Publiqué mi primera columna periodística el 25 de enero de 1982 en el diario mexiqueño El Universal. En ella mostré que, entre diciembre de 1980 y diciembre de 1981, tuvieron un incremento promedio de 54.04% los precios de 25 productos que un joven profesional probablemente compraba en la Ciudad de México. Este porcentaje era casi el doble del 28.74% que para ese mismo periodo tuvo el Índice Nacional de Precios al Consumidor del Banco de México.
En mi lista de 25 productos incluí: traje de hombre de excelente calidad, corbata de poliéster de buena calidad, zapatos de piel de cabra de buena calidad, cena para una persona en restaurante de lujo (sin bebidas alcohólicas), comida para una persona en restaurante de cadena (sin bebidas alcohólicas), torta de jamón con queso en tortería del centro de la CDMX, copa de whisky nacional en bar de la Zona Rosa, botella de vino nacional comprada en tienda de abarrotes, disco LP nacional de música moderna, libro de Luis Spota, pasaje aéreo sencillo México-Acapulco, litro de gasolina NOVA, consulta con un médico pediatra, renta mensual de una TV a color de 14 pulgadas, corte y peinado en salón de belleza, renta de departamento de tres recámaras en la colonia Del Valle, caja con 150 pañuelos desechables, frasco con 800 gramos de mayonesa con jugo de limón, frasco con 500 gramos de mermelada de fresa, kilo de toronja sangría, caja de cigarros con filtro, frasco con 960 ml de shampoo, refresco mediano y lata con 198 gramos de atún.
El aumento de algunos precios en un año fue impresionante.
La caja de 150 pañuelos desechables subió de 6.80 a 21.80 pesos. ¡Un alza del 220.6%!
El precio del kilo de toronja sangría se disparó de 1.80 a 4.50 pesos, ¡150% de aumento!
También aumentó 150% el precio de un corte y peinado, de 400 a 1,000 pesos.
El litro de gasolina NOVA aumentó de 2.80 a 6.00 pesos, un incremento de 114% que hace palidecer al mal llamado gasolinazo peñista.
El precio de una torta de jamón con queso subió 67%, igual que la consulta con el pediatra.
Fue hasta el año 2000 en que la inflación anual por fin fue menor de un dígito, de 8.96%. Desde ese año hasta ahora el aumento generalizado de los precios de productos y servicios que consumimos no ha sido motivo de alarma y no ha contribuido a hacer más difícil la situación de la gente. Es más: dudo que quienes tengan menos de 30 años de vida recuerden claramente esa época de terror.
Las inflaciones anuales mayores al 10% o hiperinflaciones empezaron en 1973, durante el gobierno populista de Luis Echeverría (1970-1976), cuando llegó al 21.37%, mucho más que el 5.56% que se registró en 1972.
Las políticas populistas y la demagogia de Echeverría y las de su sucesor, José López Portillo (1976-1982), arruinaron al país y causaron que la hiperinflación afectara a los mexicanos durante 27 largos años.
A casi 37 años de distancia, volver a leer esa columna me recuerda esa época catastrófica en que la inflación causó estragos entre los mexicanos: arruinó vidas, empobreció más a los pobres, hizo pobres a los clasemedieros, diluyó el patrimonio de muchos, y frustró los planes a futuro de muchos más.
Y todo lo anterior ocasionado por las disparatadas políticas populistas y la demagogia de quienes entonces mal gobernaron al país.
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