El valor de la cultura para la economía mexicana y los desafíos por venir en este sector

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27 de noviembre, 2020

México es un país con un enorme acervo cultural, derivado de su historia como nación y de las raíces tan sólidas de los pueblos originarios. Dichas raíces se fusionaron con la cultura europea, formando así una identidad sumamente auténtica y llena de folclor. Nuestro potencial cultural no es un aspecto espontáneo. Si bien la cultura se hereda, también se reproduce dando lugar a nueva cultura.

La cultura engloba una diversidad de actividades que repercuten en muchos aspectos de nuestra vida. Desde las producciones culturales de las Bellas Artes, que se llevan a cabo desde un recinto como una sala de conciertos, hasta la producción de artesanías o las festividades conmemorativas para las fiestas religiosas en una determinada localidad. 

El estatus de México como potencia turística es, en buena medida, una consecuencia de nuestra vastísima riqueza cultural. El turismo es uno de los sectores con mayor peso en el valor total de nuestra economía. México es actualmente una potencia, ocupando la séptima posición en países receptores de turistas internacionales en 2019, con 45 millones de turistas.

Pero el turismo también propicia la reproducción de la cultura, ya que buena parte de la cultura que se produce obedece al interés del turismo nacional y extranjero sobre los bienes culturales de México, tales como museos, zonas arqueológicas, artesanías y eventos culturales. Si, por ejemplo, se visita casi cualquier mercado en el país, se puede constatar que las zonas de venta de artesanías siempre atraen la presencia de los turistas provenientes del extranjero, por lo que buena parte de la producción de artesanías depende de la llegada de turistas a las ciudades. 

Ranking de países receptores de turistas a nivel mundial en 2019

(Millones de turistas)

Fuente: Statista. 2020.

Turismo y cultura, pues, son complementarios. Pero juntos, son ingredientes indispensables para el desarrollo económico y social, para garantizar la paz, para construir un desarrollo equitativo, justo y de respeto para todos. 

Cuáles son las tendencias

El valor económico de la cultura ha cobrado una fuerza nunca antes vista en las perspectivas económicas a nivel internacional, pues en la medida en que los seres humanos nos hemos vuelto más productivos y hemos podido crear riqueza como en ninguna otra etapa de nuestra historia, cada vez disponemos de tiempo libre para ir al teatro, ver televisión en casa, ir a un museo o viajar para asistir a algún evento cultural. O bien para aprender a tocar un instrumento o practicar una disciplina artística como el teatro, el ballet, etcétera.

La OECD refiere en un importante documento publicado hace poco, que desde los años 1990s, algunos países comenzaron a adoptar el concepto de “Nación creativa”. Australia (1994) y Nueva Zelanda (2000) marcaron una tendencia al posicionar estrategias dentro de sus planes de desarrollo hacia lo que ellos denominan “economía creativa” (creative economy).

Bajo esta óptica, se ha podido medir el valor económico de la cultura en diversos países (incluyendo México). Numerosos economistas, políticos y expertos en urbanismo han destacado en los últimos años el papel de la cultura para la prosperidad económica en las ciudades, así como la consolidación del atractivo de las ciudades como medio para alcanzar la prosperidad. En la opinión del economista y experto, Pier Luigi Sacco, “estamos atestiguando la culturalización de la economía, donde la cultura se vuelve un activo clave para cualquier cadena de valor”. 

Cuenta Satélite de Cultura en México

El INEGI acaba de dar a conocer la Cuenta Satélite de Cultura en México, la cual toma 2013 como año base para medir el desempeño de la producción y la demanda de bienes y servicios culturales en el país. Este reporte, muestra que durante 2019, el sector cultural alcanzó un Producto Interno Bruto de 724 mil 453 millones de pesos; el 3.1% del PIB del país. 

Por actividades culturales, el PIB de este sector se agrupó esencialmente en los servicios de medios audiovisuales, la elaboración de artesanías y la producción cultural de los hogares, que de manera conjunta contribuyeron con el 74.8% del valor generado por el sector de la cultura.

PIB del sector de la cultura en México por actividad económica en 2019

Fuente: INEGI. 2020.

En 2019, las actividades vinculadas con el sector de la cultura generaron empleos equivalentes a 1 395 644 puestos de trabajo, que representaron el 3.2% de la ocupación del país.

La elaboración de artesanías, junto con la producción cultural de los hogares y los medios audiovisuales, participaron con el 68.7% de dichos puestos.

Puestos de trabajo ocupados en el sector por principales actividades culturales en 2019
(Estructura porcentual)

Fuente: INEGI. 2020.

Oferta y utilización de bienes y servicios culturales por componente en 2019
(Millones de pesos corrientes y estructura porcentual)

Fuente: INEGI. 2020.

Distribución del PIB del sector de la cultura por actividades en 2019
(Estructura porcentual)

Fuente: INEGI. 2020.

Gasto en bienes y servicios del sector por actividades culturales en 2019
(Estructura porcentual)

Fuente: INEGI. 2020.

Últimos comentarios

Es innegable el valor que tiene la cultura mexicana, no solo como patrimonio de la humanidad, sino para la misma economía de nuestro país. Desafortunadamente, la contribución de la cultura al PIB ha venido contrayéndose desde 2009, que tocó su máximo en 4%, hasta 2019 que se ubica en 3.1%.

Contribución del PIB del sector de la cultura en el total del país, 2008-2019
(Participación porcentual)

Fuente: INEGI.

Por si fuera poco, la pandemia del SARS-COV-2 hará que el PIB de la cultura en el país disminuya significativamente durante 2020, pues con el derrumbe de los viajes y el turismo, así como el cierre de museos, teatros y otros recintos, se ha reducido drásticamente la producción cultural en México.

Esta contracción de la producción de cultura no es exclusivo de México, pero debemos recordar que nuestra recuperación económica por el COVID 19 va a ser mucho más lenta que la de muchos otros países, lo que nos debe motivar a pensar de qué manera se puede apoyar a la cultura para que esto pueda reactivar al turismo, los viajes y las economías familiares que dependen de la producción de artesanías y otros productos culturales.

México no puede darse el lujo de conformarse con ocupar el séptimo sitio en recepción de turistas internacionales, y debe diversificar el turismo de playa. Pero esto se logrará en la medida que se incremente y se apoye la producción cultural en ciudades que no están en los litorales.

Debemos estar conscientes que cuando la economía va en declive, el valor económico de la cultura es susceptible a disminuir de manera muy pronunciada, y esto representa un serio problema porque de este sector dependen un gran número de hogares que realizan artesanías y otros bienes y servicios de cultura.

Comportamiento del PIB total del país y el PIB de la cultura

(Variaciones porcentuales anuales)

Fuente: INEGI.

Referencias

https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2020/enec/enec2020_11.pdf

https://es.statista.com/estadisticas/596659/ranking-de-paises-con-mas-llegadas-de-turistas-extranjeros-en-el-mundo/

http://www.oecd.org/cfe/leed/culture-and-creative-sectors.htm

Comentarios
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Sus proyectos no lo son; sus desvíos lo son.  Improvisar en todo terreno de gestión económica tiene un costo; hacerlo en el terreno de gestión de gobierno, reúne más de un costo porque la ética gubernamental jamás debería exponer el tesoro de una nación en la especulación y en un futuro incierto. El juego de las variables en una economía no es equiparable al juego de la inversión y el riesgo. Las variables podrán corresponder al empleo de medidas correctivas en la política monetaria y obedecer al panorama de la macroeconomía. Las inversiones derivadas del gasto público, de la hacienda de una nación, deben corresponder siempre a la demanda de los sectores productivos. La iniciativa es privada no por designación de labores, es por simple correspondencia de riesgo en la operación.  La grotesca irrupción de esta transición en el gasto de la nación, ha sentado precedentes de arbitrariedad en la consecución de obra innecesaria; la obstinación que ha acompañado esta irreverencia económica desde luego jamás prosperará; por todos es sabido y en expresión de especialistas nunca fueron incorporados estudios de viabilidad y puesta en marcha de proyectos con ambición de una falaz trascendencia. El verdadero significado de obra que la perpetuidad pondrá en duda, siembra en la obstinación y el capricho una fatua lección de empleo del tesoro público. La fatuidad radica en la empresa que coleccionará una verdadera cauda de asomo de incompetencia y de improvisación. De momento resulta imposible cuantificar los yerros porque el dispendio se encuentra en boga; la opacidad imperante es de dimensiones colosales y la apreciación inmediata es el impacto en la deuda y en la insatisfacción de los mismos programas clientelares en donde abunda el desorden presupuestal, el descontrol de padrones de beneficiados y la corrupción. El disfraz popular del sustento de programas ya se cayó de tiempo atrás; no existen jóvenes construyendo absolutamente nada, no existen siembras de vida ni de otro orden conocido, no existen programas alternos de salud como tampoco existen programas de abasto de medicinas y fármacos. En resumen, el fracaso de esta transición es tan evidente como la desproporción que existe entre el ingreso y el dispendio. El gobierno de la supuesta transformación se encuentra en desahucio de metas y de factibilidad operativa; se han mezclado doctrinas de adhesión al retroceso con los verdaderos planes de una economía abierta y con tratados vigentes con las potencias del norte. Los desafíos y bravatas de un presidente sin verdadera orientación en un mundo moderno han castigado plazos y redenciones de auténtica viabilidad para el país. Ceñirse a los plazos del dictado constitucional sería la vía recomendable en la recomposición que vendría en 2025. Las tareas de la recomposición del capital en la inversión y en el empleo ya se encuentran en marcha. Los costos que vendrán de esta improvisación y ocurrencia serán generacionales, lastiman el horizonte de una nación que aspira a metas supranacionales pero no lo derrotan. 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Dividir tiene consecuencias; las tiene para el país, no necesariamente en la política, en ese terreno se allanan con prerrogativas de tiempo; llegan en su oportunidad en naciones prósperas y en economías abiertas, como la de México. Son pasajeras aunque se antojen perennes e intolerantes como lo que padecemos, pero las ahoga desde adentro la pujanza productiva y las sofoca el concierto internacional cuando las fuerzas del orden productivo radican en manos prudentes y de ejercicio capital, no por su nomenclatura nominativa, por su preponderancia sobre la posible imposición desde el poder.  El discurso del presidente fue de inicio la superposición del poder político sobre el económico; a tres años de distancia no ha ocurrido. La lucha de poderes de facción puede sonar intempestiva y no lo es tanto cuando la posesión de la riqueza nacional se encuentra en manos privadas y supera las tres cuartas partes del producto. No puede existir supremacía gubernamental cuando las proporciones del capital superan las presupuestales de un simple ejercicio de gobierno en la distribución de recursos, verdadero ámbito del ejercicio público. Lo anterior no exenta la posibilidad de dispendio desmedido de la riqueza de la nación, pero el freno lo impone la limitación de recursos de nueva creación. Sabemos que la dádiva a la que recurre esta transición reúne propósitos de captura de voluntades, lo sabemos. Ahora, la realidad alcanza todo depósito de recursos en las arcas de la nación, no habiendo otra hacienda conocida. Al no existir, entonces vienen los intentos sin estructura formal y esos ya se agotaron en diversas formas: se liquidaron fideicomisos, se apropiaron reservas de contingencia y se recurrió a la deuda. 1.4 billones no han sido suficientes en las metas de reparto y nunca lo serán. La deuda no forma capital, reúne contingencias adicionales en su servicio. Esta transición, al dividir, tal vez con intención, lo hizo en la geografía también. Concibió en el papel y en una imaginaria que no corresponde a ningún plan de negocios, tres proyectos que recargan toda la atención en el sur de la nación. Dos que serían representativos de un ideario ilusorio basado en turismo y en auto suficiencia; el tercero no tiene ninguna concepción de factibilidad en materia de espacio aéreo por haber nacido sin ninguna posibilidad de operación aeroportuaria. De esta división es preciso aportar lo conducente en materia de gasto, que no inversión, por gravitar en el presupuesto de la nación. De esta concepción de dispendio frontal, que reúnen el Tren Maya y Dos Bocas, para 2022 vendrá la disyuntiva de continuar proyectos fallidos de origen para colocar las prerrogativas del presidente en los escenarios que a continuación se exponen: si decide continuar con la construcción lo más probable es que nunca se terminen. Esto es prácticamente concluyente dadas las circunstancias de avance porque para la mitad de este encargo deberían acumular 50% de terminación y desde luego no lo tienen. De Santa Lucía lo mismo da porque jamás operará como aeropuerto internacional.  Ahora, si interrumpe sus obras y opta por el camino del reparto, puede sufrir otro revés de poder de convocatoria como ya lo experimentó en Junio pasado. Desde luego no se puede todo; las arcas de la nación no son las de 2018. El nivel de endeudamiento contratado por esta transición es de 1.4 billones de pesos y ya fue mencionado. Los plazos se enciman y el servicio y carga de intereses no espera. El costo real de financiamiento de este gobierno no lo ha enfrentado ningún otro, por la exposición y calificación de riesgo de entidades simbólicas como Pemex Y CFE en manos inexpertas. Esta transición se ha equivocado en la geografía de la nación, se ha equivocado el presidente en tratar de situar proyectos que realmente no crean infraestructura, más allá de la que pudiera implementarse en forma regional y con un sinnúmero de considerandos por la irrupción tan grotesca en el hábitat y en las comunidades que jamás imaginaron una intrusión en su plan de vida. La destrucción ha sido desmedida y tal vez así se conserve por generaciones en tanto se repare el daño que pudiera ser irreversible.  Dos Bocas merece un capítulo aparte por la irresponsabilidad planteada de origen en la producción de algo tan innecesario como gasolinas. Su ubicación en terreno pantanoso y su posible salida a canales de comercialización hace de este proyecto una aventura de franco dispendio y sin futuro. Viene entonces la disyuntiva planteada: no existen recursos para terminar obra y capturar dádiva. No alcanza, ni por la vía impositiva ni por deuda, la última ya se saturó. 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Suman tres años los sobresaltos, los abandonos a causas que más allá de la nobleza, inundan la crueldad de un abandono planeado y turbio, pretextando controles y dominio de mercados, captura de prerrogativas, para demostrar un final de desprecio a una humanidad que asoma una simple enfermedad o un desvío de la normalidad funcional en todo ser con derecho a la vida.  No existe un precepto económico que pueda calificar tal vileza, no existe un orden de ideas en el vocabulario del régimen presupuestal para atenuar tal ofensa. Las cosas simplemente se han dado en un marco de improvisación; el ambiente que rodea un micrófono matutino que lo mismo desorienta que alecciona sin miramiento del destino y despropósito del mensaje, ha crispado el orden social en su civilidad y en el irrestricto resguardo de las formas. La división aflora en el encono del lenguaje y la expresión histriónica en la condena irredenta y perpetua del pensamiento contrario a una doctrina sectaria y abstrusa. Ese ha sido el lenguaje del presidente.  El presidente deambula por distintos rumbos, dispersa ideas, ocurrencias, impera el momento y el humor para consumar la degradación de un simple precepto: servir. Servir no se encuentra en su contexto, servirse sí. Los usos y costumbres no se degradan, se degradan las prerrogativas que desde el poder cumplen una sola función: la polarización. Si la división se convirtiera en una función cuántica, tal vez fuera necesario extrapolar los extremos y trabajar en sentido contrario todas las variables para en un solo isocosto valuar las opciones pero el presidente las anula porque jamás cuenta con los elementos necesarios para evaluar su gestión. Esto no es novedad, lo hace un día tras otro. Sus proyectos no lo son; sus desvíos lo son.  Improvisar en todo terreno de gestión económica tiene un costo; hacerlo en el terreno de gestión de gobierno, reúne más de un costo porque la ética gubernamental jamás debería exponer el tesoro de una nación en la especulación y en un futuro incierto. El juego de las variables en una economía no es equiparable al juego de la inversión y el riesgo. Las variables podrán corresponder al empleo de medidas correctivas en la política monetaria y obedecer al panorama de la macroeconomía. Las inversiones derivadas del gasto público, de la hacienda de una nación, deben corresponder siempre a la demanda de los sectores productivos. La iniciativa es privada no por designación de labores, es por simple correspondencia de riesgo en la operación.  La grotesca irrupción de esta transición en el gasto de la nación, ha sentado precedentes de arbitrariedad en la consecución de obra innecesaria; la obstinación que ha acompañado esta irreverencia económica desde luego jamás prosperará; por todos es sabido y en expresión de especialistas nunca fueron incorporados estudios de viabilidad y puesta en marcha de proyectos con ambición de una falaz trascendencia. El verdadero significado de obra que la perpetuidad pondrá en duda, siembra en la obstinación y el capricho una fatua lección de empleo del tesoro público. La fatuidad radica en la empresa que coleccionará una verdadera cauda de asomo de incompetencia y de improvisación. De momento resulta imposible cuantificar los yerros porque el dispendio se encuentra en boga; la opacidad imperante es de dimensiones colosales y la apreciación inmediata es el impacto en la deuda y en la insatisfacción de los mismos programas clientelares en donde abunda el desorden presupuestal, el descontrol de padrones de beneficiados y la corrupción. El disfraz popular del sustento de programas ya se cayó de tiempo atrás; no existen jóvenes construyendo absolutamente nada, no existen siembras de vida ni de otro orden conocido, no existen programas alternos de salud como tampoco existen programas de abasto de medicinas y fármacos. En resumen, el fracaso de esta transición es tan evidente como la desproporción que existe entre el ingreso y el dispendio. El gobierno de la supuesta transformación se encuentra en desahucio de metas y de factibilidad operativa; se han mezclado doctrinas de adhesión al retroceso con los verdaderos planes de una economía abierta y con tratados vigentes con las potencias del norte. Los desafíos y bravatas de un presidente sin verdadera orientación en un mundo moderno han castigado plazos y redenciones de auténtica viabilidad para el país. Ceñirse a los plazos del dictado constitucional sería la vía recomendable en la recomposición que vendría en 2025. Las tareas de la recomposición del capital en la inversión y en el empleo ya se encuentran en marcha. Los costos que vendrán de esta improvisación y ocurrencia serán generacionales, lastiman el horizonte de una nación que aspira a metas supranacionales pero no lo derrotan. 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