El viernes pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum defendió la existencia de los 53 consulados mexicanos en EEUU y negó que hagan actividades políticas, tras el anuncio del Departamento de Estado de revisarlos. Detrás de la decisión de dicha dependencia hay un libro: The Invisible Coup – How American Elites and Foreign Powers Use Immigration as a Weapon, de Peter Schweizer, que curiosamente se publicó el 20 de enero de 2026, el mismo día que Donald Trump asumió por segunda vez la presidencia.
El libro fue número uno en no ficción del New York Times durante tres semanas; en ese género y esa posición, las primeras semanas implican entre 50,000 y 150,000 ejemplares. En el, Schweizer afirma que México usa su red consular para ejercer influencia política en EEUU.
¿Quién es Schweizer? Entre otras cosas, junto con el exasesor de Trump, Steve Bannon, cofundó el Government Accountability Institute (GAI) y cuenta con el respaldo de los multimillonarios Robert y Rebekah Mercer.
Los Mercer son la caja registradora de ese ecosistema ultraderechista. Robert cofundó uno de los fondos de cobertura más exitosos del mundo. Su hija Rebekah sirvió en el equipo de transición de Trump y copresidió el GAI. Ambos financiaron Breitbart News, un diario digital de la ultraderecha nacionalista, y Cambridge Analytica, la empresa de extracción de datos electorales que escandalizó al mundo en 2018 por manipular ilegalmente perfiles de millones de usuarios de Facebook para favorecer a Trump. El ecosistema funciona así: los Mercer ponen el dinero, Schweizer produce la tesis, Bannon construye el aparato, Breitbart amplifica, y el trumpismo convierte todo en presión diplomática sobre México.
Schweizer no inventa todo. México sí tiene 53 consulados en EEUU que sí expiden documentos, prestan asistencia legal, protegen a detenidos y orientan a familias, todo amparado por la Convención de Viena que regula el establecimiento y funcionamiento de las misiones consulares entre países, así como los derechos y obligaciones de los cónsules y la protección de sus nacionales en el extranjero. El problema es que Schweizer convierte esa función consular en una operación política.
Tampoco muestra instrucciones oficiales, financiamiento de campañas, coordinación partidista, movilización electoral. Solo apuntala la narrativa de Trump que ve a México como amenaza, la migración como arma y los consulados como instrumentos de una conspiración silenciosa.
EEUU sí puede revisar consulados, pedir explicaciones, reducir personal, negar el reconocimiento a funcionarios o retirar el consentimiento para que una oficina opere. Si tiene evidencia de conducta indebida, puede exigirla formalmente. Lo que no puede hacer es presentar lo que se anota en un libro ideológico como si fueran pruebas de intervención.
México no tiene que probar su inocencia. Quien acusa, prueba. El problema es que Trump ha decidido invertir esa carga y tratar una sospecha política como si fuera evidencia diplomática.
Queda una pregunta: ¿es ese libro que el Departamento de Estado convirtió en razón diplomática el bestseller que aparenta ser? ¿O compraron los Mercer miles de ejemplares para llevarlo al número uno en el New York Times, como ha ocurrido antes en ese ecosistema ultraderechista?
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