Sobre la novela “El hombre nacido en Danzing” de Guillermo Fadanelli

Recomendar un libro también es un acto de compartir, es alargar la conversación. De esta manera el diálogo crece y se nutre, nos nutre: se...

29 de enero, 2016

Recomendar un libro también es un acto de compartir, es alargar la conversación. De esta manera el diálogo crece y se nutre, nos nutre: se vuelve poesía pues ésta “es sonido, palabra en el tiempo, palara viva que oímos” (Octavio Paz).

La poesía tiene todo el tiempo del mundo dijo el escritor y poeta surrealista André Breton, así los libros, porque éstos siempre esperan inmóviles, en el espacio sin límites que es la nada, a sus lectores.

Encontrarse con las palabras escritas en un libro es volver a otros pensamientos, otras ideas, a veces en forma de ensayo; otras, en poemas; y algunas más, en novelas, como es el caso del libro del que les hablaré ahora: El hombre nacido en Danzing (Almadía/Conaculta, 2014) del escritor mexicano Guillermo Fadanelli.

Rescatar a los que esperan ser rescatados de buena o mala manera, en forma novelada o no, es también desenterrar, no el pasado, sino el futuro; es decir, lo que se puede originar a partir de ello, como puede ser un pensamiento nuevo o un complemento a éste, siempre será enriquecedor.

En este caso Fadanelli devuelve un mucho de las ideas misóginas del filósofo alemán Arthur Schopenhauer: el hombre nacido en Danzing.

Y el filósofo mencionado viene a cuento en esta novela de humor negro —de “sátira a la novela de detectives, el sexo, el basquetbol (…) y los abismos mentales de un hombre en apariencia desgraciado”— no solo en la interacción que tiene el personaje central de la novela con el filósofo, sino que le da el soporte ideológico a todo el planteamiento que presenta la novela de cara al lector.




Es decir, G. Fadanelli, revive y reconfigura en el hoy, en su miserable personaje,  las ideas centrales de una filosofía misógina dicha por un alemán del siglo XIX, que parecía muerta en estos tiempos modernos y que sin embargo, sigue presente y viva en el cuerpo de muchos hombres.

En esta novela se reinterpretan para hacerlas encajar en nuestro contexto actual, varias de las afirmaciones de Schopenhauer, para ello la novela necesita de un ojo que lo esté mirando todo desde afuera, como desde el desapego, el observador que ayuda al lector a encontrar el cauce: Riquelme, el detective privado que es contratado, por el personaje central de la novela, para localizar a Elisa Miller, esa fantasma, esa mujer ausente que es la causa de una “sarta de equivocaciones cometidas a lo largo de una vida sin dirección”.

Culpar siempre al otro, a ellas, con las que tiene sexo: mujeres que dan lo suyo, porque entienden es la única salvación del perdido, del que siempre sospecha, de ese temeroso que habla con muertos de tan solo.

Y no hace falta nombrar al personaje de esta novela, porque éste se significa por sí mismo, se entiende que el personaje le está dando voz al otro, a ése que escribe, a la manera del Chinaski de Bukowski que es el propio autor contándonos su vida, su inmensa biografía llena de naderías, porque también de esa forma se entiende y se vive.

Guillermo Fadanelli, entonces, conversa, no sólo con Schopenhauer, sino con Kant, Séneca, Rosseau y otros, de alguna forma él también quiere entenderse en su historia, resolverse a ojos del lector y de ese detective que no es más que esa otra parte de nosotros que nos conoce perfectamente, a la que no podemos engañar; esa voz que luego no toleramos porque nos desnuda, aquella que no podemos refutar, porque es nuestra verdad interior, eso que está detrás de nuestra máscara que nos colocamos a diario para no dolernos en la cara de los demás.

El hombre nacido en Danzing es una gran obra de un autor que no merecía (o tal vez sí) haber estado tanto tiempo en ese limbo de las palabras quietas.

Es hora de ir a las obras de Fadanelli y entablar la conversación con ése que ha invertido todo su dinero en la destrucción de su cuerpo: “suelo decirle a mis amigos que sólo de verme saben que no les he mentido”.

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