Manejaba ayer mi camioneta a eso de las 12:15 de la tarde sobre la avenida Fray Servando Teresa de Mier, rumbo al centro de la Ciudad de México. Al llegar al cruce con la calle llamada Honorable Congreso de la Unión me topé con un embotellamiento causado por un par de tráileres que se pasaron el alto ante la mirada indiferente de tres policías viales –una mujer y dos hombres- que estaban parados a un lado de su patrulla, la cual estaba incorrecta o ilegalmente estacionada debajo del puente del Metro que pasa sobre Fray Servando. Bajé la ventana de mi coche y le pedí a los policías que hicieran algo al respecto, que no podía ser que los tráileres hicieran lo que se les antojara sin que ellos, que son la autoridad, actuaran para evitarlo. La respuesta que recibí de la mujer policía fue un rotundo “¡cállate!”. No me quedó otra que reírme de la situación y seguir mi camino.
Lo que me ocurrió ayer es algo que le sucede a miles de mexicanos todos los días cuando se atreven a pedirle o exigirle a un policía que haga valer una ley o un reglamento. Los uniformados que supuestamente están para servir responden que no pueden hacer nada al respecto o de plano mandan al demonio a la persona que se atreve, como ayer yo lo hice, a exigirles que hagan su trabajo.
En México es difícil respetar a policías que no respetan al público cuando éste les solicita que cumplan con su deber. Tampoco se les puede ver con buenos ojo cuando ellos mismos no se dan a respetar cuando alguien ignora sus instrucciones o los insulta y hasta agrede físicamente sin que se defiendan con profesionalismo.
Aceptémoslo, la mayoría de nuestros policías están devaluados ante la sociedad. Ni los respetamos ni nos respetan y no esperamos nada de ellos cuando enfrentemos una emergencia o situación peligrosa.
Lo anterior no significa que no haya buenos policías. Claro que hay hombres y mujeres que sí desean servir a la colectividad pero, desafortunadamente, en mi experiencia, son los menos. De vez en cuando me entero de un policía que realizó una acto heroico; con demasiada frecuencia leo o escucho como un policía cometió un delito.
Lo contrario a lo que sucede en México ocurre en Estados Unidos, en donde durante los últimos días han sido asesinados ocho policías, cinco en Dallas, Texas, y tres en Baton Rouge, Louisiana. La sociedad entera ha condenado estos asesinatos, desde el presidente Barack Obama hasta simples ciudadanos, pasando por los candidatos a la presidencia, legisladores, gobernadores, dirigentes religiosos, periodistas y otros líderes de opinión, presidentes de cámaras empresariales y muchos más.
A diferencia de lo que pasa en nuestro país, la mayoría de los estadounidenses ven a sus policías como los encargados de proteger la integridad de sus personas y la seguridad de sus bienes. Esto no significa que esta mayoría no condene los abusos que cometen cada vez más policías, el uso excesivo de la fuerza de algunas corporaciones policíacas y la creciente militarización de las mismas. Pero condenar los abusos y errores no significa dejar de apoyar a los policías.
En Estados Unidos los policías son apreciados y tal vez están sobrevaluados por la sociedad, pero esta situación es mucho más preferible a la que se da en México, en donde los policías están devaluados.
La República se debilita desde los municipios
10 empresarios y funcionarios asesinados en Zacatecas el 18 de julio no son un episodio aislado. El crimen organizado...
julio 27, 2026
México cuidó el Mundial; los criminales controlaron territorios
Cien mil soldados, guardias nacionales y policías cuidaron el Mundial en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sin un...
julio 24, 2026
Ruffo y la responsabilidad de no saber
Ernesto Ruffo Appel le ganó al PRI la gubernatura de Baja California en 1989 y se convirtió en el...
julio 23, 2026
T-MEC: ceder no otorga inmunidad
Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos (USTR), estará esta semana en la CDMX, de hoy al viernes 24,...
julio 22, 2026