Crónicas de seis siglos

“El libro [es] un vínculo de memoria (…) uno de los ejes de la identidad del hombre o de una comunidad” escribió el ensayista, poeta,...

15 de enero, 2016

“El libro [es] un vínculo de memoria (…) uno de los ejes de la identidad del hombre o de una comunidad” escribió el ensayista, poeta, novelista y bibliotecólogo venezolano Fernando Báez, y esto viene a cuento porque el libro del que hablaré a continuación, ejemplifica y da certeza a tal cita.

La ciudad que nos inventa, crónicas de seis siglos (Cal y Arena, 2015) del escritor y periodista mexicano Héctor de Mauleón, conjunta una serie de crónicas (entre 1509 y 2014) que nos  hablan del pasado de sus habitantes, sus construcciones y cambios radicales que ha sufrido la Ciudad de México, de la misma manera, da cuenta de cómo las personas que pasearon por la Alameda Central hace siglos, siguen siendo las mismas que la recorren actualmente,  no hemos cambiado tanto: seguimos siendo nuestro pasado.

Rafael Pérez Gay es categórico con respecto a La ciudad que nos inventa: “es el libro más importante que se haya escrito en el México moderno sobre el laberinto urbano que habitamos día a día”. Esta obra nos alimenta en “historia social, datos curiosos, revelaciones insólitas” y tantos otros asombros que deambulan por cada una de las crónicas que, por lo demás, están escritas desde el que pasea y camina las calles en dos tiempos, el del ahora y el ayer.

De Mauleón, en palabras de Pérez Gay, “ha devuelto a la crónica sus poderes: voluntad de estilo, erudición, sencillez y profundidad a un tiempo, pasión por los secretos, gran misterio revelado en un relámpago histórico”.

Eso es precisamente lo que atrapa: el misterio que subyace en la capa de modernidad que lo ha invadido todo pero que poco a poco se va revelando entre las líneas de una prosa que va recorriendo, al mismo tiempo que el lector, esa Ciudad enterrada por el asfalto.

Es un libro que no solo representa el adquirir ciertos datos que nos servirán para comentar en la sobremesa; sino que nos harán preguntarnos si de alguna forma podemos llamarnos modernos o simplemente somos la continuación de aquellos hombres que en 1775 (año en que abrió sus puertas el Nacional Monte de Piedad), iban a empeñar sus “zapatos, calzones, pistolas, hebillas”, etcétera, tal como lo hacemos ahora, claro, con objetos de actualidad, en momentos como el referente en nuestros tiempos: la cuesta de enero.




Enterarnos de que en algún lugar de la Alameda Central se encuentra una piedra grabada con el año de su construcción y el nombre de su creador o cómo fueron desapareciendo cada uno de los canales que surcaban el Centro de la ciudad.

O el día que llegó la peste, la viruela, y con esto el rescatar al precursor de la vacunación en México, o cómo los primero cuerpos de bomberos eran integrados por arquitectos y albañiles.

También el nacimiento de la primer periódico formal: la Gazeta de México en 1722, e incluso, saber que la Ciudad de México tuvo al hombre que inspiró a Julio Verne a escribir La vuelta al mundo en ochenta días, son algunos de los hallazgos que se encontrará el lector en este libro.

Vale la pena recordar junto a estas crónicas, quiénes fuimos, cómo éramos ayer, cómo nuestros vendedores callejeros siempre han habitado los mismos espacios, dejándose al mismo ruido proveniente de esas bocas que anuncian todo.

Con esta obra volvemos a mirar el reflejo de aquellos hombres de otros siglos que no se ha hecho tan viejos como creíamos, como pensábamos.

Que aquella pobreza y riqueza que se narraba en el siglo XVII, conjuntada en un mismo espacio, eso diametralmente opuesto, sigue estando presente en la actualidad cuando se ve a un hombre perfectamente vestido, caminando por la Alameda, justo a un lado de un puñado de niños que juguetean en las fuentes y que pareciera no tienen más que eso para que entonces la vida tenga algún sentido.

El libro, en específico éste, nos da eso que muchos desdeñan o no ven: identidad, y con ello, una vez más, nos ofrece otra razón para leer.

Comentarios

“El libro [es] un vínculo de memoria (…) uno de los ejes de la identidad del hombre o de una comunidad” escribió...

enero 1, 1970

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