Si Estados Unidos obtiene la victoria en el conflicto y consolida su dominio energético, el país no solo se fortalece, sino que también se convertiría en el pilar fundamental del orden energético, financiero y geopolítico global. Dada la coyuntura actual y las fluctuaciones en los precios del petróleo crudo y del gas natural licuado, resulta pertinente analizar las estrategias implementadas, que pueden resumirse en los siguientes movimientos estratégicos:
Control del precio global del petróleo
Estados Unidos utiliza el petróleo proveniente de Irán y Rusia como un mecanismo de emergencia, mediante la concesión de permisos para la adquisición de cargamentos en altamar que no han sido comercializados. El waiver estadounidense permite la introducción de 140 millones de barriles de crudo iraní al mercado, con el objetivo de contener los precios durante el conflicto con Irán, mientras éste persista. Asimismo, se autorizó temporalmente la venta de petróleo ruso previamente cargado en buques, lo que contribuyó a eliminar el descuento sobre el crudo ruso y a estabilizar el mercado.
Esta estrategia favorece a Estados Unidos al mitigar el riesgo de un shock de precios que podría afectar a los consumidores estadounidenses, especialmente ante el aumento en los costos de los combustibles. Permite mantener el precio del petróleo dentro de un rango considerado “óptimo”: lo suficientemente elevado para garantizar la rentabilidad del Shale, pero sin alcanzar niveles que perjudiquen la economía, a la vez que posibilita aumentar las exportaciones de este tipo de crudo, especialmente ante escenarios como el cierre del estrecho de Ormuz. En el periodo posterior a un conflicto bélico, contar con fuentes alternativas de petróleo fuera de Medio Oriente será un factor determinante. Asimismo, se evidencia que Estados Unidos actualmente puede influir en la oferta global, desempeñando un rol similar al de “banco central del petróleo”, aprovechando su ventaja logística para incrementar sus exportaciones. Adicionalmente, el acceso al petróleo venezolano le permite redireccionar suministros hacia otras regiones, gracias a sus capacidades de comercialización y resguardo estratégico en el continente americano.
Dominio del mercado global de gas natural
El ataque de Irán a Qatar ha generado una oportunidad para que Estados Unidos asuma un papel relevante en el mercado global de GNL, debido a las afectaciones sufridas en la capacidad de exportación de las instalaciones cataríes. Según QatarEnergy, las instalaciones de Ras Laffan requerirán entre tres y cinco años para restablecer completamente sus operaciones. Durante este período, Estados Unidos se posiciona como proveedor indispensable de GNL para Europa y Asia, consolidando su hegemonía energética y ampliando su influencia global, ya que dichas instalaciones representaban aproximadamente el 20% del suministro mundial de GNL. Así, Estados Unidos actúa como estabilizador en los mercados de GNL y petróleo crudo, lo que refuerza su poder económico, geopolítico y militar, aspectos que constituyen el fundamento de la denominada energy dominance.
Estados Unidos exporta aproximadamente 15,400 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) de gas natural licuado (GNL) al cierre de 2025. Se prevé que para 2029 esta cifra ascienda a cerca de 29,300 MMpcd, consolidando así una posición hegemónica en el ámbito energético global. Este crecimiento no solo refuerza su papel dominante en el sector energético, sino que también posiciona al país como un actor clave para la seguridad energética de Europa y Asia en la próxima década. Confirmado que los estadounidenses pueden garantizar seguridad energética en crisis.
En este contexto, se pueden anticipar distintos escenarios dentro de la geopolítica energética relacionados con el posible liderazgo de Estados Unidos en los próximos cinco años. Se considera un entorno en el que Qatar requiere varios años para restablecer completamente su capacidad productiva, Rusia permanece bajo sanciones parciales, China aún no consolida un sistema energético alternativo basado en el yuan y, aunque la transición hacia energías renovables avanza, el gas natural continúa como recurso de respaldo fundamental.
En este marco, Estados Unidos podría consolidar su posición dominante en el mercado global de gas natural licuado, estableciendo condiciones contractuales y aumentando su cuota estructural en el sector. En cuanto al petróleo, Estados Unidos mantendría su lugar entre los tres principales productores, gracias a su capacidad de respuesta ágil mediante la producción de Shale. Desde la perspectiva geopolítica, Europa resultaría energéticamente subordinada a Estados Unidos, mientras que Asia se vería obligada a negociar con Washington, incluso si busca fortalecer vínculos con Moscú, Teherán o Beijing.
Además, Si Estados Unidos llegara a ejercer control sobre los recursos petroleros y gasíferos de Venezuela, Cuba y Medio Oriente, ¿cuál sería su posición en el sistema internacional?
El sistema energético mundial tendría su centro de gravedad en esta región. El control e influencia sobre Venezuela permitiría gestionar la extracción, comercialización y transformación del petróleo crudo pesado, así como aprovechar el potencial gasífero existente. En Medio Oriente se accedería a crudo de bajo costo y grandes volúmenes de gas, facilitando su distribución hacia distintos mercados internacionales. Cuba y el Caribe ocuparían una posición geoestratégica clave para las rutas y la logística global.
Esto sitúa a Estados Unidos como una suerte de banco central de la energía, con la capacidad de regular la oferta según el contexto político y energético al momento de tomar decisiones. Esta función influye en los precios y puede atenuar o intensificar los impactos de shocks externos. Asimismo, el país ejerce la facultad de premiar o sancionar: sus aliados obtienen seguridad en el suministro, mientras que sus adversarios enfrentan escasez o precios elevados.
Asimismo, Europa aumentaría su dependencia del gas natural licuado (GNL) proveniente de Estados Unidos tras reducir las importaciones desde Rusia, lo que implicaría una subordinación energética a las decisiones adoptadas en Washington. Por otro lado, Asia (incluyendo China, India, Japón y Corea) necesitaría incrementar significativamente sus importaciones de crudo y GNL. Esta situación otorgaría a Estados Unidos una mayor capacidad de influencia en esos flujos energéticos y le proporcionaría una herramienta estratégica frente a sus principales competidores y socios.
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