El Meollo del Asunto | Decepción

Mi madre era una mujer juarense de cepa. Me gusta recordarla frecuentemente por sus dichos. Siempre atinada. Sabía qué decir en el momento adecuado. Creo...

6 de abril, 2020

Mi madre era una mujer juarense de cepa. Me gusta recordarla frecuentemente por sus dichos. Siempre atinada. Sabía qué decir en el momento adecuado. 

Creo que por eso quien habla gusta de los “dichos” y conoce algunos. Lástima que no llego a ser aún como mi madre.

    Si la señora Laura viviera en este momento, seguramente diría respecto al actuar de “nuestro querido presidente”: “estás viendo la tempestad y no te hincas”, Andrés Manuel. 

    El mexicanísimo dicho se usa para recalcar a alguien que, ante un peligro o una amenaza inminente, continúa su vida sin preocupación alguna y sin hacer los ajustes requeridos para no sufrir alguna contrariedad que podría ser catastrófica.

    El mensaje del presidente decepcionó.

    Sí, había gran expectativa por escuchar al señor que preside el poder Ejecutivo Federal, pero, ¡oh decepción! 




Debo hacer notar que para muchas personas esto fue así. Pero no para todas. Hubo quienes no esperábamos absolutamente nada del mensaje que ayer escuchamos. 

El discurso fue exactamente como se vio en las imágenes desde Palacio Nacional: vacío, carente y falto de sustancia.

    Seguro que hubo empresarios que se han desanimado. Comerciantes decepcionados. Ciudadanos que esperaban una muestra de humanismo o consideración para la gente de un país que está siendo azotado por una pandemia que ha trastocado la manera como vivimos (en una cuarentena).

    Fue una repetición de ideas y axiomas personales a la de “me canso ganso”. Pero nada más.

    Habría quiénes esperaban escuchar que debido a la crisis de salud que tenemos encima, el gobierno federal establecería medidas similares a las de Canadá o EEUU. 

Que guardando las proporciones en economías, sí le inyectarán confianza y esperanza a la población.

     ¿Como qué medidas? 

Apoyo a la gente empleada en comercios y empresas no estratégicas; retirar fondos de la cuenta del Afore, en caso de que se prolongue la pandemia por más de un mes; reducción de ISR de manera general, que no es condonación de Impuesto; extensión del Seguro Social; créditos a MICRO y PyMES; apoyo a “changarros” y a personas auto-empleadas. Es decir, apoyo a quienes el mes pasado no eran “pobres”. Pero no, nada de eso.

    “Nuestro querido presidente” presentó lo de siempre: la defensa de sus ideas obtusas, a expensas de la seguridad y el bienestar del país.

Se escucharon sus filias y fobias para decidir e imponerlas en sus planes, con un menosprecio por el esfuerzo de millones de personas en el país que batallamos diariamente por llevar algo más que pan a nuestros hogares.

Y es que quien nunca se ganó algo por medio del esfuerzo honesto y cabal, menosprecia eso mismo.

“Nuestro querido presidente”, sí, habló de distribuir la riqueza entre los más pobres. Pero habla de una riqueza que no le pertenece y distribuye como si él la generara y como si fuera eterna, como si las acciones que realiza no estuvieran operando en contra de quienes sí la generan: los pequeños y medianos empresarios, los comercios, etc.

Entonces, esta crisis sí está sirviendo para algo. ¿Para qué? Para que la ciudadanía se dé cuenta de que el gobierno no tiene recursos propios ni los genera. 

Es una pena, pero hay aún mucha gente que no lo sabe a cabalidad. Por eso es fácil, engañarlos.

Por otro lado, nunca antes había visto una animadversión contra un presidente de la República como la que se está viendo actualmente. Crece más rápido que la propagación del coronavirus en nuestro país. 

Creo que pronto dejará de ser “nuestro querido presidente”.

Los comentarios de quienes “esperaban” algo del informe son desalentadores. Presagian algo que no vemos desde la época del expresidente Echevarría: un rompimiento general con los empresarios, mismo que se dio al final del tercer año del sexenio del mencionado presidente.

Por su parte, ayer el dirigente nacional del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, IMEF, Ángel García-Lascurain Valero, sostuvo que el país enfrenta una circunstancia de emergencia que requiere de medidas extraordinarias.

Consideró insuficientes los apoyos anunciados por el gobierno federal para apoyar a micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) para enfrentar los efectos económicos del COVID-19, pues aseveró que: “no se puede distribuir una riqueza que no se ha generado”. 

Seguro lo dijo así porque el Presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que utilizará los recursos del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP) para dar créditos a las pequeñas y medianas empresas para afrontar los impactos económicos de la pandemia por COVID-19.

Pero ese fondo mañosamente se ha empezado a usar desde mediados del año pasado cuando aún no había crisis alguna. Esto de acuerdo a un artículo del exsecretario de Hacienda, publicado apenas la semana pasada en varios medios. En él, Carlos Urzúa señala: “… se tiene la creencia de que en algún lugar escondido de México, hay un monto considerable de ahorros públicos del que ahora se puede echar mano para paliar la crisis (…) debido a un gasto público que acabó por descontrolarse y unos ingresos fiscales menores a los estimados, el cierre presupuestal a fines de 2019 fue una tarea muy complicada para la Secretaría de Hacienda, y solo pudo lograrse el cierre tras extraer más de la mitad del dinero que había en el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios…”.

Esta sería la razón por la que el presidente habló de 158.4 mil millones de pesos disponibles al cierre de 2019 para paliar la crisis actual.

Pero no dice que ese mismo año, 2019, eran de más de 400 mmdp. Y que los dilapidó para darle a gente que ahora mismo debe de querer le regalen una cantidad igual. 

Pero no es lo mismo invertir para producir que gastar por nada más que gastar.

Y en la misma situación de decepción está la Coparmex, la Canaco, la Canacintra y el resto de las cámaras empresariales. Pero no solo ellas, sino la gente que estamos en la cuarentena.

Esto no termina; sí mi espacio. Reitero entonces que cuando nada esperas, no hay decepción posible.

Reitero que es muy triste constatar el menosprecio al esfuerzo de millones de personas que a diario nos esforzamos para lograr lo que llevamos a casa, de parte de quien nunca ha tenido que ganar nada. 

Ese es lamentablemente, El Meollo del Asunto.

    Cuando nada esperas, no hay decepción posible.

 

Comentarios

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enero 1, 1970

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