El presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió ayer a quienes fueron los hombres más poderosos en el país del 1 de diciembre de 2006 al 30 de noviembre de 2012: al expresidente Felipe Calderón Hinojosa y al que fue su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien desde diciembre de 2019 está preso en una cárcel de la ciudad de Nueva York, a la espera de ser juzgado después de que un fiscal federal de esa ciudad lo acusara de recibir millones de dólares del Cártel de Sinaloa y de conspirar para introducir cocaína a Estados Unidos.
Lo que dijo no venía al caso porque una reportera le había hecho una pregunta sobre las múltiples irregularidades que existen en el poder judicial y no sobre Calderón o García Luna.
Sea como sea, se refirió a ellos después de decir que antes de su gobierno las autoridades judiciales culpaban a personas que eran inocentes, que los que juzgaban “eran los delincuentes, porque fue durante mucho tiempo el mundo al revés, los delincuentes eran las autoridades (…) Imagínense, en términos de justicia que el hombre fuerte, el más cercano a Calderón, el secretario de Seguridad Pública esté en la cárcel acusado de proteger a un grupo de la delincuencia organizada. Nos debe Calderón esa explicación, independientemente de lo legal. No es nada más decir: ‘No sabía’. No, a ver, ¿qué sucedió, qué pasó, cómo conociste a ese señor, por qué lo nombraste? ¿Qué, no te diste cuenta de cómo actuaba, su prepotencia, su arrogancia? ¿Nunca te dijo nadie de que estaba actuando en contubernio con la delincuencia? Porque sí hay testimonios de que le dijeron, está el testimonio del general [Tomás] Ángeles [Dauahare], entre otras cosas…”.
No dudo que AMLO sepa perfectamente las respuestas a las preguntas que ayer le hizo a Calderón, pero, fiel a su estilo, pretende no saberlas. Al final de cuentas, lo que busca es que sus seguidores se las hagan y se debilite aún más la imagen del michoacano que insiste en participar en política.
Yo tengo una respuesta parcial a lo que preguntó el presidente en su mañanera de ayer y se basa en lo que me platicó un buen amigo que era agente de la desaparecida Agencia Federal de Investigación (AFI), cuando ésta era dirigida por García Luna.
A principios de 2006 este agente especializado en espionaje y contraespionaje me fue a ver a las instalaciones de Grupo Fórmula para informarme que por órdenes de sus superiores fue enviado a asesorar a un equipo de personas cuya función era intervenir los teléfonos de línea y celulares de los adversarios del entonces candidato presidencial panista. Este grupo era dirigido por Juan Camilo Mouriño, quien fue la mano derecha de Calderón hasta su muerte en noviembre de 2008. El agente se presentó en el lugar donde estaban instalados los equipos de intercepción y recuerdo que me comentó que las personas que ahí estaban eran unos novatos que ni siquiera habían asegurado el lugar porque cualquiera podía entrar y salir de él sin que fuera identificado, registrado y revisado.
Si esta versión es real, puede servir para entender por qué Calderón nombró a García Luna secretario de Seguridad Pública: para agradecerle sus labores de espionaje a su favor y para no dejar suelto a quien conocía sus ilícitas travesuras.
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