Un artículo publicado por la revista Rolling Stone el pasado 27 de noviembre describe los supuestos planes de Donald Trump y su equipo, quienes parecen estar trazando una estrategia de política exterior marcada por la agresión y el expansionismo. Hasta ahora, su amenaza de intervenir militarmente en México para combatir a los narcotraficantes ha acaparado la atención. Sin embargo, sus recientes declaraciones sobre tomar control del Canal de Panamá y Groenlandia revelan un patrón aún más preocupante.
En el caso de México, el artículo detalla que Trump considera opciones como ataques con drones, bombardeos selectivos y operaciones encubiertas para asesinar a los líderes de los cárteles. Estos planes, que en su momento parecían extremos, ahora cuentan con el respaldo de figuras clave en su gabinete propuesto, como Marco Rubio (secretario de Estado) y Pete Hegseth (secretario de Defensa). Ambos consideran a los cárteles una amenaza equiparable al terrorismo internacional. Sin embargo, la historia nos muestra que las intervenciones militares rara vez resuelven problemas complejos como el narcotráfico.
Estas propuestas ignoran las raíces del problema: corrupción, desigualdad y, especialmente, la demanda de drogas en Estados Unidos. Una intervención militar, lejos de resolverlo, podría escalar la violencia y desestabilizar la región. Las consecuencias de esta política serían significativamente más graves para México que para Estados Unidos.
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un reto monumental. Debe rechazar categóricamente cualquier violación a la soberanía nacional y, al mismo tiempo, buscar soluciones conjuntas para abordar la crisis del fentanilo.
Pero Trump no se limita a México. En días recientes expresó su intención de controlar el Canal de Panamá y Groenlandia, justificándose bajo la retórica de la seguridad nacional y los intereses económicos de EEUU. Esto parece ser un intento evidente de fortalecer su posición política mediante una retórica de fuerza.
En el caso del Canal, Trump describió las tarifas como “excesivas” y sostuvo que este es un “activo nacional vital” para Estados Unidos. Estas declaraciones provocaron que el presidente panameño reiterara: “Cada metro cuadrado del Canal es, y seguirá siendo, de Panamá”.
Por otro lado, Trump reiteró su intención de adquirir Groenlandia, calificándola como una “necesidad absoluta” para la seguridad nacional de su país. De inmediato, las autoridades danesas y groenlandesas respondieron con firmeza, afirmando que “Groenlandia no está en venta ni lo estará”.
Estas propuestas no solo reviven un discurso imperialista, sino que también generan tensiones con tres aliados clave de Estados Unidos, quienes han sido socios estratégicos en temas comerciales y de seguridad. Las amenazas de Trump podrían dañar irreparablemente estas relaciones. Parece olvidar que el poder unilateral no solo debilita alianzas, sino que también mina la credibilidad de EEUU en el escenario global.
En conjunto, los planes de Trump representan una visión de política exterior que prioriza la fuerza sobre la diplomacia. México, Panamá y Groenlandia han respondido con firmeza, pero será necesario fortalecer alianzas internacionales para contrarrestar estas ambiciones.
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