Hay de López a López…

A principios de 1836, el General Antonio López de Santa Anna emprendió un viaje MUY DISTINTO del que ahora inicia el López que hoy ocupa...

8 de julio, 2020

A principios de 1836,  el General Antonio López de Santa  Anna emprendió un viaje MUY DISTINTO del que ahora inicia el  López que hoy ocupa  la Presidencia de la República.

A diferencia de AMLO, en 1836  Santa Anna no iba de rodillas ni con el rabo entre las patas; el General Santa Anna acudió a enfrentar la primera invasión gringa en El Álamo (Tejas), donde nuestras fuerzas triunfaron tras una batalla de dos semanas,  cuya victoria no se conoce ni se celebra en México. 

AMLO, hoy, salta obediente ante el chasquido de los dedos de su amo Trump y pasa por alto todas las ofensas, todas las humillaciones,  todos los agravios que el gobierno de Estados Unidos les hace a nuestros hermanos todos los días. 

En 1836, Santa Anna iba al frente, en la primera línea del Ejército Mexicano con el propósito de defender la soberanía nacional arriesgando personalmente la vida como siempre lo hizo; como lo hizo ante la Primera Intervención Francesa de 1838 cuando perdió una pierna al ser herido en combate.

 

Ninguno de sus detractores “liberales”  se atrevió jamás a cuestionar su  valentía; valentía que fue reconocida años mas tarde por Ethan Allen Hitchcock,  cronista militar que entró a México junto con las fuerzas invasoras comandadas por Zachary Taylor en 1846.

Allen Hitchcock narra en su crónica de la invasión a México que era frecuente ver al General Santa Anna en primera línea sin  armas,  dirigiendo a sus tropas, alentándolas a luchar predicándoles con su ejemplo.




Robert E. Lee el futuro General comandante de los confederados en la Guerra Civil de Estados Unidos, en sus memorias, también recuerda el valor de Santa Anna con el que se cruzó durante la batalla de Cerro Gordo en 1847cuando ambos se encontraron frente a frente durante una pausa “sanitaria”.

Santa Anna cayó prisionero de los mercenarios gringos tras la masacre de San Jacinto, en abril de 1836, porque precisamente se encontraba en la primera línea del combate y no cómodamente sentadito en Palacio Nacional hecho todo un fifí, como ahora lo hace el “austero y humilde” López Obrador.

Durante la campaña por la defensa de Tejas, las fuerzas mexicanas rescataron y liberaron a más de mil quinientos esclavos africanos (hombres, mujeres y niños) casi 20 años antes que Abraham Lincoln aboliera la esclavitud.

Esa proeza humanitaria honra a nuestros soldados y honra a  López de Santa Anna como su comandante.

Hoy, los soldados mexicanos son explotados como albañiles (sin sueldo)  para construir las obras “capricho” de López Obrador o para servir a Donald Trump como su policía migratoria a las orillas del Suchiate. 

Cuando fuimos derrotados en San Jacinto, los invasores exigieron que “les devolviéramos a sus negros” (1). 

México se negó a entregar a esos mil  quinientos seres humanos porque Tejas es territorio mexicano y por el solo hecho de pisar nuestro suelo, habían quedado liberados.

Esos hombres, mujeres y niños arrebatados de sus hogares en África, se asentaron en Tamaulipas donde hoy, sus descendientes siguen viviendo como hermanos nuestros que son.

Tras la derrota en San Jacinto, el General Santa Anna fue llevado preso hasta Washington  donde el presidente Andrew Jackson lo recibió como huésped distinguido alojándolo (sin condiciones ni arreglos oscuros) en la Casa Blanca en reconocimiento por su valor y  dejándolo ir en libertad sin condición alguna.

Santa Anna frente a Andrew  Jackson  se condujo con dignidad y fue tratado con todo respeto  porque con justicia lo respetaban a diferencia de lo que ocurre con AMLO que se postra  sumiso obedeciendo las órdenes de Trump.

Los últimos  twits del racista Trump  sobre los derechos de los Dreamers (DACA) “su hermoso y grande muro” y la migración “ilegal” están subiendo de tono mostrando su olímpico desprecio por Obrador  al que considera un “chocoflan” o un “brownie”  y por eso lo trata de una forma que no podría dispensarle al premier canadiense  Justin Trudeau que por cierto, se puede dar el lujo de no asistir de comparsa  a la celebración del T-MEC.

Hoy, Obrador, (que no se  merece ser comparado con Santa Anna), acude al llamado de su amo utilizando una línea aérea gringa, pisoteando la famosa investidura presidencial y agraviando con su abyecta sumisión a todos los mexicanos, especialmente a los que viven a merced de la jurisdicción ilegal de los Estados Unidos.

¿Con qué derecho dispuso de una aeronave de nuestra Fuerza Aérea para mandar recoger al narco Evo Morales,  Y AHORA NO UTILIZA EL MISMO AVIÓN PARA REPRESENTARNOS DIGNAMENTE EN VEZ DE HACERSE “LA PERRA FLACA”? 

López Obrador va a dar “las gracias” (¿las qué…?). 

AMLO ni en sueños se atreverá a mencionar los derechos soberanos de México en California, Nuevo México, Tejas, Arizona, Nevada, Utah, Kansas, Colorado, Wyoming  y Oklahoma (que fueron constituidos tomando porciones de nuestros territorios robados por los gringos).

Obrador ni de broma se atreverá a decirle al bully Trump que los mexicanos que viven al norte del río Bravo, NO SON ILEGALES.

Obrador ni siquiera tiene idea de lo que significa Cuauhcetcui, el águila que vuelve; el águila  de nuestros ancestros que guía a nuestros hermanos en el camino de nuestro regreso.

Ahora que Obrador va a rendirle homenaje a Lincoln, debería recordarles a los gringos que 25 años antes que Lincoln aboliera la esclavitud, el Ejército Mexicano realizó la primera liberación masiva de esclavos africanos, y nuestro país se negó a devolvérselos a quienes de decían sus dueños.

AMLO ni en sueños se atrevería a decir semejante cosa porque ignora ese episodio heroico de nuestra historia y aunque lo conociera, no lo mencionaría. 

AMLO (que en inglés solamente sabe decir “yes boss”) debería exigir que se quite la referencia a Palacio Nacional que forma parte del himno de los U.S. Marines que es OFENSIVO PARA MÉXICO (2). 

Antonio López de Santa Anna hipotecó sus haciendas de Manga de Clavo y El Lencero para allegarse recursos para pagar los gastos de la defensa de nuestra patria. Así lo confirma el historiador José María Roa Bárcena  en su obra “Memorias sobre la Invasión Americana” escrita en 1850.

Cuando digo que López Obrador no se merece ser comparado con López de Santa Anna, lo digo en obsequio del valiente general veracruzano.

López Obrador cada vez que puede asegura que “no es un vendepatrias”, pero pasa por alto que abstenerse de hacer patentes los derechos de México en California, Nuevo México y Tejas lo convierte  precisamente en vendepatrias.

Callarse ante la política persecutoria de Trump contra nuestros compatriotas al norte de Río Bravo lo convierte en vendepatrias.

Permitir que Trump se jacte de su grande y hermoso muro sin hacer valer nuestros derechos lo convierte en vendepatrias.

 

Es verdad que los dos personajes se apellidan López, tanto Obrador como Santa Anna, pero aquí es puntualmente aplicable el viejo dicho:

Hay de López a López; y aunque ambos sean López del  mismo barro, no es lo mismo bacín  que jarro (3).

      __________________________________

(1) México se negó a suscribir la cláusula 5ª del Convenio de Velasco en la que se nos exigía devolverles a sus negros junto con sus otros animales.

 

(2) “From the Halls of Montezuma to the shores of Tripoli; we fight our country’s battles in the air, on land, and sea…”

Los “Halls of Montezuma”,  se refiere a lo que hoy es el Palacio Nacional.

Ese himno es una ofensa directa a los mexicanos, pero Obrador ni en broma se atreverá a exigir que se retire esa línea del himno de los Marines; mucho menos hara valer los derechos soberanos de México pendientes desde 1848 ante Estados Unidos.

  • Bibliografía referente a lo aquí sostenido:
  • “Heridas que no Cierran”, Julio Chavezmontes, Editorial Grijalbo, Colección de Política Mexicana, ISBN 968-419-008-5
  • “The Comeback River”,  Julio Chavezmontes, A.C. Publishing, Great Britain,  ISBN 978-3-00-055991-4
  •  Bacín; Nombre masculino; orinal o bacinica, en especial el bajo  y cilíndrico que se usaba antiguamente.

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A principios de 1836, el General Antonio López de Santa Anna emprendió un viaje MUY DISTINTO del que ahora inicia el López...

enero 1, 1970

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