La epifanía de Beltrones

Nada como un evento traumático para propiciar una epifanía.

26 de octubre, 2016

Nada como un evento traumático para propiciar una epifanía. Manlio Fabio Beltrones (MFB), el hombre de la “sabiduría” y “habilidad” política, el de la enorme experiencia, tuvo su trauma el pasado 5 de junio, cuando el partido que dirigía perdió siete de las 12 gubernaturas en juego y no sólo tres, como había pronosticado. Ahí empezó a ver la luz. Llamó a su organización a hacer una revisión de los resultados y aseguró que estos tenían una “explicación multifactorial”. En palabras diferentes: quién sabe qué cosa nos pasó encima. Al presentar su renuncia citó, tardíamente, una frase de Luis Donaldo Colosio: “Lo que los gobernantes hacen, sus partidos lo resienten”, en clara referencia a gobernadores modelo Javier Duarte. Posteriormente, dejó que muchos analistas divulgaran la especie de que había querido hacer las cosas distintas, pero “alguien” no lo había dejado. Ese alguien, por supuesto, no podía ser otro que el presidente Peña Nieto (o Videgaray, el malo). En síntesis, Beltrones se fue sin dar una explicación cabal de las derrotas y sin asumir por entero la culpa. De todas formas, Peña es el culpable a modo.

Pero la mente de Beltrones siguió con su epifanía, comprendiendo la esencia de las cosas. Recientemente, “descubrió” que el sistema político está “agotado” porque estaba hecho para funcionar con un partido hegemónico. Bien, el político sonorense sólo se tardó 28 años en darse cuenta de este agotamiento sistémico, si tomamos en cuenta que, en 1988, el PRI dejó de ser hegemónico (o 16 si partimos de la alternancia en el año 2000). Hay que buscarse epifanías más rápidas.

Instalado en el asunto, propone, para recuperar “la gobernabilidad perdida” (¿dónde está Marcel cuando se le necesita?), arribar a la fórmula de los gobiernos de coalición, asentados en la Constitución General de la República desde 2014, pero sin un aterrizaje concreto a falta de la ley reglamentaria del Artículo 89 constitucional. Señala que si el candidato ganador en los comicios presidenciales no logra el 42% de votación, automáticamente estaría obligado a concretar un gobierno de coalición.

Desde luego, la propuesta beltroniana no tiene dedicatoria para nadie, en teoría, pero está destinada a hacer ruido y poner a Beltrones en el mapa político de nuevo. Es una especie de levantar la mano. Qué bueno que el sonorense es hombre de ideas, lo ha sido desde hace años, pero lo real es que le llegaron las epifanías precisamente cuando perdió su poder y su cargo. Se suma, así, a la larga lista de políticos derrotados que, súbitamente, descubren las carencias del sistema y tienen propuestas audaces y renovadoras. Lo verdaderamente interesante hubiera sido que se le ocurrieran cuando era presidente del PRI nacional.

Ahora la preguntan no es qué quiere Manlio Fabio Beltrones, sino: ¿cómo pretende regresar a los lugares relevantes del escenario político? ¿Son sus entrevistas y declaraciones un mensaje a Peña Nieto y/o a los priistas?, ¿llamados para advertirles que cuenta con suficiente poder como para ser hecho a un lado? Es probable. Recordemos la corriente democrática. 

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enero 1, 1970

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