La presidenta Claudia Sheinbaum afirma que en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador la pobreza se redujo de forma histórica y califica el hecho como una hazaña histórica de la 4T. No exagera: de acuerdo con el INEGI, entre 2022 y 2024 la pobreza multidimensional bajó de 46.8 a 38.5 millones de personas (de 36.3% a 29.6% de la población), lo que significa 8.3 millones de personas menos en esa condición. El dato impresiona, pero entenderlo requiere matices que rara vez se mencionan y que ayudan a dimensionar la magnitud y las limitaciones de ese avance.
Parte importante de esa reducción se debió al flujo récord de remesas, que en varios años superó los 60 mil millones de dólares, y a programas sociales masivos que inyectaron ingresos directos a millones de hogares. También influyó el aumento del salario mínimo, que de 88.36 pesos en 2018 pasó a 249 pesos en 2024, un alza acumulada de 182%. Sin embargo, los salarios promedio siguen siendo bajos y más de la mitad de los trabajadores se mantiene en la informalidad, lo que limita el acceso a prestaciones y seguridad social, incluso en los sectores cuyos ingresos más han crecido.
Resulta irónico que las mayores reducciones de pobreza en lo que va del siglo 21 se hayan dado en los sexenios de Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador, presidentes con filosofías opuestas que además se detestan. Con Fox, la pobreza patrimonial bajó de 56.8 a 49 millones de personas o sea 7.8 millones de personas (de 53% de la población en 2000 a 42% en 2006). Como lo anoté antes, con AMLO la pobreza multidimensional se redujo por 8.3 millones de personas.
El reto para la presidenta es sostener esos avances en un contexto menos favorable. Las remesas muestran una tendencia a la baja en los últimos meses y, de continuar, podrían cerrar 2025 con entre 4,000 y 5,000 millones de dólares menos que en 2024. Esto afectaría directamente el ingreso de millones de familias, sobre todo en regiones con poca actividad económica formal.
La presidenta también enfrenta límites fiscales. Su gobierno ha prometido reducir el déficit, lo que deja poco margen para ampliar programas sociales. En 2025, por ejemplo, no se anunciaron aumentos significativos en su cobertura, precisamente para contener el gasto. Expandirlos en el futuro, además de costoso, sería complicado si persiste la presión por mantener la estabilidad macroeconómica y el objetivo de reducir la deuda pública como porcentaje del PIB.
En materia laboral, la propuesta de reducir la jornada semanal de 48 a 40 horas sin recortar salarios se suma a las presiones que ya enfrentan las empresas tras los incrementos al salario mínimo entre 2018 y 2024. Aunque la medida podría mejorar la calidad de vida de los trabajadores, implicaría un aumento adicional en el costo por hora, lo que muchas micro y pequeñas empresas difícilmente podrían absorber.
La verdadera hazaña no será solo la alcanzada por AMLO, sino que Claudia Sheinbaum pueda blindar esos avances frente a choques externos, restricciones fiscales y riesgos laborales. Si lo consigue, la pobreza no volverá a aumentar, millones de mexicanos se beneficiarán y el reconocimiento político que obtenga se traducirá en victorias electorales para Morena en 2027 y 2030.
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