Con frecuencia nos enteramos de que en algún lugar del país los habitantes de una comunidad atraparon a uno o varios supuestos criminales y los mataron antes de que pudieran ser rescatados por la policía.
Si de por sí es preocupante que un grupo de personas tomen la ley en sus manos y asesinen tumultuariamente a supuestos delincuentes, más preocupante es que estas ejecuciones ciudadanas se estén dando cada vez con más frecuencia.
El linchamiento más reciente se dio ayer en la mañana en Santiago Atlatongo, en el municipio de Teotihuacán, en el Estado de México, cuando unas 500 personas detuvieron a dos hombres y una mujer que supuestamente habían secuestrado a un joven de la comunidad. La turba se los llevó al quiosco del pueblo en donde fueron brutalmente golpeados. Uno de los hombres murió en ese lugar antes de que la policía pudiera llegar al lugar y la mujer falleció cuando era transportada al hospital después de ser rescatada. El sobreviviente quedó en manos del ministerio público. 18 personas están arrestadas por su participación en este doble homicidio.
Según vecinos que fueron luego entrevistados, las tres personas que fueron linchadas pertenecían a una banda de secuestradores que opera en esa zona y en el vecino estado de Hidalgo.
También ayer en la mañana, en un lugar cercano a Teotihuacán, un grupo de habitantes de Tepexpan, en el municipio mexiquense de Acolman, trataron de linchar a un hombre después de que supuestamente lo sorprendieron cuando se robaba una báscula de una tierra de abarrotes. Este individuo se salvó de morir gracias a que fue rescatado por policías municipales que lo llevaron a un hospital cercano para que le curaran las heridas que recibió cuando lo golpearon los vecinos.
De acuerdo a Raúl Rodríguez Guillén, autor del libro Linchamientos en México, 1988-2014, en 2015 se perpetraron 78 linchamientos en México, más del doble de los registrados en 2014.
En una entrevista que concedió el año pasado, Rodríguez Guillén dijo que “las acciones de la muchedumbre tienen su origen en la desesperanza e impotencia que comparten muchas personas en México, donde el 98 por ciento de todos los asesinatos quedan sin resolverse y el estado se encuentra virtualmente ausente en algunas áreas. Según algunos estimados, sólo el 12 por ciento de todos los delitos son denunciados en México, en gran parte debido a una falta de fe en que en verdad se llegue a hacer justicia. Hay una crisis en términos del crecimiento de la violencia y de la delincuencia, en paralelo con la erosión de la autoridad y la ley. Estos linchamientos adquieren un doble sentido. La gente lincha tanto al sospechoso como al símbolo de la autoridad”.
El linchamiento es, pues, una medida desesperada que un grupo de personas adopta porque está convencida que la autoridad no sirve para nada y que policías, agentes del ministerio público y jueces, de alguna manera u otra, permiten que los delincuentes cometen sus crímenes con absoluta impunidad.
Los que mandan en los poderes Ejecutivo y Judicial, tanto a nivel federal como estatal, deberían asumir su responsabilidad y exigir que los responsables de otorgar seguridad y procurar e impartir justicia hagan su trabajo. Si no pueden, que renuncien.
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