El Diario Sermón del Palacio Nacional

La manera en que el presidente de México se dirige a la nación para presentar e informar las acciones del gobierno que encabeza, vaya que...

27 de febrero, 2020

La manera en que el presidente de México se dirige a la nación para presentar e informar las acciones del gobierno que encabeza, vaya que es singular. Todas las mañanas expone, provoca el debate circular que tanto le gusta, a menudo dando vueltas a la historia del país como él la entiende para exponer su ideología de lo cual está obviamente convencido. El hecho es que un individuo que tiene una alta responsabilidad me parece que debe preguntarse de vez en cuando si realmente tiene razón. ¡Dicen que es de sabios cuestionarse! La pregunta que me surge es que si lo que dice va de acuerdo con un plan preconcebido y con toda intención, o si le gana la emoción. 

La serie de reformas sustanciales que se ha propuesto ejecutar al parecer no convencen y van a tomar un siglo para que se hagan realidad; mientras tanto, va borrando todas las iniciativas del pasado: la reforma energética, la educativa, y ahora el sistema de salud con la creación del INSABI, etc. Creo que heredó un desastre. El hecho es que en lo que va del sexenio no hay crecimiento económico —al contrario— y sin éste, asegura Alfonso Romo: se va a dificultar el éxito de la 4T. El funcionario dijo que si no se detona el crecimiento económico, el gobierno de AMLO no podrá cumplir nada… ¡Grave! En mi opinión, sin crear confianza no se va a lograr crecimiento. 

Sus programas sociales de repartir, repartir y repartir dinero no parecen ser una estrategia para crear la riqueza que se requiere. El discurso para erradicar el flagelo de la corrupción no sabemos si realmente funciona. Se reúne temprano todas las mañanas con el gabinete de seguridad y todavía no puede entregar buenas cuentas. ¿No habrá que buscar otra estrategia?

A pesar de que Andrés Manuel López Obrador es el presidente con más poder desde que el PRI gobernaba —antes de los 36 años del funesto neoliberalismo que nos gobernó— el presidente disponía a su beneficio —o a su antojo— de todos los Poderes de la Unión. Ahora, López Obrador vuelve a disfrutarlos —tenerlos bajo su mando— pero en su visión tiene algunos demonios en contra, todos arropados bajo el conservadurismo al que invoca prácticamente todos los días. En mi opinión, no fue el neoliberalismo el problema, fueron la gran cantidad de bandidos que nos gobernaron sin medida durante ese penoso período. El resultado es que los pobres siguen siendo muy pobres y como consecuencia, la inseguridad proliferó como yerba mala en un potrero descuidado. 

Ayer, 26 de febrero encabezó la presentación del “Padrón de Confianza Ciudadana”. Un programa para evitar que los propietarios de negocios, micro, pequeños, medianos y grandes empresarios sean extorsionados por inspectores mañosos, como sucede a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Éstos podrán inscribirse para firmar un “Manifiesto de Cumplimiento y Constancia de Registro” que les permitan estar preparados ante inspecciones aleatorias.

Para inscribirse hay que entrar a www.confianzaciudadana.gob.mx 




El mandatario indicó que se trata del procedimiento de aplicación de la Ley de Fomento a la Confianza Ciudadana. El objetivo, precisó, es “que no haya inspectores en la vía pública, que no se dé pie a la extorsión, a la mordida, al moche y que el dueño de un establecimiento comercial, de una empresa, manifieste que conoce su responsabilidad y se compromete a cumplir los ordenamientos legales; que, de esa manera, bajo protesta de decir verdad, ya no sea molestado y extorsionado”. 

Así pues, programas van y programas vienen… Este propone darle “confianza al ciudadano” o es para ahorrar y eliminar a los inspectores de la calle. 

Todas las mañanas el presidente no puede evitar pronunciar, como parte de su sermón, acusaciones a los conservadores, o señalar a ciertos columnistas que lo critican, con ello no contribuye a la unidad que el país necesita. Le encanta alimentar a sus críticos, que muchos de ellos fundamentan sus comentarios. El sermón bien pudiera cambiar. Les conviene a todos.

Me llamó mucho la atención la columna del escritor y periodista Jorge Zepeda Patterson en el diario español El País, que generalmente está con él, que intituló  Dos presidentes gobiernan a México. En su artículo argumenta que México está gobernado por dos presidentes: el hacedor y el predicador. Los dos están dentro de AMLO. Por un lado, hay un político transformador con enorme sentido práctico, por otro, un líder espiritual convencido que puede cambiar los valores morales. Comienza a ganar el segundo… Bien vale la pena leerlo. El presidente debería leerlo.

 

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enero 1, 1970

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