¿Alguien se acuerda de Emmet Till?

¿Por dónde comenzar a explicar los recientes disturbios en los Estados Unidos? ¿De dónde proviene el racismo que se niega a desaparecer? ¡Los llamados “padres...

3 de junio, 2020

¿Por dónde comenzar a explicar los recientes disturbios en los Estados Unidos?

¿De dónde proviene el racismo que se niega a desaparecer?

¡Los llamados “padres fundadores” de los Estados Unidos eran dueños de esclavos!

Su declaración de independencia proclama que “all men are created equal”…

PERO  George Washington,  Thomas Jefferson, Andrew Jackson, Benjamin Franklin  y demás “próceres” de los Estados Unidos,  ¡NO consideraban que las mujeres y los negros fueran seres humanos iguales a ellos!

Para los expansionistas angloamericanos que se robaron California, Nuevo México y Tejas,  los mexicanos tampoco éramos seres humanos.

El senador John Calhoun  de Carolina del Sur fijó su posición racista  respecto a México diciendo que  “Estados Unidos no podía anexarse todo México  porque nuestra patria estaba plagada de indígenas y mestizos que eran un lastre inadmisible”.

Esto lo afirmó en su discurso del 2 de enero de 1848 frente al Congreso de los Estados Unidos a un mes de que se nos impusiera el Tratado Guadalupe Hidalgo.

Los Estados Unidos se anexaron Tejas con el propósito de introducir ahí el tráfico de seres humanos conocido como esclavitud.

El senador Thomas Corwin del estado de Ohio, denunció a los expansionistas gringos en su discurso en defensa de México, pronunciado el 11 de febrero de 1847 ante el Congreso delos Estados Unidos, y advirtió que la introducción del tráfico de esclavos a Tejas traería un conflicto grave para su país, como finalmente ocurrió entre 1861 y 1865 durante la Guerra Civil.

No deja de ser irónico que los Estados Unidos hayan condenado airadamente las Leyes de Núremberg  de 1936 cuando en los antiguos Estados Confederados del Sur seguían vigentes las  disposiciones racistas conocidas como Jim Crow Laws  que eran idénticas a las impuestas por los nazis en Alemania menos de 100 años después.

¿Quién no ha oído sobre la  “discriminación racial sufrida” por el velocista Jesse Owens  durante la Olimpiada de Berlín en1936?

PERO da la casualidad de que, la versión propagandística de los gringos sobre el maltrato dispensado a Owens  fue una total mentira.

Hitler no  se enfureció por el triunfo del atleta negro ni se negó a saludarlo, tampoco se retiró del estadio olímpico para no tener que darle la medalla de oro…

Hitler no le impuso a  ningún atleta medalla olímpica alguna porque no le correspondía  hacerlo.

Todas las mentiras divulgadas sobre el episodio  fueron desmentidas por el propio Owens en sus memorias.

El pueblo alemán siguió con entusiasmo los éxitos de Owens; lo recibieron sin problema alguno en el elegante y NO excluyente Hotel Adlon en pleno corazón de Berlín, y donde quiera que fuera los “arios” alemanes le pedían autógrafos y lo felicitaban o se tomaban retratos con él. 

Sin embargo, cuando Owens volvió a Estados Unidos,  el presidente Roosevelt de verdad se negó a recibirlo en la Casa Blanca.

Lo mismo le sucedió a Muhammad Ali (Cassius Clay) cuando regresó a Estados Unidos con su medalla de oro ganada en las Olimpiadas de Roma. A su regreso de Roma no le permitieron entrar a un restaurant “solo para blancos” en Kentucky, y en protesta  se dirigió al río más próximo y arrojo ahí su medalla olímpica.

El monstruo que sigue vivo…

El pasado 25 de mayo en  Minneapolis,  un afroamericano de nombre George Floyd fue detenido por cuatro policías blancos, uno de los cuales Derek Chauvin  hizo caso omiso de las súplicas de Floyd que repetidamente le rogaba  que quitara la rodilla de su cuello porque no podía respirar. Chauvin mantuvo a Floyd bajo su rodilla y contra el pavimento por más de ocho minutos a pesar de que después de los primeros seis minutos el detenido dejó de suplicar y quedó en silencio.

La autopsia oficial practicada al cadáver de George Floyd favorece al oficial de policía Derek Chauvin,  en tanto la necropsia independiente dice que la muerte fue ocasionada por el oficial de policía y que la víctima murió por asfixia y paro cardiaco.

Lo ocurrido a George Floyd  en Minneapolis (que nada tiene que ver con los estados confederados del  viejo sur llamado Dixieland)  me hizo recordar el episodio de otro afroamericano,  el adolescente de 14 años de edad,  de nombre Emmet Till, linchado en Mississippi el 28 de agosto de 1955 por atreverse a decirle a una joven de raza blanca que se veía bonita.

Sus asesinos fueron dos anglosajones  de nombres Roy Bryant y su medio hermano J.W. Milam, que  fallecieron hace muchos años. A pesar de constar su participación en el linchamiento y asesinato del jovencito Till,  fueron absueltos por un jurado integrado exclusivamente por ciudadanos de raza blanca…

Ahora tenemos el asesinato de George Floyd que revive episodios como el de Rodney King en 1991 en Los Angeles, donde los policías que lo medio mataron a golpes fueron declarados inocentes y quedaron sin castigo, dando lugar a los disturbios que sacudieron a California en ese entonces.

A raíz del asesinato de George Floyd y del manejo hecho por las autoridades criminales, se han desatado motines, disturbios y saqueos azuzados por el mismísimo Donald Trump que en vez de llamar a la cordura y condenar el asesinato,  ha amenazado abiertamente a los muchísimos descontentos. El presidente de Estados Unidos tuvo que ocultarse en el bunker de la Casa Blanca porque los disturbios sobre avenida Pennsylvania  hicieron que el Servicio Secreto pusiera a Trump a salvo.

Mientras el racista Donald Trump amenaza a los descontentos con reprimirlos con armas temibles y lanza a los militares a las calles,  yo quiero traer  ante sus ojos las palabras del poeta Nicolás Guillen que abrazó al  joven Emmet Till con el bálsamo incomparable de su voz:

En Norteamérica,

La Rosa de los Vientos

Tiene el pétalo sur rojo de sangre.

El Mississippi pasa

¡Oh viejo río hermano de los negros!,

Con las venas abiertas en el agua,

El Mississippi cuando pasa.

Suspira su ancho pecho

Y en su guitarra bárbara,

El Mississippi cuando pasa

Llora con duras lágrimas.

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