Con el 15% del corazón

¿De qué somos capaces los mexicanos? ¿Estamos condenados a vivir sometidos por los indicadores financieros, bursátiles o económicos; o por las paridades monetarias? ¿Necesitamos pedirle...

6 de diciembre, 2019

¿De qué somos capaces los mexicanos? ¿Estamos condenados a vivir sometidos por los indicadores financieros, bursátiles o económicos; o por las paridades monetarias? ¿Necesitamos pedirle permiso a alguien para dar lo mejor de lo que somos capaces?

Hoy recibí un correo desde Chinameca, Morelos, en el que la esposa de mi amigo (hermano) Renato Cárdenas, (Rosa Mary), me compartió una noticia que a mi vez me siento impelido a compartir con usted.

Con motivo del sismo del 19 de septiembre de 2017, la iglesia de Chinameca, Morelos, resultó seriamente dañada.

Ninguna autoridad municipal, estatal ni federal realizó obra alguna para reparar el templo afectado, ni tampoco ayudaron a reconstruir ni una sola de las casas de la pequeña población.

El casco de la hacienda de San Juan Chinameca, remodelado por el gobierno federal durante el sexenio de Felipe Calderón, resintió los efectos del temblor, pero tampoco ha sido reparado por autoridad alguna.

¿Qué importancia tiene que en un recóndito paraje de nuestra patria se esté reparando una iglesia “sin importancia, carente de valor artístico o histórico”?




El caso de la pequeña iglesia parroquial de Chinameca, tiene una inmensa importancia, porque refleja múltiples virtudes y fortalezas que caracterizan a los hombres y mujeres de nuestra patria.

La reparación la han emprendido los feligreses, pero no solamente con su trabajo manual, sino con sus propios recursos recolectados a base de rifas, venta de pasteles ¡y sobre todo, con remesas enviadas por los hijos de Chinameca desde Estados Unidos!

El puente de amor indestructible que nos liga con nuestros hermanos al Norte del Río de los Regresos (1), prevalece sobre cualquier muro  y vence todos los intentos de impedir el flujo del torrente afectivo que fertiliza los corazones que se aman por encima de cualquier limitación.

De la misma forma que los hijos de Chinameca reconstruyen su parroquia sin importar qué tan lejos estén, todos los hijos de México con su esfuerzo diario, sostienen a nuestra patria,  y  ven por sus familias, dándonos la unidad espiritual que nos permite alentar la esperanza de cada día, y la construcción de mejores tiempos.

Yo conocí Chinameca gracias a la invitación de mi amigo/hermano Renato, ¡hace casi 50 años!

La casa de sus padres (Doña Sidonia y Don Amadeo), es el epicentro de la convivencia diaria convocada a través del megáfono de la panadería, que lo mismo invita a comprar los bolillos recién horneados, que a recibir la llamada de un hijo, padre, madre o hermano distante que quiere hablar con los suyos, o dedicarles unas “hermosas mañanitas”  en festejo de algún cumpleaños o de un santo.

El pilar que sostiene a la muy grande familia Cárdenas, es Doña Sidonia; la matriarca que manda “sin mandar”; la joven octogenaria que sigue cantando a coro con sus hijos; la madre a cuya sombra revolotean las parvadas de nietos y bisnietos; la mujer que  desafía a la ciencia médica decidida a seguir viviendo para regocijo de quienes la queremos, y eso, “con solamente el 15% de su corazón funcionando”…

El 15% de corazón de Doña Sidonia, equivale a la fuerza de muchos corazones más; esa clase de fuerza invencible, es la que ha permitido reconstruir la iglesia parroquial con la generosidad que viene desde distancias inimaginables.

¿De qué somos capaces los mexicanos?

¿Estamos condenados a vivir sometidos por los indicadores financieros, bursátiles o económicos; o por las paridades monetarias?

¿Necesitamos pedirle permiso a alguien para dar lo mejor de lo que somos capaces?

Los mexicanos, impulsados por el amor de mujeres invencibles como Doña Sidonia, somos capaces de cualquier proeza.

Los indicadores financieros; la tasa cero del PIB; la deuda externa o eterna; los partidos políticos y sus acarreos de siempre; sus mentiras de siempre, nada pueden frente a la verdad deslumbrante que irradia la esencia de nuestra patria desde ese rincón sagrado de Morelos, que poquísimos políticos conocen, entienden, sienten y (gracias a Dios), escasamente visitan.

La reconstrucción de la iglesia parroquial de Chinameca, y de las casas de sus habitantes, no necesita subsidios ni permisos administrativos.

Para que nuestra patria salga adelante, no hacen falta membretes ni la proclamación de transformaciones irreversibles.

Lo único irreversible es nuestra identidad y con ella, la decisión obstinada de persistir a pesar de los pesares.

Eso es lo que hoy he sentido al enterarme de la reconstrucción del templo parroquial de Chinameca; y es lo que siento cada día invitando a tratar de seguir el ejemplo de doña Sidonia, que no solamente se niega a morir, sino que reparte vida sonriendo y cantando, mientras terremotos van y terremotos vienen; ¡y eso que solamente le funciona el 15% del corazón!

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  1. El Río de los Regresos. Es el torrente que los gringos han intentado en vano utilizar como barrera, buscando inútilmente impedir el cruce de nuestros hermanos cuya fuerza imparable se hace sentir hasta la frontera con Canadá.

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@JulioMessner

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¿De qué somos capaces los mexicanos? ¿Estamos condenados a vivir sometidos por los indicadores financieros, bursátiles o económicos; o por las paridades...

enero 1, 1970

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