La verdad es que esperaba más del segundo debate de los candidatos a la presidencia de la república celebrado el domingo pasado en Tijuana, Baja California. Los temas por debatir en ese evento eran interesantes y trascendentes para todos los mexicanos: comercio exterior e inversión, seguridad fronteriza y combate al crimen trasnacional y derechos de los migrantes.
En este debate abundaron las descalificaciones y escasearon las propuestas claras y contundentes que uno esperaría escuchar de quienes aspiran conducir al país a partir del 1 de diciembre venidero. Y, para variar, después del evento, los cuatro se declararon vencedores.
El domingo en la noche vimos al candidato de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya Cortés, ser muy claro en sus ataques contra su rival de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, pero menos preciso al responder las preguntas que se le hicieron. Como siempre, el panista se vio articulado pero menos contundente que en el primer debate. Perdió la oportunidad de presentarse como el gran promotor de los intereses de México frente a Estados Unidos.
El candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade, estuvo más seguro que en el debate anterior. Se vio mal al asegurar que tuvo resultados positivos para el país el viaje que Donald Trump hizo a nuestro país el 31 de agosto de 2016, atendiendo una invitación que le hizo Peña Nieto, visita que de acuerdo con algunas encuestas fue repudiada por 9 a de cada 10 mexicanos. Asegurar que es el más experimentado y honrado de los cuatro candidatos ya no le funciona desde que usa la chamarra roja priista.
El AMLO del domingo fue el mismo que he visto en todos los debates en que ha participado en sus tres campañas presidenciales. Insiste en asegurar que todos los problemas se van a resolver, casi por milagro, cuando él resulte electo. Emulando a Trump, otro populista demagogo, insultó a sus rivales, especialmente a Anaya, dejando ver que por el panista siente no solo desprecio sino odio. En este debate se vio francamente cansado y avejentado y debemos preguntarnos cómo afectará a su salud un empleo de 18 horas diarias lleno de tensiones.
El independiente Jaime Rodríguez Calderón, que tiene todo que ganar y nada que perder, divirtió al público como si fuera el payasito de la fiesta. Su absurda y estúpida propuesta de expropiar Citibanamex hubiera causado un terremoto en los mercados financieros si tuviera la más mínima oportunidad de ganar la elección. Afortunadamente, el único lugar a donde irá este expriista después del 1 de julio es a su oficina de gobernador en Monterrey, de donde nunca debería haber salido.
En lo que los moderadores del debate se refiere, estuvo muy bien Krauze Jr. Yuriria Sierra aparentemente prefirió lucirse en vez de moderar.
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