Los Olvidos

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1 de octubre, 2020

Conocí Los Olvidos, a su interior, a mediados de los años 70. Había yo visto esa casa desde el mar varias veces y luego desde La Sinfonía, que tenía de ella una vista perfecta. Siempre tuve la  inquietud de ir y tocar la puerta para saber si había alguien que me permitiera conocerla. No había la inseguridad ni la desconfianza que hay ahora, y además pensé que lo peor que podría pasarme seria que me dijeran que no, y ya.

En esas andaba yo, cuando cayó en mis manos un libro de José Pintos ¡en el que hablaba precisamente de Los Olvidos! Mi curiosidad creció y fue así que en mi siguiente viaje  a Acapulco, me armé de valor y un día llegue al portón exterior de Los Olvidos.

Los Olvidos no quedaba sobre la avenida López Mateos, sino al fondo de un callejoncito que se llama Explanada; y al fondo en el número 5, había un portón cubierto por un tejado.

El portón era de tablones de madera tropical (parota o huanacaxtle) que tenían pequeñas rendijas entre cada uno y permitían ver un poco hacia el interior. Se podía apreciar una explanada descendente hacia el lado  izquierdo (viendo la casa de frente). Justo en línea recta se veía una terraza muy larga con piso de loseta roja al estilo de los años 30.

La vista al final  de la explanada y de la terraza, era del mar abierto que se extendía hasta el horizonte. Como la casa queda en la cima del acantilado, se escuchaba el golpe del mar contra los riscos en un sonido que hipnotizaba.

Permanecí en el portón unos minutos hasta que por fin toqué el timbre. Me di cuenta de que funcionaba, porque yo mismo alcancé a oír el tono  de la campanilla. Llevaba poco tiempo esperando, cuando vi aproximarse a un señor como de unos 40 o 45 años de edad con el cabello negro y ondulado, que se acercaba a buen paso.

Preguntó quién llamaba y le respondí que era yo una persona curiosa que había visto la casa muchas veces desde el mar y desde La sinfonía, y quería saber si sería tan amable de permitirme recorrerla.

Para mi grande sorpresa me dijo que con mucho gusto, al tiempo que abría el portón dejando ante mi vista un cancel de madera hecho de barrotes bellamente torneados, que aislaban (supuestamente) el acceso principal hacia la casa. Al entrar al patio de acceso, se escuchaban más fuertes las olas golpeando contra el acantilado.

El cuidador se llamaba Marcelino; Marcelino de la Rosa. Muy cortésmente me pidió que lo siguiera mientras él comenzaba a guiarme por el pasillo más cercano a la puerta principal. La casa estaba pintada de amarillo pálido, cubierta toda de tejados rojos.

Llegamos a un mirador en el extremo de la casa que deba directamente sobre el mar, donde los pasillos de ambos lados remataban en un semicírculo de arcos que regalaban la vista más increíble que había yo visto en Acapulco. Nos  pusimos a platicar y le dije que me daba mucho gusto que me hubiera abierto y que me hubiera permitido entrar.

¡Sorprendentemente la casa no tenía muebles! Una verdadera mansión como esa, tendría cuando menos sillas de madera de las que se ponían entonces en las playas, y que en Estados Unidos llaman adirondak. Don Marcelino parecía divertido de ver mi sorpresa.

Entonces me dijo sonriendo: ¿Quiere que le cuente cosas de la casa, o me quiere preguntar? Le respondí que las dos cosas.

Entonces comenzó a decirme que él era el cuidador; que llevaba trabajando ahí poco más de 20 años. Me dijo que el dueño (su patrón) era un señor de Veracruz que se la había comprado a otro señor que a su vez se la había ganado al dueño original ¡en un juego de barajas! El dueño original había sido un minero inglés radicado en Zacatecas de nombre Emmanuell Claymon.

La casa, como pude constatar, tenía 12 habitaciones, ¡todas con baño  completo! Ninguna tenía ni siquiera ventilador de techo, porque todas tenían ventanas amplias a ambos lados, sobre las terrazas, y las atravesaba la brisa marina de lado a lado todo el tiempo.

Bajo la terraza de los arcos había un gran salón de billar con muros prácticamente de cristal porque todo eran ventanas que permitían ver “los dedos de la mano” que sostenía la “charola” de la terraza principal.

Los Olvidos vista desde el mar, parecía una casa sostenida por una mano que brota del acantilado para soportar la terraza rodeada de arcos. Vista desde el anfiteatro al aire libre  conocido como La Sinfonía, se podía apreciar la belleza de su silueta extendida sobre la parte más alta de la península de La Explanada, semejando un antiguo mascarón de proa adentrándose en el mar. En ese paisaje predominaba un espacio poblado por muchas palmeras que bailaban al ritmo del viento con singular coquetería.

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Zurita, uno de los guionistas de la película mexicana más exitosa en los últimos años: Nosotros los nobles (2013), por la que recibió una nominación al Ariel. En esta ocasión, Zurita habla de su trabajo cinematográfico más reciente: Un retrato de familia.  CB: Tú qué redactaste el guion de la película “Nosotros los nobles” ¿Pensaste que tendría tanto éxito? AZ: No, sucedió un fenómeno muy extraño. Para mí en parte era una burla de ese sector de la sociedad mamón y prepotente, pero resultó que a estas personas les cayeron muy bien los personajes. Se sentían muy identificados con este tipo de personas pero para bien, como que lo tomaron como una identidad. Decían “Somos arrogantes, soberbios y mamones”, esto lo tomaron como algo bueno, y sí tuvo mucho éxito la cinta por muchas cosas. CB: ¿Por qué el título de tu nueva película “Un retrato de familia”? AZ: El personaje principal, Mariano Avendaño, que hace Humberto Zurita, lo único que parece tener de su familia es un retrato de familia y ya. La voz de la experiencia, que es Hugo Stiglitz, que es como su mentor, le dice por su experiencia que es conveniente que pase más tiempo con su familia, se lo transmite porque lo quiere como un hijo, y Humberto decide darle una oportunidad a lo que le están diciendo y se da cuenta de que realmente no está al tanto de lo que pasa en su familia. No es que haya perdido a la familia, pero no es esa familia de capas profundas, donde realmente la conoce. CB: Me da la impresión de que muchas de las anécdotas y temas de la película tú las has vivido. AZ: Cuando tú eres autor desde la obra literaria que es el guion, eres productor y director, tu ADN está embarrado en todos lados. También he sacado anécdotas de amigos y conocidos Filosóficamente cuando tú a algo le dices sí, le estás diciendo a muchas otras cosas que no. En estos dos años de confinamiento perdimos experiencias colectivas como, por ejemplo, ir al cine, tú puedes ver esta película en tu celular, pero no es lo mismo, en el cine estás siendo parte de qué te están contando una historia a todos juntos, y las reacciones grupales son contagiosas. Por eso los cantantes tienen tanto éxito en los conciertos, porque se crea un momento de felicidad colectiva que es único, no lo vas a sentir en un celular o en un video. El cine es la caja negra que te pone toda tu atención en la película que estás viendo por tantas horas y todos tus sentidos están ahí, y depende de los cineastas si esas dos horas te van a servir para salirte de la realidad, como la canción de Mecano sobre el cine, enamorarte de la chica que sale en la película, sentir el miedo, etc. Creo que ayer en la presentación logramos esto, yo salí muy satisfecho porque la gente me contaba de todo. Hace unos meses, invité a Miguel Bosé a que viera la película. Salió muy conmovido, le gustó muchísimo, y conectó con las relaciones profundas, la familia que se acepta sin cuestionar. CB: En tus dos películas se le da mucha importancia al rol del padre. Eso no pasa mucho en México a lo que se refiere en la convivencia con los hijos y la educación. AZ: Sí, y también lo que yo quería contar en esta historia era esta parte del que paga manda que está mal, pero así es, desgraciadamente el hombre sigue ganando más que la mujer, y también esta parte de que en cierto estatus social es muy difícil que la mujer trabaje, ellas no son pilares de la manutención del hogar, es una injusticia porque es una trampa, el proveedor es el personaje de Humberto Zurita, pero eso no es suficiente, un proveedor no construye un hogar. Yo no quería una película de dolor, yo quería una película de esperanza, una historia que te comunicara que se pueden arreglar las cosas mientras estés vivo. 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CB: Humberto Zurita nos deleita en un personaje completamente diferente a lo que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos que sale en estas series violentas de narcos. AZ: Estás hablando de uno de los pilares actorales mexicanos: teatro, cine, televisión, productor, actor, un tipazo. Fíjate que él nunca había hecho un papel de un padre tan humano y tan vulnerable en lo más íntimo. Le encantó el guion, le representaba algo nuevo que nunca había hecho. Me dijo “yo vengo de ser una mala persona por varias temporadas, un majadero, un patán; este papel es de un hombre que es bueno en lo que hace, pero muy humano en su casa, sensible y al darse cuenta de las situaciones no reacciona impulsivamente, se frustra pero no ofende”. Al ser humano le cuesta mucho trabajo pedir perdón, aceptar que está equivocado, y si se puede tener una oportunidad y que mientras haya voluntad y cariño ahí están abiertas las puertas de la reconciliación familiar. 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Digamos que lo correcto es pensar y creer que las personas deben ser libres, por ejemplo, para decidir sobre su cuerpo. Pongamos el caso de una mujer que decide interrumpir su embarazo o vestir de tal o cual manera… y digamos que un hombre decide drogarse. Podemos o no estar de acuerdo con las decisiones de ambos, pero comprendemos que es una elección respetable porque creemos que es un derecho humano, inherente al hombre: responde al libre desarrollo de su personalidad. En otras palabras, la libertad es innata a la persona. La libertad es, en el mundo occidental -al que pertenece México-, el principio cardinal de la conducta humana. De esta creencia, sagrada para los occidentales, deriva el papel preponderante que concedemos al individuo. El individuo, libre y soberano de su cuerpo y actos, es lo que deviene en individualismo. El yo por delante, siempre primero. El hombre se hace a sí mismo. El individuo lo es todo. Nada debe a nadie. 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Adjudicamos a los objetos las cualidades y los valores distintivos del hombre, que emanan de las creencias del relato mítico sobre el origen del mundo que tenemos los occidentales. Se otorga a las cosas de los hombres, así sean sus obras, la prioridad máxima. Curiosamente este antropocentrismo invierte las jerarquías. Cuando se trata de la libertad de la empresa o del capital, tales valores, atribuidos a la esencia humana, pesan más que la libertad personal. Me parece que a dicho fenómeno Karl Marx llamó el “fetichismo de la mercancía”, es decir, que un producto humano asume sus cualidades. Ahora bien, ¿de dónde vienen las creencias? Su origen lo encontramos en el relato mítico (cosmovisión), aquel que concebimos para entender y dar sentido a nuestro mundo y nuestra vida. El hombre requiere de certezas y tener el control de su entorno social. Estamos ante el motor primigenio: el instinto de supervivencia. He aquí el papel crucial de las creencias. De ellas, que son una concepción global del origen y sentido del mundo, también se desprende la conducta personal. Actuamos de tal o cual manera porque estamos convencidos de que es moralmente correcto. Es la función de las creencias. Ellas permiten la convivencia pacífica y la colaboración. A partir de ese tronco común de creencias y valores (imaginemos una pecera) cada individuo (digamos el pez) crea sus propias ideas que en general coinciden con las de otros. Las asumimos como propias porque nos ayudan a comprendernos y a entender el mundo. Las creencias nos crean: somos nuestras creencias. Las creencias, de acuerdo con los neurocientíficos, son los pilares de nuestro reino neuronal. Nuestras hormonas y neuronas (y sus sinapsis), fruto de la genética individual, al interactuar con el medio ambiente (la experiencia personal), los valores y creencias (la cultura) forjan el carácter de cada quien. Ese intrincado proceso de causas y efectos constituye el mundo neuronal particular de cada uno, que en buena medida determina nuestra forma de actuar, de desenvolvernos en sociedad. Tenemos entonces lo siguiente: la cosmogonía que es el relato mítico de los orígenes del hombre y base de las religiones, es la que establece las creencias y los valores de una comunidad. Tales creencias y valores fundan las culturas. Digamos que este fenómeno semeja a una pecera, lugar donde vive el pez. Creencias y valores son la pecera; los hombres son los peces. Si salen de la pecera es su muerte social, que los antiguos llamaron ostracismo. Los hombres reaccionan a su mundo cultural (integrado por creencias y valores que dan origen a la moral o costumbres, normas, leyes e instituciones), a la genética y a su experiencia personal que define su entramado neuronal: su carácter. La cultura es el conjunto de creencias y valores que cultivan las sociedades mediante relatos de héroes y villanos; el establecimiento de premios a lo que concebimos bueno y permitido, y castigos a lo que consideramos malo y prohibido. En ese proceso son cruciales la experiencia o escuela de la vida, así como la educación cívica que recibimos. A ello cabe sumar el medio ambiente (geografía), los alimentos que consumimos y las vivencias personales. En términos neurocientíficos a la influencia cultural y medioambiental se le conoce como epigenética, cuyo papel consiste en activar o desactivar parte de los genes de cada persona que determinan su conducta y reacciones ante el mundo circundante. A ello llamamos carácter. La cultura se mete en nuestra piel. Conforma la lente por la que vemos y experimentamos la vida. Esa lente es la moral, las creencias conductuales con las cuales interpretamos e interactuamos en el mundo. Así, por ejemplo, en ciertas tribus de la amazonia es normal y moral el desnudo, en Occidente, no. Retomo la idea del individuo como paradigma de Occidente para explicar las conexiones entre cultura (sistema de creencias y valores) y medio ambiente (condiciones físicas y geográficas). A los niños de esta parte del mundo se les inculca la cultura del individualismo, que data de unos 2,500 años. Algunos historiadores identifican la cuna de esta creencia en el individuo autosuficiente, que se hace a sí mismo, en la antigua Grecia, cuya geografía es rocosa y montañosa, donde su orografía obstaculiza la comunicación entre personas y pueblos. Tal característica complicó la colaboración y la realización de importantes iniciativas colectivas. La mitología griega da cuenta del protagonismo de los personajes míticos, los dioses autosuficientes y dotados de poderes para hacer su mundo a su imagen y semejanza. En esas tierras hostiles la capacidad del individuo para sobrevivir fue el ideal cultural. Y los romanos, al conquistar a los griegos, adoptaron dicho paradigma. Siglos después el cristianismo, que adoptó a los pensadores griegos como fuente de inspiración, en particular a Platón y Aristóteles, enriquece la creencia en el individuo todopoderoso. En el siglo IV de nuestra era se verificó una intensa y fructífera polémica entre dos teólogos, Agustín de Hipona (San Agustín) y Pelagio, un monje ascético de origen británico. El quid de su discusión fue el “pecado original”, tema que deriva en si el hombre es malo por naturaleza o puede elegir entre el bien y el mal. Agustín sostuvo en sus tratados que el hombre sólo obtenía la gracia por concesión divina, es decir, nada podría salvarlo y llevarle al cielo, excepto la voluntad de Dios. Pelagio, en cambio, sostenía lo contrario: que está en manos del hombre cambiar y redimirse de sus pecados. 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En esta ocasión, Zurita habla de su trabajo cinematográfico más reciente: Un retrato de familia.  CB: Tú qué redactaste el guion de la película “Nosotros los nobles” ¿Pensaste que tendría tanto éxito? AZ: No, sucedió un fenómeno muy extraño. Para mí en parte era una burla de ese sector de la sociedad mamón y prepotente, pero resultó que a estas personas les cayeron muy bien los personajes. Se sentían muy identificados con este tipo de personas pero para bien, como que lo tomaron como una identidad. Decían “Somos arrogantes, soberbios y mamones”, esto lo tomaron como algo bueno, y sí tuvo mucho éxito la cinta por muchas cosas. CB: ¿Por qué el título de tu nueva película “Un retrato de familia”? AZ: El personaje principal, Mariano Avendaño, que hace Humberto Zurita, lo único que parece tener de su familia es un retrato de familia y ya. La voz de la experiencia, que es Hugo Stiglitz, que es como su mentor, le dice por su experiencia que es conveniente que pase más tiempo con su familia, se lo transmite porque lo quiere como un hijo, y Humberto decide darle una oportunidad a lo que le están diciendo y se da cuenta de que realmente no está al tanto de lo que pasa en su familia. No es que haya perdido a la familia, pero no es esa familia de capas profundas, donde realmente la conoce. CB: Me da la impresión de que muchas de las anécdotas y temas de la película tú las has vivido. AZ: Cuando tú eres autor desde la obra literaria que es el guion, eres productor y director, tu ADN está embarrado en todos lados. También he sacado anécdotas de amigos y conocidos Filosóficamente cuando tú a algo le dices sí, le estás diciendo a muchas otras cosas que no. En estos dos años de confinamiento perdimos experiencias colectivas como, por ejemplo, ir al cine, tú puedes ver esta película en tu celular, pero no es lo mismo, en el cine estás siendo parte de qué te están contando una historia a todos juntos, y las reacciones grupales son contagiosas. Por eso los cantantes tienen tanto éxito en los conciertos, porque se crea un momento de felicidad colectiva que es único, no lo vas a sentir en un celular o en un video. El cine es la caja negra que te pone toda tu atención en la película que estás viendo por tantas horas y todos tus sentidos están ahí, y depende de los cineastas si esas dos horas te van a servir para salirte de la realidad, como la canción de Mecano sobre el cine, enamorarte de la chica que sale en la película, sentir el miedo, etc. Creo que ayer en la presentación logramos esto, yo salí muy satisfecho porque la gente me contaba de todo. Hace unos meses, invité a Miguel Bosé a que viera la película. Salió muy conmovido, le gustó muchísimo, y conectó con las relaciones profundas, la familia que se acepta sin cuestionar. CB: En tus dos películas se le da mucha importancia al rol del padre. Eso no pasa mucho en México a lo que se refiere en la convivencia con los hijos y la educación. AZ: Sí, y también lo que yo quería contar en esta historia era esta parte del que paga manda que está mal, pero así es, desgraciadamente el hombre sigue ganando más que la mujer, y también esta parte de que en cierto estatus social es muy difícil que la mujer trabaje, ellas no son pilares de la manutención del hogar, es una injusticia porque es una trampa, el proveedor es el personaje de Humberto Zurita, pero eso no es suficiente, un proveedor no construye un hogar. Yo no quería una película de dolor, yo quería una película de esperanza, una historia que te comunicara que se pueden arreglar las cosas mientras estés vivo. CB: A mí lo que me gustó mucho es que no es una película tonta romántica como hacen muchas en México, pero tampoco es la película de desesperación y tristeza profunda, un drama completo. AZ: Sí, e hice algo que también hice en “Nosotros los nobles”: no hay groserías, no es que sea mojigato, habrá películas que lo requieran, pero esta no. Esto lo agradece mucho la gente. En la vida real ya hay mucha agresión, si dos coches chocan se vuelve muy violenta la situación, por ejemplo, no hay tolerancia, esta es una película amorosa, divertida. Al fin de cuentas esta película es entretenimiento, pasar un buen rato, que no sea una película con dolor, aparte le pusimos secretos, por ejemplo tener a Miguel Ríos cantando y con Sergio Vallín, el guitarrista de Maná y grabaron especialmente las dos versiones de la canción de “Santa Lucía” para la película. CB: Humberto Zurita nos deleita en un personaje completamente diferente a lo que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos que sale en estas series violentas de narcos. AZ: Estás hablando de uno de los pilares actorales mexicanos: teatro, cine, televisión, productor, actor, un tipazo. Fíjate que él nunca había hecho un papel de un padre tan humano y tan vulnerable en lo más íntimo. Le encantó el guion, le representaba algo nuevo que nunca había hecho. Me dijo “yo vengo de ser una mala persona por varias temporadas, un majadero, un patán; este papel es de un hombre que es bueno en lo que hace, pero muy humano en su casa, sensible y al darse cuenta de las situaciones no reacciona impulsivamente, se frustra pero no ofende”. Al ser humano le cuesta mucho trabajo pedir perdón, aceptar que está equivocado, y si se puede tener una oportunidad y que mientras haya voluntad y cariño ahí están abiertas las puertas de la reconciliación familiar. CB: Y otro actor genial, ¿cómo se te ocurrió decirle a Hugo Stiglitz? AZ: Es parte del casting. Lo hicimos con Alejandro Reza, que es excelente en el casting, cuando estás haciendo el ensamble es muy complicado, no nada más es que estén guapos, en el caso de Hugo es la experiencia, es la edad de los 82 años, y es un tipo que te da ganas de ser como él, un ser triunfador que te dicen las cosas claras, que se viste bien, que es un líder. Sobre Mar Saura, que hace de la esposa del personaje de Humberto Zurita, pensamos en que tendría que ser una mujer muy especial para que su esposo luchara por reconquistarla; otra cosa que es muy importante es que se cuida, que es guapa. CB: ¿Por qué recomendarías a la gente que vea esta película? AZ: Primero que nada, les diría que le dieran una oportunidad al cine mexicano, porque se están haciendo cosas muy buenas. Todos los detalles están cuidados. Aquí trabajan personas que estuvieron nominados al Oscar, Fernando Cámara nominado al Oscar, y Jaime Bakshit y Michelle Couttolenc que ganaron el Oscar a mejor sonido. Darle una oportunidad a esta película al vestuario, la cinematografía, un gran sonido, es una película que tiene mucha luz y muchos mensajes, tiene muchas capas. Si no te pega por este lado te va a pegar por el otro, y lo más importante de todo es que vas a salir muy contento de la sala, te vas a llevar algo bueno. Si la ves con tu familia seguro vas encontrar un diálogo pendiente por ahí. Tenemos una distribuidora sensacional de la película que está haciendo un trabajo estupendo, estamos en 750 salas a nivel nacional hoy. Tenemos una muy bonita película para poder competir con cualquiera, se construyó un soundtrack especial para la película. Les recomiendo que la vean. 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