La orden ejecutiva que Donald Trump emitió el jueves sobre Cuba declara una “emergencia nacional” y autoriza imponer aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que venda o suministre petróleo a la isla. Castiga al régimen comunista porque es autoritario, comete violaciones graves de derechos humanos, está alineado con Rusia, China o Irán, y mantiene lazos reales con grupos terroristas como Hamas o Hezbolá, que son razones similares esgrimidas para sancionar a Irán, Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua o Bielorrusia. Pero, porque Estados Unidos decide a quién castiga y a quién no, pasa por alto que otros países como sus aliados Qatar y Pakistán tienen características similares.
La orden ejecutiva mezcla hechos con exageraciones. Es cierto que el régimen cubano es represivo, encarcela a opositores políticos, censura y persigue la disidencia, y que ha cooperado con Rusia, China e Irán en actividades de inteligencia y seguridad contra EEUU. Pero Trump exagera al sugerir que Cuba “acoge” a Hamas y Hezbolá como si operaran desde la isla, o cuando afirma que el gobierno de Díaz-Canel “busca destruir” a EEUU y que representa una amenaza “inusual y extraordinaria” comparable a las de Rusia y China.
En la Mañanera del viernes pasado, en Tijuana, la presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que fijar aranceles a quienes suministren petróleo a Cuba “podría desatar una crisis humanitaria” que afecte hospitales, alimentos y servicios básicos en ese país. Dijo que le pidió al secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, contactar al Departamento de Estado de EEUU para conocer los alcances de la orden y buscar una salida diplomática. Subrayó que los envíos de petróleo mexicano representan menos del 1% de la producción nacional, que se hacen por contrato y por razones humanitarias, y reiteró que México no dejará solo al pueblo cubano, pero que analizará cómo ayudarlo sin poner en riesgo a México ni romper con EEUU.
Trump quiso adjudicarse el crédito. Dijo que él le pidió a la presidenta que dejara de enviar crudo a Cuba “y que ella cumplió”. Su versión carece de fundamentos porque la pausa de las exportaciones petroleras a Cuba venía cocinándose por cálculo de costo-beneficio ante el riesgo arancelario, no por obediencia inmediata. Además, la presidenta insiste en que el apoyo continúa vía ayuda humanitaria y que cualquier ajuste se decide por interés mexicano. Y no hay por qué creerle a Trump: muchas de sus cientos de miles de mentiras están documentadas por verificadores independientes, desde los “millones de votos ilegales” que supuestamente lo hicieron perder la elección en 2016 hasta el tamaño de sus mítines o la gravedad del COVID.
Si Trump ignora el ángulo humanitario, a la presidenta Sheinbaum le quedan opciones: 1. Reconvertir el apoyo en alimentos, medicinas e insumos hospitalarios; 2. Mantener un volumen mínimo de crudo, explícitamente humanitario, para obligar a Washington a asumir el costo político de castigarlo; 3. Colectivizar el costo sumando gobiernos latinoamericanos o europeos; y 4. Usar sus fichas en la revisión del T-MEC, migración y seguridad, para dejar claro que castigar a México por Cuba también golpea intereses estratégicos de EEUU.
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