hombre, sin protección ni fuero de ninguna clase, lo honra cuando dijo:

“…Pero de lo que estoy más orgulloso de esos 6 años, es del año de 1968, por que me permitió servir y salvar al país, les guste o no les guste; con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo: vida, integridad física, horas, peligro, la vida de mi familia, mi honor y mi nombre a la historia”.

Una vez más, nadie de la valiente izquierda presentó una sola denuncia para responsabilizarlo penalmente, porque hay comunistas de ocasión, que prefieren vivir como Carlos Trouyet diciendo que piensan como Carlos Marx.

Yo que fui testigo presencial de los acontecimientos de 1968, no podría quedarme callado ante la “acusación” indigna y extemporánea del expriísta tabasqueño que ha querido anotarse puntos de rating y popularidad a costa del Señor Presidente Díaz Ordaz.

Esa acusación de “hilo negro”, de valentía a toro pasado, lejos de engrandecer al peje lagarto, lo exhibe como mezquino, como francotirador de sombras, como los que dispararon desde el edificio Chihuahua la noche del 2 de octubre.

¿Existe algún punto en común entre Andrés López Obrador y el SEÑOR Presidente Díaz Ordaz?

¡Claro que sí!

Tienen en común y de por medio, UN ABISMO INSALVABLE.

Comentarios

“ Díaz Ordaz es culpable de la matanza de 1968” según el reciente “descubrimiento” hecho por López Obrador. La acusación del tabasqueño...

enero 1, 1970

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