Top 10 de Dulces Mexicanos

  Palanquetas Las conocidas palanquetas son muy fáciles de preparar. Se hace un caramelo espeso a base de azúcar, piloncillo o miel de abeja. Se agregan cacahuates y luego la mezcla se coloca sobre un papel con...

16 de septiembre, 2020

 

  1. Palanquetas

Las conocidas palanquetas son muy fáciles de preparar. Se hace un caramelo espeso a base de azúcar, piloncillo o miel de abeja. Se agregan cacahuates y luego la mezcla se coloca sobre un papel con una película de mantequilla o de grasa vegetal. Una vez que se ha reposado y endurecido, se cortan las palanquetas al tamaño deseado. También pueden prepararse con semillas de calabaza. Las palanquetas son barras energéticas con todo el sabor tradicional mexicano.

  1. Glorias

Existe la certeza de que este dulce leonés a base de leche quemada fue inventado por Doña Natalia Medina Núñez en la década de 1930 en la localidad de Linares. De lo que no existe seguridad es de dónde proviene el nombre. Una versión señala que el nombre salió de la expresión “sabe a gloria” y otra que Gloria es el nombre de una nieta de la señora Medina. De cualquier forma, son exquisitas y nunca faltan en los mercados y en las dulcerías mexicanas. Aunque pueden hacerse con leche de vaca, la receta original es con leche de cabra.

  1. Ate

Este dulce michoacano fue llevado a México por los frailes franciscanos en la época del virreinato. Se prepara con la pulpa de un fruto cocido, como membrillo, guayaba, o pera,  la cual es vuelta a cocinar directamente con azúcar y agua en una cacerola de cobre. Cuando la mezcla empieza a desprender su delicioso aroma y alcanza la textura deseada ya está lista para licuar y colocar en moldes. El Ate de Morelia tiene denominación de origen en la capital michoacana. También se hacen con mango, calabaza, zapote, manzana, tejocote y otras frutas.

  1. Muéganos

Se cree que fueron preparados por primera vez en 1905 en San Martín Texmelucan (Puebla), aunque Huamantla (Tlaxcala) también se atribuye la paternidad de los muéganos. Se mezcla harina de trigo con agua, manteca y anís hasta formar una masa uniforme. Se forman bolitas, cubitos o rectangulitos, los cuales se hornean hasta cocinarlos. Se prepara una miel con agua, piloncillo y canela, con la que se bañan los muéganos. Los que son de forma plana pueden ser recubiertos con trozos de obleas.

  1. Cocada

Es el dulce más popular de las costas de México y del Caribe, donde crecen abundantes los cocoteros. Se extrae la nuez del coco, dura pero todavía fresca, se le retira la película marrón con un pelador y se ralla. A continuación se prepara un caramelo con agua y azúcar y cuando alcanza el punto de hebra, se le agrega el coco rallado y se deja hervir unos minutos. Luego se añade leche lentamente mientras se remueve y yemas de huevo disueltas en un poco de leche fría, dejando al fuego unos minutos más. Se vierte la mezcla en un platón y se cortan las porciones al tamaño deseado.

  1. Alegrías

El amaranto, una planta de semillas comestibles, se cultiva abundantemente en México desde la época prehispánica, cuando ya era alimento y elemento ceremonial. El amaranto es la base de las deliciosas alegrías mexicanas. Se prepara un caramelo con azúcar, miel y agua y cuando alcanza el punto de hebra se añaden a la cacerola las semillas de amaranto tostadas. La mezcla es colocada en unos moldes en forma de redonda y se prensan con círculos de madera. Cuando se endurecen, se extraen y se dejan reposar. En el centro se les pone un poco de miel y alguna nuez.

  1. Cascaritas de naranja

Este dulce es típico de muchos pueblos mexicanos y surgió para no desperdiciar las cáscaras de naranja. Para tres naranjas, las cáscaras se cortan en tiras, se dejan remojando por una noche, se cocinan en agua hirviendo por media hora y se escurren. Se mezclan dos tazas de azúcar con media taza de miel de maíz y media taza de agua y se hace un almíbar en el que se cocinan las cáscaras a fuego lento por 40 minutos. Finalmente, se riega una taza de azúcar sobre una superficie y se ponen las cáscaras hasta que queden bien impregnadas.

  1. Frutas cristalizadas

Son elaboradas en todo México y constituyen la especialidad de Santa Cruz Acalpixca, pueblo cercano a Xochimilco. La fruta entera o troceada se remoja por lo menos un día en agua con cal viva y luego se le da un primer hervido. Se vuelve a hervir en un almíbar de azúcar o de piloncillo y se deja secar al aire libre para que endurezca. Se comen directamente y también se utilizan como componente de otros postres. Se hacen de muchas frutas y de algunas verduras, como higo, manzana, nopal, camote y calabaza.

  1. Borrachitos

Su nombre proviene del agradable toque de licor que llevan y constituyen una marca registrada de propiedad intelectual en México. Son dulces envinados de harina, fruta y leche. Son muy cremosos interiormente y espolvoreados con azúcar. Fueron hechos inicialmente en México por las religiosas de Santa Rosa y Santa Clara y servían como obsequios para agradecer a las personas que prestaban ayuda a los conventos. Entre las frutas más utilizadas, están la piña, el limón y la fresa.

  1. Limones con coco

Para armar este exquisito dulce hay que elaborar sus dos componentes por separado. Se prepara el coco de manera parecida al que se utiliza para la cocada. La nuez de coco se ralla y se cocina a fuego lento con agua, azúcar y leche. Los limones se abren sin separar las dos mitades y las cáscaras se cristalizan según el procedimiento de las frutas cristalizadas. Finalmente se rellena el limón con el dulce de coco rallado. Utilizando azúcar blanca para los almíbares, se alcanza el bonito contraste entre el blanco del coco y el verde o amarillo del limón.

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CARTAS A TORA 297

El muchacho dijo todo lo que dicen los que se encuentran en situación parecida, e hizo todos los juramentos de costumbre. “Nada nuevo”, pensé, “Este se va al rato, y no vuelve. Y la única que va a sufrir es la muchacha”. Pero me equivoqué. Doña Sura lo atendió como yo nunca creí que fuera capaz de atender a un pretendiente de su hija, pues hasta le ofreció un cafecito con pastel de chocolate. Y ya los dos chavos creían que no habría obstáculos para su amor, cuando doña Sura le pidió que le dejara leerle las cartas. La chava se entusiasmó porque su mamá no le lee las cartas gratis a nadie, y creyó que ya empezaba a considerarlo parte de la familia. Pero en cuanto colocó las cartas sobre la mesa, lanzó un grito porque en ellas veía (según dijo textualmente) la muerte, el horror y el espanto. 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Doña Sura afirmó que ella venía de familia de profetas, y que sus predicciones siempre se cumplían; y volvió a echar las cartas una y otra vez, hasta que entre ellas apareció el rey de Bastos, y señalando el garrote que lleva, declaró que esa era la peor carga que le podía salir a alguien (pero al chavo le salió hasta la cuarta o quinta vez que le echó las cartas), y dijo a su hija que no se burlara de ella, porque entonces la cosa sería peor para todos; y se levantó enfurecida, enorme en esa túnica negra que tanto le gusta usar y con voz salida de los infiernos dijo al chavo “No pasarás”, y cayó desvanecida. Varias de las vecinas se desmayaron también, y hubo que llevarlas a la enfermería (por cierto, que la enfermera se negó a atenderlas, “no le fuera a  caer a ella también alguna maldición”). Las que no se desmayaron empezaron a gritar, algunas se hincaron a rezar; y los gritos se oían ya en la vecindad de junto. 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Con un guion que mezcla poder y sexo, Indecent Proposal pudo suscitar lecturas engañosas, ya que parte de la prensa cinéfila se empeñó en mandarle al público un mensaje erróneo, llamándola “burda” y “superficial”. 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Y empezó a enumerar el terrible futuro que esperaba a su hija si se casaba con ese chavo: iba a perder el trabajo, la iba a embarazar y a abandonarla, el bebé se le iba a morir (“La boca se te haga chicharrón”, estuve a punto de decirle en voz alta), él se vería implicado en un robo a mano armada e iría a dar a la cárcel, ella iba a rodar muy abajo y, en fin, todas las desgracias que ocurrían a las jóvenes rebeldes en las películas de la Edad de Oro del Cine Mexicano.  La chica se levantó, airada, y dijo que nada de eso era cierto, porque vio al chavo pálido y tembloroso; que a su mamá le encantaba predecir cosas malas, pero que eso no podía ser cierto, porque ellos se amaban, y contra el amor nadie puede (cursi, pero lo dijo a gritos, para que la oyeran bien las vecinas que estaban amontonadas junto a sus ventanas. Doña Sura afirmó que ella venía de familia de profetas, y que sus predicciones siempre se cumplían; y volvió a echar las cartas una y otra vez, hasta que entre ellas apareció el rey de Bastos, y señalando el garrote que lleva, declaró que esa era la peor carga que le podía salir a alguien (pero al chavo le salió hasta la cuarta o quinta vez que le echó las cartas), y dijo a su hija que no se burlara de ella, porque entonces la cosa sería peor para todos; y se levantó enfurecida, enorme en esa túnica negra que tanto le gusta usar y con voz salida de los infiernos dijo al chavo “No pasarás”, y cayó desvanecida. Varias de las vecinas se desmayaron también, y hubo que llevarlas a la enfermería (por cierto, que la enfermera se negó a atenderlas, “no le fuera a  caer a ella también alguna maldición”). Las que no se desmayaron empezaron a gritar, algunas se hincaron a rezar; y los gritos se oían ya en la vecindad de junto. Llamaron al portero, pero él se negó a aparecer, “porque él no creía en esas cosas”, y corrió a meterse debajo de la cama. Y los guaruras, ni hablar: el que no tenía que ir al baño, le tenía que hablar a su mamá, y todos desaparecieron. La situación se estaba saliendo de control, pues algunos ya habían ido a llamar al gendarme de la esquina, a pesar de que no podría hacer nada; pero peor era quedarse ahí parados, esperando quién sabe qué horror. Y decidí intervenir. Sin pensarlo dos veces, me metí entre los pies de doña Sura y la hice caer del banquito al que se había subido para parecer más grande, y logré que se cayera. Lanzó un grito horrible, pero en cuanto cayó se quedó callada, callada, como muerta. Pero no estaba muerta. Tardó varios minutos en volver a la conciencia, y lo primero que dijo fue “¿Dónde estoy?” ¿Y qué crees? El chavo dijo: “Si no sabe dónde está, menos puede saber lo que va a ser de nosotros en el futuro”, y le dio la mano a la chava. Ya iban a salir, pero doña Sura se recuperó y pidió a su hija que no se fuera así, y le rogó que hiciera las cosas bien y se casara. La chava accedió, pidió al novio que le diera esa noche para hablar con su mamá y que volviera al día siguiente. Y así lo hicieron. Madre e hija hablaron hasta altas horas de la noche. Doña Sura dijo que temía perderla, que era lo único bueno que había hecho en su vida y que no quería que se fuera. La chava le dijo que no la perdía, que estarían siempre en contacto, que necesitaba la guía de su experiencia y de su sabiduría y que su esposo sería como un hijo para ella. La mujer comprendió a los jóvenes y les ofreció su apoyo (tampoco podía hacer otra cosa, so pena de quedarse sola), y hasta fijaron una fecha tentativa de boda. Así, el asunto se resolvió satisfactoriamente para todos. Pero el portero no salió en toda la noche de la portería. 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