Terror y arte del bibliófilo

La primera vez que consumí mis exiguos ahorros para comparar una primera edición de un autor de otra época, mi padre profetizó que aquello era el comienzo de una suerte de locura: “Quien compra un libro que...

15 de diciembre, 2020

La primera vez que consumí mis exiguos ahorros para comparar una primera edición de un autor de otra época, mi padre profetizó que aquello era el comienzo de una suerte de locura: “Quien compra un libro que no es para leer sino para guardar, seguramente está loco”. Desde luego que en eso, como en muchas otras cosas, tenía razón. Claramente, el acto de atesorar tiene mucho de sinrazón y mucho de locura; especialmente si se trata de libros. En mis modestos 14 años, me compré un libro editado en 1913, un libro de Historia de México escrito por don Justo Sierra, para uso de estudiantes de primaria. Sus condiciones eran deplorables. El libro ya restaurado por la mano generosa de Paola De Rugama, sigue envejeciendo en la estantería de mi biblioteca, en el rincón del retiro donde convive con otros ilustres textos de generaciones anteriores y de autores de muchas épocas. Un rincón poco visitado pero también, el más protegido del polvo y las manos sucias –me viene a la memoria aquel “Quita sus sucias manos sobre Mozart” de Manuel Vicent–. Uno se lo puede imaginar: los provectos habitantes del rincón ya no están para esos trotes y mucho mérito hay en su sobrevivencia heroica, en su muda resistencia en el tránsito de guerras, migraciones, dueños y estanterías porque en ellos hay una triple hazaña. La primera– la  más obvia y natural– es la que el autor dejó plasmada en sus páginas. La segunda –menos evidente y a veces, más compleja– es la de la lucha del autor por la creación del texto. La tercera, la del libro como objeto que, luego de mil peripecias, de un modo inexplicable llegó a nuestras manos; esa última hazaña es lo que bien podemos llamar un rompecabezas sin instrucciones y la única de las tres que testimonia una saga aún sin terminar; si el libro dado a la prensa se ha convertido ya en un universo perfecto pero cerrado ya en sí mismo y si la prehistoria del mismo, que cuenta un fragmento de la biografía del autor y de su circunstancia es ya un hecho pasado, a veces por descubrir y escribir pero de cualquier modo, ya consumado. El libro sobreviviente en mi librería aún tiene una enormidad de tiempo por delante, una épica aún por crear hasta que la entropía a la que todo y todos estamos condenados, la reduzca a polvo y a nada.

El ingreso a la esquina del retiro tiene reglas muy estrictas: primera, el autor debe haber muerto; segunda, debe tratarse de una primera edición; tercera, que el título esté dedicado a algún personaje relevante, lo cual permite prescindir de las dos reglas anteriores; cuarta, que el libro disfrute de fama por sí mismo o bien, se encuentre relacionado son algún hecho histórico —habitualmente la Segunda República Española, su guerra civil y su exilio, ronda por ahí, algunos ejemplares del heroico Ruedo Ibérico—, lo que hace inaplicables todas las reglas anteriores; y quinta, que el volumen tenga, al menos, cien años, lo cual confiere derechos absolutos por sí mismo. Desde luego, la nómina aún no es muy larga, pero sí muy ilustre.

Sus orígenes son muy diversos, no siempre claros y no me atrevería a apostar por la serenidad completa de sus historias. Una primera fuente son las librerías de ocasión, lugares de los que provinieron mis primeras piezas. Otra fuente son las ventas especializadas de bibliotecas extintas y, entre las cuales, el nombre de Alejandro Mayagoitia es leyenda; unos cuantos son obsequios y por último las adquiridas de anticuarios y galeristas que ofrecen, en persona o en línea, los productos de sus propias pesquisas.

Las librerías de ocasión, las librerías de viejo como la llamamos en México no sin cierto desdén, son junglas engañosas, a veces elegantes y venerables, aunque habitualmente sórdidas y polvorientas. Para acudir a ellas se necesita tiempo, buen ojo, disposición y una billetera más o menos dotada. No son lugares fáciles y se camina en ellos con la soltura del entrenamiento al que podría  haber aspirado Virgilio para guiar a Dante en su camino. Porque la librería de ocasión es también un infierno y un purgatorio para los libros condenados al olvido en espera del lector curioso que tenga la fortuna de aparecer como su redentor. Aunque todo cuanto llega ahí es viejo, no todo es antiguo ni mucho menos valioso. Los estantes cuyos letreros de identificación nunca coinciden con la realidad, están poblados por los saldos de los libros que víctimas de su mala calidad, de los errores y de la mala distribución o aún de los caprichos de la moda. Paran ahí los libros que nadie quiso comprar, o libros cuyos herederos prefieren convertir en metálico antes que conservarlos o leerlos, también los productos de los robos a bibliotecas públicas o privadas y los textos que como expósitos son cedidos por sus dueños, en piezas individuales, para salvar algún apuro económico.

Habitualmente el cazador no encontrará ninguna pieza interesante en las mesas que ofrecen, en un montón desordenado, dos o más ejemplares por unos cuantos pesos, ahí fueron a parar los papeles que apenas lograron salvar la pulpa y la tinta de las máquinas de reciclaje. Curiosamente, ahí conviven los sobrevivientes de las megalomaniacas ediciones de la antigua Unión Soviética —no solo Lenin o Marx sino también Tolstoi y Pushkin— o las preciosas pero mal administradas ediciones de Castalia con las ediciones que nadie podría explicar cómo es que alguna vez tuvieron un lugar en el mundo de los vivos. El buen cazador se asoma a esos tiraderos con su curiosidad natural –con el mismo entusiasmo con el que se aproximaría un fotógrafo de National Geographic a una tienda de mascotas– aunque sin olvidar que los milagros solo suceden ahí donde resulta imposible que ocurran. En torno a las mesas de los saldos, se encuentran las estanterías en laberínticos pasillos interminables que en algunos casos, como en la legendaria calle de Donceles de la Ciudad de México, comunican unas librerías con otras. Las interminables estanterías parecen haber sido ordenadas en tiempos inmemoriales, pero desde que yo las frecuento  hace ya varias décadas, sus carteles indicativos de géneros y órdenes alfabéticos han sido superados por la marea de sus volúmenes que generaciones de compradores han adquirido, aunque las probabilidades de encontrar ahí un tesoro perdido aumentan considerablemente, lo cierto es que aún son pocas; esos estantes son el paraíso del lector muy joven o con un presupuesto muy limitado pero apenas son la antesala del coleccionista. Es cierto que ahí he cobrado unas cuantas piezas memorables –una preciosa edición de Física recreativa del soviético Yakov Perelman, por ejemplo–, piezas que, sin embargo, esconden su valor y que suele encontrarse en algún detalle que puede pasar desapercibido —como una firma que solo el conocedor puede atribuir a cierto autor o un libro dedicado en el frente de Jarama—. Para no resultar decepcionado, el coleccionista sabe que puede sacrificar luengas horas, y aún así salir polvoriento y con las manos vacías porque sin duda las piezas que de verdad valen la pena están en un coto aparte, habitualmente en una vitrina cerrada bajo llave o, incluso, fuera de la mirada del villamelón o el turista, para acceder a ellas hay que enfrentarse al guardián del tesoro: el librero.

El  librero de ocasión es más un guardián que un vendedor, un negociante más que un promotor y sabe que su producto sacia la necesidad de algunos como satisface la ambición de otros, cual si se tratara de un personaje de los cuentos de Chaucer o de las intrigas de Laclos; el librero de viejo sabe que lejos de vender libros, lo que hace es expender sueños, aspiraciones y satisfacción, tiene en su poder lo que otros desean y que están dispuestos a pagar por ello, bienes que muy difícilmente podrían obtener en algún otro lugar y eso en lenguaje político y comercial se llama poder. El coleccionista debe retar ese poder y negociar con habilidad para hacerse con la pieza deseada.

Con los años, es muy probable que el coleccionista sea reconocido en algunas librerías. Su paseo por mesas y estantes será considerado como un vuelo de reconocimiento y una visita de cortesía, pero el personal de la librería estará siempre consciente que no está ahí el objeto de su presencia. Llegado el momento, frente a frente, coleccionista y librero, comenzarán una batalla incruenta pero ardua. Si al contrario, el coleccionista es novato o no frecuenta la casa, entonces, en ambos casos, deberá demostrar que es digno de ser considerado un cliente potencial, si no lo logra, si no demuestra saber qué es lo que busca, cuál es el objeto de su visita, entonces será remitido de vuelta a las estanterías; tiene lógica, el librero no es un dependiente de librería en busca de comisiones, sino un hábil negociante, algo similar entre el corsario y el empresario, que preferirá sacrificar un nuevo cliente y guardar un tesoro para los coleccionistas que andando el tiempo son más que clientes.

Las ventas especializadas son los cónclaves de las cofradías de amantes de libros. Al contrario de la librería de viejo, en la que todo se encuentra confuso y en bruto, el buen vendedor especializado habrá hacho una primera colección de compradores y de libros; no puede llegarse a ellas si no es por invitación del oficiante o por cortesía de algún comprador acreditado, es decir, uno no llega como un descubridor, sino como un convidado a un rito en el que conviven la vida y la muerte, la curiosidad y la vanidad tanto como el gusto y la ambición. Habitualmente se trata de bibliotecas que han quedado huérfanas de muerte de su amo, que han devenido expósitas por repudio de los herederos que deciden convertirla en dinero por muchas causas, las más fútiles y las más valederas aunque también son objeto de una realidad salvífica, pues los volúmenes, lejos de ir a parar a los basureros y a las ollas del reciclaje, al olvido en la casa de un pariente desaprensivo tan interesado en los libros como lo estaría en las técnicas pesqueras de Escandinavia o en las condiciones sanitarias de los mapuches chilenos, encontrarán un hogar donde seguir acumulando tiempo y lecturas. La venta al detalle de las bibliotecas en un hecho por sí mismo contradictorio, resulta terrible presenciar cómo se desmembra ese retrato espiritual e íntimo, los sueños y memorias de un sujeto; de ahí que el buen vendedor deberá disponer de un talento especial para que el comprador no experimente la carga ética y moral que implica apoderarse de los libros ajenos a cambio de dinero, aunque parezca paradójico, este vendedor está más emparentado con el galerista de arte que con el librero. 

La exposición y venta de los libros se hace habitualmente en el domicilio de los vendedores, así que antes de la llegada de los fieles, el oficiante habrá dispuesto los libros de manera tal que aun cuando se sienta la calidez del hogar no se violente la intimidad de la familia y que del mismo modo, el comprador se sienta participe de un rescate pero no olvide que se encuentra en un mercado particular cuyo objetivo es obtener la mayor ganancia posible con un número limitado de productos a la venta. Se trata, pues, de las antípodas de la venta de garage. La calidad de la biblioteca ofrecida es directamente proporcional al tiempo y recursos empleados para su construcción así como del papel del propietario original en la formación del carácter del acervo. Si Roma no se hizo en un día, una biblioteca, desde luego, sí puede formarse en uno, pero una biblioteca así carece de espíritu y carácter para convertirse tarde o temprano en una especie de Golem con tendencias a reírse de la fatuidad de su amo; una biblioteca de ese talante puede estar bien abastecida, pero será, más bien la magnificación de los catálogos de un buen vendedor, con una mezcla más o menos previsible de los títulos clásicos de los imprescindibles y de las modas al momento de su compra, esos acervos hacen un mal papel en las ventas porque no es eso lo que el coleccionista se afana en encontrar. Una biblioteca personal es otra cosa; en ella se reúnen los sueños, obsesiones y deseos de su propietario y la historia de una vida que bien suele revelársele al vendedor como acontece al arqueólogo para que los estratos de la tierra no tienen sorpresas.

Es ese tipo de bibliotecas en las que el coleccionista se siente como en casa en donde puede encontrar aquel volumen agotado desde hace años y que ha buscado por doquiera que el destino lo haya llevado. Ahí está—listo para salir de su momentánea orfandad— el libro con la firma del autor entrañable que arranca un suspiro de satisfacción y una mueca de envidia que solo otro coleccionista es capaz de interpretar—así encontré, por ejemplo, la primera edición del Diccionario de Col, aquel que dice que un cacamelo es un dulce de aroma fétido—, a diferencia del librero que aguarda a su cliente y que lo mismo atiende al lector paupérrimo que busca una baratija para saciar su apetito que a un bibliófilo bien provisto de recursos para satisfacer su deseo. El vendedor especializado procura a su clientela con arte y con técnica; su capital está encerrado en las páginas de una agenda en la que constan los nombres de sus clientes habituales, los registros de sus compras, sus números telefónicos, el tema de sus colecciones, sus gustos y aficiones. Constan ahí también unos cuantos nombres nuevos de los que tiene apenas sus datos personales, algún indicio de sus filias y el nombre de quien recomienda su ingreso a la cofradía.Para estos últimos sujetos, el primer encuentro será decisivo: si se trata una persona difícil de ubicar si no demuestra un interés que presuma intenciones de compra o ya en la cita, no disfruta colaborando con el ejecutor de la ceremonia, distará mucho de volver como convidado. Desde luego, no es cuestión de volumen de compra, el buen coleccionista y el buen vendedor saben que empatar los gustos y aficiones de dos lectores, separados por experiencias vitales diversas –y a veces, incluso por generaciones– es un pequeño milagro que no siempre ocurre. El punto es la actitud porque con esta clase de anticuarios sucede lo mismo que con el chef del buen restaurante parisino que se siente ofendido cuando el turista reclama la botella de ketchup para aderezar un platillo, no se puede jugar así  con el oficio ajeno.

El anticuario independiente con o sin galería, es por otra parte uno de los misterios más recónditos de la bibliofilia, no sólo porque en la enorme mayoría de los casos nunca revelará el origen de las piezas que vende, sino porque además, se irá convirtiendo en una especie de seductor que llegará a conocer los deseos y manías más profundos de sus clientes, y lo que resulta aún más peligroso: sabrá reconocer con precisión casi matemática las dimensiones del orgullo de su cliente. Si es en realidad un profesional le bastarán unas cuantas pistas para reconocer cuáles son las piezas que conmoverán la ansiedad, el orgullo y el gusto del bibliófilo. Pero no nos engañemos, el anticuario dista mucho de ser un colaborador de la biblioteca a la cual nutre porque es un leal mercenario cuyo principal objetivo es colocar las mejores ventas, las más caras y las más sublimes en la cuenta de su cliente, dicho de otro modo, el coleccionista, sin darse cuenta, dejará de ser cazador para convertirse en la presa constantemente atraída por las más suculentas carnadas, cortejado y emboscado por el auténtico estratega. El anticuario puede ofrecer las mejores piezas de una colección, los tesoros más inimaginables; sin embargo, las envolverá siempre en un paquete en el que no todo vale la pena y aún más, tratará siempre de ampliar el margen de acción de modo tal que el comprador de primeras ediciones de Alfonso Reyes no pocas veces termine con tres volúmenes de antologías filosóficas latinoamericanas y con una tacita de porcelana de Sévres aunque no sea aficionado al café. Cada compra se convierte en un delicado ajedrez en el que nunca hay pronóstico cierto y en el que el comprador buscará mantener la pureza y calidad de su colección mientras que el vendedor tratará de cobrar, al mayor precio posible, el mayor número de objetos de deseo de que sea capaz; se trata, por otra parte, de una batalla incierta en la que ambas partes saben que lo principal es seguir combatiendo y que, a veces, para ganar hay que perder de vez en cuando.

El secreto de una buena colección no radica en las piezas selectas que se dispongan ni en los recursos desplegados para obtenerlas, sino en el placer que procura formarlas y el goce intenso que proporciona contemplarlas en la biblioteca del hogar. En torno a las colecciones nacen y se desarrollan perversiones muy diversas, por ejemplo la adquisición de volúmenes que deben ser guardados en cajas fuertes y que no pueden, por ello, proporcionar un placer inmediato y tangible a su amo, situación similar a la que se presenta en el adolescente que por estar enamorado de la estrella de cine, no puede disfrutar de la belleza que se le ofrece cada día; o la que deviene del ánimo financiero y no del placer de la lectura. Quienes así proceden pasan más tiempo tasando y valuando sus volúmenes que leyéndolos o admirándolos y terminan casi siempre decepcionados cuando se dan cuenta que, en tan peculiar mercado, la prisa de vender resulta muy castigada y que el valor sentimental rara, muy rara vez, tiene  algún valor en el comercio.

Los libros del rincón del retiro han llegado de todos estos lugares. Algunos posan como modelos de revista y otros como heroicos soldados sobrevivientes de la guerra. En fin, muchos que hoy se encuentran entre sus pares de países y en orden alfabético, algún día poblarán el rincón de los ancianos, y quién sabe, tal vez mis hijos, encuentren placer en cambiar de lugar el libro que apenas hace unos días me dedicó Daniel Rodríguez Barrón.

@cesarbc70

Comentarios


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Guardia de Honor Se llevó una Guardia de Honor en la Escultura de Padre Mier ubicada a la entrada del municipio en la que el Lic. Juvencio mencionó “Mi querido Municipio de Mier y Noriega, su nombre fue en memoria de Fray Servando Teresa de Mier y Noriega, nativo de Monterrey, héroe de la Independencia Nacional. Fue elevado a Villa en un 27 de julio de 1849 de acuerdo al Decreto nùmero51, dado a conocer por el Gobernador en turno ante el Congreso del Estado de dicho año. De allí parte su festejo de 173º Aniversario”. Antecedentes de la Escultura del Padre Mier El Lic. Juvencio enfatizó con orgullo que la Escultura del Padre Mier que se encuentra en la entrada del mencionado municipio fue realizada por el escultor Federico Cantú Favila y fue trasladada a Mier y Noriega por el Lic. Carrizales el 2 de junio de 2004. “Esta escultura es una pieza original de mi amigo Federico Cantú a quien le agradezco sus atenciones a mi municipio. Inicialmente, esta escultura original se colocaría en la Macro Plaza del Centro de Monterrey pero finalmente se pudo contratar el proyecto y gestiones con Federico Cantú y la pieza original quedó destinada para Mier y Noriega y la réplica para Monterrey”. Semblanza   Juvencio Carrizales Torres, nace un 11 de febrero de 1969 en el Municipio de Mier y Noriega, Nuevo León, abogado de profesión, apasionado por la historia y cultura; Cronista del citado municipio, autor de diferentes artículos, ha participado en programas de radio como “Orgullosamente Bárbaros” Canal 28 Nuevo León, trabajó para diferentes periódicos de la localidad entre otros. Actualmente, tiene diferentes proyectos para los habitantes de su tierra querida como lo refiere en las entrevistas. Invitamos al público en general que visite y conozca Mier y Noriega “Las festividades reflejan el nivel de cultura de un pueblo, sus creencias, su fe, su idiosincrasia, su capacidad de organización, en suma su grado de desarrollo en el ámbito material, artístico y espiritual”. (Carrizales, p. 23. 2022). Bibliografía Carrizales Torres, Juvencio (Junio 2022). Mier y Noriega y sus festividades. Revista OFICIO N. 390. Vol. XXXI. Director Arnulfo Vigil [email protected] Salazar Ugarte, Pedro (2017). El municipio mexicano: Génesis, evolución y perspectivas contemporáneas. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.  https://www.inehrm.gob.mx/recursos/Libros/elmunicipiomexicano.pdf https://ruizhealytimes.com/cultura-para-todos/vivamos-el-173-aniversario-de-la-fundacion-de-mier-y-noriega-de-nuevo-leon/ Juvencio Carrizales Torres  https://www.facebook.com/juvencio.carrizalestorres  Contacto: ORCID ID https://orcid.org/0000-0002-5708-428X [email protected] www.facebook.com/angelica.murillo.5496 https://www.facebook.com/RIEHMTY IG dra.angelicamg www.ruizhealytimes.com  " ["post_title"]=> string(180) "La Asociación de Historiadores, Cronistas y Escritores de Nuevo León “José Servando Teresa de Mier” A. 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Sin embargo, la discusión acerca de si esta nueva versión está justificada (y que salga a precio completo similar a juegos nuevos, es decir, cerca de 70 USD) es tema para otro día. Además, pronto se estrenará una adaptación televisiva de la mano de HBO.  Así que, a colación de esto, me gustaría hablar acerca del título desarrollado por Naughty Dog, el cual se ha convertido en una vaca sagrada del gaming en los últimos años. Advertencia: este juego no me gusta mucho. Al menos, no tanto como a la mayoría de los jugadores. Procedo a explicar mis razones.  Si he de trazar un paralelo con otra forma de entretenimiento, para mí la devoción que genera The Last of Us me parece tan incomprensible como la que generó el álbum OK Computer de Radiohead a finales del siglo pasado. Es decir, ambas son obras de enorme calidad, con momentos de puro gozo. Sin embargo, si uno ve el panorama de sus respectivos campos, hay obras que resultan tanto o más valiosas y que rara vez reciben el mismo reconocimiento. ¿OK Computer en verdad es el mejor álbum de la misma década de Massive Attack, Aimee Mann, Morphine, Ween, Nirvana y Björk? De la misma forma, ¿The Last of Us es en verdad el mejor videojuego en la misma generación en la que gozamos la trilogía de Bioshock (1,2 e Infinite), Mass Effect, Grand Theft Auto (IV y V), Portal y Metal Gear Solid 4 Así que veamos cada uno de los apartados de The Last of Us. Trama: Un mundo después de la pandemia Comencemos por hablar un poco acerca de la historia, la cual es, para muchos, uno de los atractivos principales del título. La trama nos sitúa en un mundo azotado por un hongo llamado Cordyceps, el cual convierte a los humanos en seres violentos conocidos como los “Infectados” (very creative indeed!). La población está aislada en zonas de cuarentena debido a esto. Joel (el protagonista y a quien controlamos durante el juego) es un contrabandista, quien recibe el encargo de llevar a Ellie, una joven que aparentemente es inmune al hongo, hasta un asentamiento de un grupo rebelde conocido como “Las Luciérnagas”. Hasta ahí nos quedamos con la historia, para no entrar en los famosísimos spoilers para quienes aún no lo hayan jugado y tengan intenciones de hacerlo. Sin embargo, para mí, la historia del videojuego es uno de sus puntos más débiles: pretty standard stuff para un videojuego. Zombies, un entorno postapocalíptico y armas a montones. ¿Acaso no es básicamente la misma premisa que la saga Resident Evil? ¡Oh, perdonen! The Last of Us pretende contar una historia seria, carente, al parecer, de los elementos Over the Top de la saga insignia de Capcom. Esto es otro elemento que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo: la seriedad de la narración que a veces ronda con lo pretencioso. En varios momentos, parece que Naughty Dog nos quiere convencer de que esto no es solamente un juego. “¡Vean! estamos contando una historia harto seria! Sí, hay zombies, pero estamos siendo serios, ¡de veras!”. Calma, Neil Druckmann (el director del juego), ya entendimos. En el aspecto positivo, debo reconocer que la dinámica entre Joel y Ellie (casi como de padre e hija) resulta muy natural y humana, y entiendo que muchos jugadores empaticen con ambos. De hecho, si bien la historia no es nada novedosa, la dirección y el guion brindan algunos momentos enternecedores e intensos.  Aspecto técnico: la joya de la corona de PS3 El aspecto técnico de The Last of Us es una de sus mayores ventajas y, siendo uno de los títulos importantes de la generación de PS3, su desarrollo contó con un equipo que ya conocía bien cómo crear videojuegos para la consola de Sony. Las vistas de este Estados Unidos devastado son en verdad gloriosas, con escenarios amplios, definidos y coloridos. La dirección de arte en verdad te hace sentir dentro de este mundo derruido que Naughty Dog creó. La variedad de escenarios no falta: viajaremos por edificios, bosques, alcantarillas y más. El modelado de los personajes también es excelente, con movimientos y expresiones faciales muy naturales. Las escenas también están muy bien dirigidas, lo cual no debería ser sorpresa viniendo de la misma desarrolladora de la serie Uncharted. El aspecto técnico es impecable y derrocha calidad por todos lados. Por ello, aunque el título fue remasterizado para PS4 un año después, el original sigue siendo uno de los que mejor se ven en PS3. Jugabilidad: third person shooter con tintes de horror Ya que dejamos los halagos atrás, entremos en el aspecto de jugabilidad. A ver, creo que una buena definición podría ser: Shooter en tercera persona + ligeros toques de sigilo al estilo de Metal Gear Solid / Assasin’s Creed + leves toques de terror. 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Esta visión la puedo entender, aunque no compartir: como dije, la historia y sus personajes no me parecen nada especiales, además de que hay pocas innovaciones en el aspecto jugable. Lo mejor que puedo decir es que es en verdad un prodigio técnico, que aprovechó al máximo la potencia del PS3. Sin embargo, este resultado es de esperarse al ser uno de los títulos lanzados en el ocaso de la consola. Para mí, a The Last of Us le falta ese algo, esa chispa que me haga ponerlo al mismo nivel de otras obras del videojuego. Fuera de su historia, que resonó con muchas personas, no veo que esta obra de Naughty Dog haya hecho algo que no se haya visto antes." ["post_title"]=> string(49) "The Last of Us, ¿la obra maestra de Naughty Dog?" 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Una de ellas es la de utilizarlo como oportunidad para reflexionar sobre sus causas, características y efectos. Si ese momento histórico está materializado en un pacto constitucional la ocasión se potencia porque las vicisitudes del momento están destinadas a normar las circunstancias del futuro y a influir en otros contextos históricos, políticos y normativos” (Salazar, p. 11, 2017). El pasado 27 de julio el municipio de Mier y Noriega de Nuevo León celebró con alegría sus primeros 173 años de su fundación. Dentro del marco de instituciones presentes. Destacó la participación de la Asociación de Historiadores, Cronistas y Escritores de Nuevo León “José Servando Teresa de Mier” A.C., en calidad como Presidente de dicha Asociación el Lic. Juvencio Carrizales Torres y Cronista del mencionado municipio así como una servidora Dra. Angélica Murillo Garza. Programa *Bienvenida…Dra. 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Guardia de Honor Se llevó una Guardia de Honor en la Escultura de Padre Mier ubicada a la entrada del municipio en la que el Lic. Juvencio mencionó “Mi querido Municipio de Mier y Noriega, su nombre fue en memoria de Fray Servando Teresa de Mier y Noriega, nativo de Monterrey, héroe de la Independencia Nacional. Fue elevado a Villa en un 27 de julio de 1849 de acuerdo al Decreto nùmero51, dado a conocer por el Gobernador en turno ante el Congreso del Estado de dicho año. De allí parte su festejo de 173º Aniversario”. Antecedentes de la Escultura del Padre Mier El Lic. Juvencio enfatizó con orgullo que la Escultura del Padre Mier que se encuentra en la entrada del mencionado municipio fue realizada por el escultor Federico Cantú Favila y fue trasladada a Mier y Noriega por el Lic. Carrizales el 2 de junio de 2004. “Esta escultura es una pieza original de mi amigo Federico Cantú a quien le agradezco sus atenciones a mi municipio. Inicialmente, esta escultura original se colocaría en la Macro Plaza del Centro de Monterrey pero finalmente se pudo contratar el proyecto y gestiones con Federico Cantú y la pieza original quedó destinada para Mier y Noriega y la réplica para Monterrey”. Semblanza   Juvencio Carrizales Torres, nace un 11 de febrero de 1969 en el Municipio de Mier y Noriega, Nuevo León, abogado de profesión, apasionado por la historia y cultura; Cronista del citado municipio, autor de diferentes artículos, ha participado en programas de radio como “Orgullosamente Bárbaros” Canal 28 Nuevo León, trabajó para diferentes periódicos de la localidad entre otros. Actualmente, tiene diferentes proyectos para los habitantes de su tierra querida como lo refiere en las entrevistas. Invitamos al público en general que visite y conozca Mier y Noriega “Las festividades reflejan el nivel de cultura de un pueblo, sus creencias, su fe, su idiosincrasia, su capacidad de organización, en suma su grado de desarrollo en el ámbito material, artístico y espiritual”. (Carrizales, p. 23. 2022). Bibliografía Carrizales Torres, Juvencio (Junio 2022). Mier y Noriega y sus festividades. Revista OFICIO N. 390. Vol. XXXI. Director Arnulfo Vigil [email protected] Salazar Ugarte, Pedro (2017). El municipio mexicano: Génesis, evolución y perspectivas contemporáneas. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.  https://www.inehrm.gob.mx/recursos/Libros/elmunicipiomexicano.pdf https://ruizhealytimes.com/cultura-para-todos/vivamos-el-173-aniversario-de-la-fundacion-de-mier-y-noriega-de-nuevo-leon/ Juvencio Carrizales Torres  https://www.facebook.com/juvencio.carrizalestorres  Contacto: ORCID ID https://orcid.org/0000-0002-5708-428X [email protected] www.facebook.com/angelica.murillo.5496 https://www.facebook.com/RIEHMTY IG dra.angelicamg www.ruizhealytimes.com  " ["post_title"]=> string(180) "La Asociación de Historiadores, Cronistas y Escritores de Nuevo León “José Servando Teresa de Mier” A. 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La Asociación de Historiadores, Cronistas y Escritores de Nuevo León “José Servando Teresa de Mier” A. C. presente en el 173º Aniversario de la Fundación de Mier y Noriega

“Existen diferentes maneras de celebrar un momento histórico. Una de ellas es la de utilizarlo como oportunidad para reflexionar sobre sus causas,...

agosto 4, 2022
Es un buen tiempo para ser fanático de la saga The Last of Us, una de las propiedades intelectuales más importantes de Sony. En menos de un mes, The Last of US: Part I, un «remake» para PS5 del título que vio la luz en PS3 en el ya lejano 2013, llegará a las tiendas físicas y digitales. ¡Y vaya relajo que se armó dentro de la comunidad por este hecho! Sin embargo, la discusión acerca de si esta nueva versión está justificada (y que salga a precio completo similar a juegos nuevos, es decir, cerca de 70 USD) es tema para otro día. Además, pronto se estrenará una adaptación televisiva de la mano de HBO. Así que, a colación de esto, me gustaría hablar acerca del título desarrollado por Naughty Dog, el cual se ha convertido en una vaca sagrada del gaming en los últimos años. Advertencia: este juego no me gusta mucho. Al menos, no tanto como a la mayoría de los jugadores. Procedo a explicar mis razones. Si he de trazar un paralelo con otra forma de entretenimiento, para mí la devoción que genera The Last of Us me parece tan incomprensible como la que generó el álbum OK Computer de Radiohead a finales del siglo pasado. Es decir, ambas son obras de enorme calidad, con momentos de puro gozo. Sin embargo, si uno ve el panorama de sus respectivos campos, hay obras que resultan tanto o más valiosas y que rara vez reciben el mismo reconocimiento. ¿OK Computer en verdad es el mejor álbum de la misma década de Massive Attack, Aimee Mann, Morphine, Ween, Nirvana y Björk? De la misma forma, ¿The Last of Us es en verdad el mejor videojuego en la misma generación en la que gozamos la trilogía de Bioshock (1,2 e Infinite), Mass Effect, Grand Theft Auto (IV y V), Portal y Metal Gear Solid 4? Así que veamos cada uno de los apartados de The Last of Us. Trama: Un mundo después de la pandemia Comencemos por hablar un poco acerca de la historia, la cual es, para muchos, uno de los atractivos principales del título. La trama nos sitúa en un mundo azotado por un hongo llamado Cordyceps, el cual convierte a los humanos en seres violentos conocidos como los “Infectados” (very creative indeed!). La población está aislada en zonas de cuarentena debido a esto. Joel (el protagonista y a quien controlamos durante el juego) es un contrabandista, quien recibe el encargo de llevar a Ellie, una joven que aparentemente es inmune al hongo, hasta un asentamiento de un grupo rebelde conocido como “Las Luciérnagas”. Hasta ahí nos quedamos con la historia, para no entrar en los famosísimos spoilers para quienes aún no lo hayan jugado y tengan intenciones de hacerlo. Sin embargo, para mí, la historia del videojuego es uno de sus puntos más débiles: pretty standard stuff para un videojuego. Zombies, un entorno postapocalíptico y armas a montones. ¿Acaso no es básicamente la misma premisa que la saga Resident Evil? ¡Oh, perdonen! The Last of Us pretende contar una historia seria, carente, al parecer, de los elementos Over the Top de la saga insignia de Capcom. Esto es otro elemento que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo: la seriedad de la narración que a veces ronda con lo pretencioso. En varios momentos, parece que Naughty Dog nos quiere convencer de que esto no es solamente un juego. “¡Vean! estamos contando una historia harto seria! Sí, hay zombies, pero estamos siendo serios, ¡de veras!”. Calma, Neil Druckmann (el director del juego), ya entendimos. En el aspecto positivo, debo reconocer que la dinámica entre Joel y Ellie (casi como de padre e hija) resulta muy natural y humana, y entiendo que muchos jugadores empaticen con ambos. De hecho, si bien la historia no es nada novedosa, la dirección y el guion brindan algunos momentos enternecedores e intensos. Aspecto técnico: la joya de la corona de PS3 El aspecto técnico de The Last of Us es una de sus mayores ventajas y, siendo uno de los títulos importantes de la generación de PS3, su desarrollo contó con un equipo que ya conocía bien cómo crear videojuegos para la consola de Sony. Las vistas de este Estados Unidos devastado son en verdad gloriosas, con escenarios amplios, definidos y coloridos. La dirección de arte en verdad te hace sentir dentro de este mundo derruido que Naughty Dog creó. La variedad de escenarios no falta: viajaremos por edificios, bosques, alcantarillas y más. El modelado de los personajes también es excelente, con movimientos y expresiones faciales muy naturales. Las escenas también están muy bien dirigidas, lo cual no debería ser sorpresa viniendo de la misma desarrolladora de la serie Uncharted. El aspecto técnico es impecable y derrocha calidad por todos lados. Por ello, aunque el título fue remasterizado para PS4 un año después, el original sigue siendo uno de los que mejor se ven en PS3. Jugabilidad: third person shooter con tintes de horror Ya que dejamos los halagos atrás, entremos en el aspecto de jugabilidad. A ver, creo que una buena definición podría ser: Shooter en tercera persona + ligeros toques de sigilo al estilo de Metal Gear Solid / Assasin’s Creed + leves toques de terror. El control es fluido (aunque algunos jugadores lo encuentran un tanto torpe, para mí está bien) y el modo de juego tiene la variedad justa para no caer en la monotonía, pero no hay algo que The Last of Us haga que no se haya visto en varios títulos más y, en ocasiones, de mejor forma. El avance es lineal, lo cual no es una desventaja en sí misma. Tal vez lo más atractivo sea el aspecto táctico del juego. En ciertas situaciones, debes elegir la forma en la que enfrentarás a los enemigos con los que te encuentras. Aunque, en la mayoría de los casos, el ataque frontal con armas de fuego asegura la muerte de Joel. Las secciones en las que debes ser sigiloso para evitar una muerte instantánea ante cierto tipo de enemigos resultan emocionantes, eso sí. En fin, que el aspecto jugable de The Last of Us, mientras que no es malo o aburrido, tampoco es tremendamente espectacular o innovador y sólo es una excusa para avanzar la historia. Conclusión Para mí, al menos en mi humilde opinión, para que un videojuego entre a ese panteón sagrado de los mejores de todos los tiempos, debe ser uno que empuje al medio un paso más allá, ya sea en aspectos técnicos, narrativos o de innovación. Todos aquellos que jugamos The Legend of Zelda: Ocarina of Time en su época, allá por 1998, tenemos al título de Nintendo en tan alta estima por eso mismo: fue uno de los primeros títulos que aprovechó la tecnología de ese momento (el N64) y, de un solo golpe, mostró el potencial de las aventuras de acción en 3D. En verdad, TLoZ:OoT fue un título cutting edge en su época. Por otro lado, The Last of Us parece más, en el mejor de los casos, la culminación de los videojuegos de disparos en tercera persona con toques cinemáticos. Esta visión la puedo entender, aunque no compartir: como dije, la historia y sus personajes no me parecen nada especiales, además de que hay pocas innovaciones en el aspecto jugable. Lo mejor que puedo decir es que es en verdad un prodigio técnico, que aprovechó al máximo la potencia del PS3. Sin embargo, este resultado es de esperarse al ser uno de los títulos lanzados en el ocaso de la consola. Para mí, a The Last of Us le falta ese algo, esa chispa que me haga ponerlo al mismo nivel de otras obras del videojuego. Fuera de su historia, que resonó con muchas personas, no veo que esta obra de Naughty Dog haya hecho algo que no se haya visto antes.

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Si he de trazar un paralelo con otra forma de entretenimiento, para mí la devoción que genera The Last of Us me parece tan incomprensible como la que generó el álbum OK Computer de Radiohead a finales del siglo pasado. Es decir, ambas son obras de enorme calidad, con momentos de puro gozo. Sin embargo, si uno ve el panorama de sus respectivos campos, hay obras que resultan tanto o más valiosas y que rara vez reciben el mismo reconocimiento. ¿OK Computer en verdad es el mejor álbum de la misma década de Massive Attack, Aimee Mann, Morphine, Ween, Nirvana y Björk? De la misma forma, ¿The Last of Us es en verdad el mejor videojuego en la misma generación en la que gozamos la trilogía de Bioshock (1,2 e Infinite), Mass Effect, Grand Theft Auto (IV y V), Portal y Metal Gear Solid 4? Así que veamos cada uno de los apartados de The Last of Us. Trama: Un mundo después de la pandemia Comencemos por hablar un poco acerca de la historia, la cual es, para muchos, uno de los atractivos principales del título. La trama nos sitúa en un mundo azotado por un hongo llamado Cordyceps, el cual convierte a los humanos en seres violentos conocidos como los “Infectados” (very creative indeed!). La población está aislada en zonas de cuarentena debido a esto. Joel (el protagonista y a quien controlamos durante el juego) es un contrabandista, quien recibe el encargo de llevar a Ellie, una joven que aparentemente es inmune al hongo, hasta un asentamiento de un grupo rebelde conocido como “Las Luciérnagas”. Hasta ahí nos quedamos con la historia, para no entrar en los famosísimos spoilers para quienes aún no lo hayan jugado y tengan intenciones de hacerlo. Sin embargo, para mí, la historia del videojuego es uno de sus puntos más débiles: pretty standard stuff para un videojuego. Zombies, un entorno postapocalíptico y armas a montones. ¿Acaso no es básicamente la misma premisa que la saga Resident Evil? ¡Oh, perdonen! The Last of Us pretende contar una historia seria, carente, al parecer, de los elementos Over the Top de la saga insignia de Capcom. Esto es otro elemento que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo: la seriedad de la narración que a veces ronda con lo pretencioso. En varios momentos, parece que Naughty Dog nos quiere convencer de que esto no es solamente un juego. “¡Vean! estamos contando una historia harto seria! Sí, hay zombies, pero estamos siendo serios, ¡de veras!”. Calma, Neil Druckmann (el director del juego), ya entendimos. En el aspecto positivo, debo reconocer que la dinámica entre Joel y Ellie (casi como de padre e hija) resulta muy natural y humana, y entiendo que muchos jugadores empaticen con ambos. De hecho, si bien la historia no es nada novedosa, la dirección y el guion brindan algunos momentos enternecedores e intensos. Aspecto técnico: la joya de la corona de PS3 El aspecto técnico de The Last of Us es una de sus mayores ventajas y, siendo uno de los títulos importantes de la generación de PS3, su desarrollo contó con un equipo que ya conocía bien cómo crear videojuegos para la consola de Sony. Las vistas de este Estados Unidos devastado son en verdad gloriosas, con escenarios amplios, definidos y coloridos. La dirección de arte en verdad te hace sentir dentro de este mundo derruido que Naughty Dog creó. La variedad de escenarios no falta: viajaremos por edificios, bosques, alcantarillas y más. El modelado de los personajes también es excelente, con movimientos y expresiones faciales muy naturales. Las escenas también están muy bien dirigidas, lo cual no debería ser sorpresa viniendo de la misma desarrolladora de la serie Uncharted. El aspecto técnico es impecable y derrocha calidad por todos lados. Por ello, aunque el título fue remasterizado para PS4 un año después, el original sigue siendo uno de los que mejor se ven en PS3. Jugabilidad: third person shooter con tintes de horror Ya que dejamos los halagos atrás, entremos en el aspecto de jugabilidad. A ver, creo que una buena definición podría ser: Shooter en tercera persona + ligeros toques de sigilo al estilo de Metal Gear Solid / Assasin’s Creed + leves toques de terror. El control es fluido (aunque algunos jugadores lo encuentran un tanto torpe, para mí está bien) y el modo de juego tiene la variedad justa para no caer en la monotonía, pero no hay algo que The Last of Us haga que no se haya visto en varios títulos más y, en ocasiones, de mejor forma. El avance es lineal, lo cual no es una desventaja en sí misma. Tal vez lo más atractivo sea el aspecto táctico del juego. En ciertas situaciones, debes elegir la forma en la que enfrentarás a los enemigos con los que te encuentras. Aunque, en la mayoría de los casos, el ataque frontal con armas de fuego asegura la muerte de Joel. Las secciones en las que debes ser sigiloso para evitar una muerte instantánea ante cierto tipo de enemigos resultan emocionantes, eso sí. En fin, que el aspecto jugable de The Last of Us, mientras que no es malo o aburrido, tampoco es tremendamente espectacular o innovador y sólo es una excusa para avanzar la historia. Conclusión Para mí, al menos en mi humilde opinión, para que un videojuego entre a ese panteón sagrado de los mejores de todos los tiempos, debe ser uno que empuje al medio un paso más allá, ya sea en aspectos técnicos, narrativos o de innovación. Todos aquellos que jugamos The Legend of Zelda: Ocarina of Time en su época, allá por 1998, tenemos al título de Nintendo en tan alta estima por eso mismo: fue uno de los primeros títulos que aprovechó la tecnología de ese momento (el N64) y, de un solo golpe, mostró el potencial de las aventuras de acción en 3D. En verdad, TLoZ:OoT fue un título cutting edge en su época. Por otro lado, The Last of Us parece más, en el mejor de los casos, la culminación de los videojuegos de disparos en tercera persona con toques cinemáticos. Esta visión la puedo entender, aunque no compartir: como dije, la historia y sus personajes no me parecen nada especiales, además de que hay pocas innovaciones en el aspecto jugable. Lo mejor que puedo decir es que es en verdad un prodigio técnico, que aprovechó al máximo la potencia del PS3. Sin embargo, este resultado es de esperarse al ser uno de los títulos lanzados en el ocaso de la consola. Para mí, a The Last of Us le falta ese algo, esa chispa que me haga ponerlo al mismo nivel de otras obras del videojuego. Fuera de su historia, que resonó con muchas personas, no veo que esta obra de Naughty Dog haya hecho algo que no se haya visto antes.

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