El pony colorado y la pérdida de la inocencia

El pony colorado es un clásico de la literatura.

4 de mayo, 2018

El pony colorado es un clásico de la literatura. Escrito por uno de los más grandes autores del siglo XX, John Steinbeck. Esta obra se compone de cuatro historias, cuyo protagonista es Jody, un niño de diez años, hijo de unos pequeños rancheros del valle de Salinas, California.

Historias que reflejan la vida del campo, aparentemente simple, pero que detrás de esa fachada se viven las mismas tragedias humanas que nos marcan y nos dan significado, sin importar el sitio.

Jody encarna la inocencia de la niñez. Su naturaleza, esa confianza de la que nos llenamos de niños, aparece en la primera historia. La vida ahí, en ese rancho, es otra cosa, algo que creemos salvaguarda de los peligros y de los accidentes de la vida urbana, de ese vértigo y sin embargo…

En ese contexto, también hay que pasar filtros de madurez. Y tal filtro es aprender a montar, dominar a un caballo.

Ser hombre significa eso. Ser hombre es estar montado en tu caballo, mirando a todos desde arriba.

Jody lo sabe y lo anhela, como todos los niños del pueblo. En algún momento le regalan un pony del que debe hacerse responsable, y al que le ayudará en la crianza Billy Buck “el mejor criador de caballos del condado”.

Ahí inicia el proceso del que nadie podrá escapar, el paso del querer al hacer, del desear al tener, del proyectar al realizar. En ese camino podemos perderlo todo, salir llenos de cicatrices, con una visión distinta de las cosas.

Jody no será la excepción. A Jody se le irán cayendo sus dioses (Billy Buck, su padre, etcétera) en cada una de las historias. Se da cuenta a muy temprana edad que la vida no es tan simple, que la naturaleza tiene formas muy extrañas de hacernos entender que no, que su belleza no radica en sus maneras, sino en las experiencias que nos dejan sus actos.

La naturaleza sacrifica, siempre. La naturaleza no es compasiva, porque no puede ser de esa forma, porque no puede no dejar de seguir, de mantener cierta estabilidad. La naturaleza empuja a lograr fortalezas, a desprendernos de ingenuidades. La naturaleza no quiere ser venerada sino entendida. La naturaleza le cumple todo esto a Jody, un niño que consigue ver de frente a la muerte, ver las entrañas saliéndosele del cuerpo de lo que ama; logra mirar en su plenitud, la cara más sórdida de la venganza.

La muerte es uno de los elementos que configuran esta inmensa obra.

John Steinbeck cuenta sus historias como alguien que lo ha visto todo, al que ya no le sorprende nada. Recuerda y escribe. Se sienta en frente de los lectores a contarnos descarnadamente, la realidad. Allí, no hay simpleza alguna: hay vidas pasando filtros, hay hombres y mujeres endureciéndose. Hay seres humanos siendo eso, humanos.

La gran literatura sugiere –lo que hay detrás de las palabras y las imágenes que aparecen en nuestra mente-, y en las obras de Steinbeck siempre están esos puntos sugerentes los cuales anuncian que, detrás del tierno pony colorado, hay una serie de eventos dramáticos del que seremos testigos nosotros los lectores.

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