Los Olvidos | Parte 31

Al estar sentado frente a las dos cajas que guardaban tantos misterios, sin saber qué álbum revisar o cuál de los diarios leer primero, me sentía como un escritor perdido frente a una página en blanco sin...

30 de abril, 2021 Los Olvidos

Al estar sentado frente a las dos cajas que guardaban tantos misterios, sin saber qué álbum revisar o cuál de los diarios leer primero, me sentía como un escritor perdido frente a una página en blanco sin tener idea de cómo comenzar una narración.

Ya no se trataba de titubeos ni de temores, se trataba de haberme dado cuenta de que era yo un invitado privilegiado. Sentía la responsabilidad de ser respetuoso, delicado, no invasivo. Estaba consciente de que entre esas páginas no solamente estaban las crónicas y las imágenes de muchas vidas,  sino las vidas mismas suspendidas  en instantes que permanecían exactamente en el momento en el que fueron descritas, o en el que las imágenes fueron captadas; imágenes que por siempre, al ser redescubiertas, mirarían a su vez a quien las viera. Los diarios resguardan la más profunda intimidad de quienes los escriben; al abrir sus páginas presenciamos la desnudez de almas que de otro modo tal vez no conoceríamos.

Por eso en ese momento sentía la necesidad de conducirme con extraordinario cuidado, con delicadeza, lo más lentamente posible. Ahora que iba yo a adentrarme en los diarios y los álbumes que no había visto antes, me sentía como un niño que celebra el ritual inocente de desenvolver con asombro un regalo de Navidad.

Por fin había yo aceptado que el sendero recorrido hasta este punto, no era nada más el que cruzaba el jardín entre las palmeras de Los Olvidos, sino un camino mucho más largo, emprendido mucho tiempo atrás, cuando en mi infancia aquella casa a la orilla del acantilado despertaba algo más que mi curiosidad.

Me había costado trabajo reconocer que las muchas señales de las que los diarios y los álbumes eran la muestra más significativa, eran señales dejadas para mí.

Ahora que  estaba yo a punto de adentrarme verdaderamente en el contenido de aquellos diarios y de los álbumes, quería hacerlo de manera que ella supiera cuánto significaba para mí; quería que supiera que yo valoraba esta oportunidad con verdadera devoción.




Quería hacer todo esto como Doña Rosita me había aconsejado: sin prisa, con delicadeza, poco a poco.

Poco a poco como,  el Zorro al Principito en el cuento de Saint-Exupéry, cuando le dijo que para ser amigos, primero tendría que domesticarlo.

El Principito le preguntó al Zorro qué era domesticar, y el zorro le respondió que domesticar era crear vínculos; primero deberían irse acercando despacio y verse por el rabillo del ojo; así, hasta haberse domesticado y  ser únicos en el mundo el uno para el otro.

No estaba yo ahí para leer revistas impersonales como las que hay en las salas de espera de dentistas o estéticas, estaba ante un tesoro íntimo y vivo que me rebelaría secretos indispensables para poder reencontrarnos finalmente.

Se me había permitido explorar este tesoro para guiarme hasta un momento y un sitio al lado de la joven con quien estaba vinculado desde muchísimo tiempo atrás, mucho antes que sus palabras surgieran ante mis ojos; mucho antes que yo llegara hasta la puerta de Los Olvidos pidiendo entrar.

En los álbumes que tenía frente a mí, habría  imágenes como las que habitaban los álbumes de mi infancia y mi adolescencia; recuerdos que al ser vistos, cada vez brotaban y resurgían así fuera por un instante.

Los diarios que aún no había revisado y estaba a punto de ver,  insinuaban desde sus cubiertas,  una magia impregnada  con el aroma del perfume que todavía flotaba en el ambiente del mirador, yendo y viniendo entre sus ventanas llevado y traído por la brisa.

Estaba yo a punto de presenciar el acontecer de las vidas transcurridas por los muchos rincones de Los Olvidos, donde todavía se escuchaban canciones que se confundían con la voz de la brisa; donde yo mismo había sido testigo de la fiesta que un día se desvaneció ante mis ojos; donde en una noche de fiesta, me había robado las  sonrisas de Matilda y en los tiempos más recientes, mirándome en sus ojos, había estado a punto de tomar sus manos.

Saqué  los  álbumes de la caja. Eran tres del  mismo tamaño y similar volumen, y un  cuarto un poco más pequeño, además de la carpeta de presión que contenía las hojas sueltas y sobres junto a cartas desplegadas a su lado.

Tomé el primero al azar,  y me dispuse a hojearlo. La primera página no tenía fotografías. La segunda  estaba cubierta por una hoja suelta de papel  muy fino y casi transparente parecido al que se conoce como albanene, no era totalmente transparente ni era brilloso como el celofán, sino opaco como un cristal esmerilado, además de ser diferente al tacto.

Parecía más bien como un lienzo protector de la primera fotografía. Lo removí  para poder ver la imagen  que resguardaba. Era la fotografía de Emmanuell Claymon y Jeri H. Claymon, el día de su boda. Bajo la imagen se podía leer:

Día de nuestra boda, Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción, San Francisco, California,   31 de marzo de 1923.

(Our wedding day at Saint Mary’s Immaculate Conception Cathedral, San Francisco, California, 31st March, 1923).

Junto al texto al pie de la fotografia, había una referencia con el número uno romano, y un numero uno arábigo  referidos al  “libro de notas”; no comprendí de  inmediato, pero luego recordé la carpeta que contenía paginas sueltas sujetas a presión.

Dejé por un momento el álbum y tomé la carpeta de presión para darle un vistazo.

Las hojas no estaban en orden porque al no estar sujetas como los albums,  me di cuenta que a través del tiempo, habrían sido vistas y luego devueltas pero sin su orden original.

 Sin embargo,  confirmé que todos  los textos se referían al número romano (correspondiente al álbum)  y el número arábigo  de  la fotografia que se tratara.

Los tres álbumes tenían marcado un número romano en la esquina superior izquierda de la primera página que no tenía retratos; esto me sirvió para confirmar lo que había pensado.

El álbum  más pequeño  tenía todas sus hojas ocupadas a partir de la primera, pero no le puse atención, porque quería comenzar por los tres albums que coincidían en tamaño y en orden de colocación de las imágenes.

De inmediato comprendí que la carpeta era un diario de especial valor, porque los álbumes no se limitaban a pequeños textos al pie de los retratos,  sino que había descripciones más extensas que no habrían cabido junto a los retratos, además de que las hojas de los álbumes eran negras como se acostumbraba en esa época, en tanto las hojas de la carpeta eran blancas de papel para escribir, y algunas de papel para correo aéreo del  mismo color, pero más pequeñas y más delgadas.

Todas las fotografías estaban sujetas con pequeños esquineros adhesivos en sus cuatro ángulos, a excepción de algunas ovaladas y otras redondas, que habían sido fijadas con algún pegamento.

Haber entendido razonablemente el orden entre los álbumes y la carpeta, me serviría para saber buscar en el desorden de las hojas sin que fuera tan difícil como aquéllo de la aguja en un pajar. Por ahora quería yo encontrar el texto que correspondía a la boda de los Claymon que tendría que estar marcado I-1.

Comencé a revisar la carpeta cuyo contenido hacía referencia (al menos en parte) a las fotografías  de los tres álbumes.

Al ir recorriendo las hojas, pude darme cuenta que en algunos sobres, había guardadas flores como las que yo mismo había ido dejando entre las páginas de libros que había leído y eran mis favoritos; verdaderos amigos a los que podía yo acudir para releer fragmentos y citas que acostumbraba subrayar.

En todos los sobres sujetos en esa carpeta,  había flores o pétalos sueltos acompañados de fotografías que alguien había decidido guardar ahí y no junto a las otras en los  álbumes. Algunas fotografías tenían dedicatorias al reverso.

Después de haber recorrido la carpeta sin fijarme demasiado, decidí buscar alguna referencia al I-1 de la boda de los papás  de Matilda.

No me resultó tan fácil, pero por fin encontré una carta dirigida por Emmanuell Claymon a su todavía novia Jeri H. O’Shea.

   

*.1        jueves 29 de marzo de 1923

Adorada hadita irlandesa,

¿Por qué será que los segundos transcurren terriblemente lentos cuando esperamos algo que hemos anhelado muchísimo?

Este sábado al mediodía, por fin te veré en la iglesia pero no como todos los domingos, sino para entregarme a ti.

Necesito que me digas si comprendes que estoy total y absolutamente enamorado de ti.

La primera vez que te vi en casa de Shirley O’Neal, la bahía de San Francisco parecía el reflejo de tus ojos.

Cuando me sonreíste, tuve la impresión de que te había dado gusto mi llegada aunque no nos conocíamos.

Seguramente no te pasó desapercibido el efecto que tuviste sobre mí.

Ahora, menos de un año después, estamos a punto de unirnos delante de Dios para formar una familia. ¡No lo  puedo creer!

¿Qué hice para merecer esta bendición?

Cuando crucé el Atlántico para trabajar en las minas de Hidalgo, en México no podía imaginar que mi verdadero tesoro lo encontraría mucho más al norte a las orillas de otro océano tan lejos de las islas vecinas en las que nacimos tú y yo.

Tú eres el hada de los bosques irlandeses, interminablemente verdes; yo nací cerquísima de ti, en las islas brumosas; y ahora estoy contando segundo a segundo esperando que sea sábado para verte llegar hasta mí y seguir juntos un mismo camino.

Cuando recién te conocí, te confieso que sentía miedo, porque no quería perderte.

¿Cómo puedo transmitirte la inmensa alegría que traes a mi vida?

Agradezco y admiro tu valentía por estar dispuesta a ir conmigo a México tan lejos de tus papás y tus hermanas.

Por ahora, viajar a México significa recorridos agotadores en tren, o con suerte, conseguir algunos vuelos en aviones el servicio postal de Estados Unidos.

Sé que Pan American muy pronto iniciará servicio comercial de pasajeros a México y eso permitirá que veas a tu familia con mucho más frecuencia.

Esperando  que sea el gran día, siento la ilusión de las vísperas de Navidad al lado de la chimenea encendida en casa de mis padres en Inglaterra.

¡Quiero que ya sea sábado!

¿Dios mío, por qué no es sábado todavía?

Totalmente tuyo

E

Volví la vista a la fotografía en la que aparecían dos jóvenes enamorados  sujetándose  de las manos.

Ella vestía un hermoso y muy sencillo vestido de novia, considerando la moda de los años 20; destacaba su esbeltez; el cuello era redondo y su único adorno era una medalla de plata en la que se alcanzaba a distinguir la imagen de la Virgen Maria.

Llevaba muy poco maquillaje; sus ojos limpios y claros, miraban hacia el frente, en tanto él, la miraba a ella.

 Tras ellos se apreciaba la bahía de San Francisco y el Golden Gate inconfundible.

Acababa yo de leer la declaración de amor de ese joven por su esposa; mientras sus palabras de amor pasaban frente a mis ojos, podía yo escucharlos a ambos pronunciando sus votos con los que iniciaron un camino común que los había llevado del Atlántico al Pacífico, pasando por las agrestes tierras de Hidalgo y Zacatecas,  hasta ser descubiertos por alguien como yo, después de muchísimo tiempo.

Era inevitable que más adelante entre las páginas de ese álbum, encontrara yo más retratos de esta pareja de enamorados, como la que ya había yo visto bajo una cubierta de cristal en el hotel Victoria de Taxco, en la que aparecían acompañados por Matilda, su única hija. Muy probablemente en las siguientes páginas, podría ver algunas escenas de la celebración en la Catedral de La Inmaculada Concepción, y de la fiesta con la que de seguro celebraron su boda.

De momento no quise seguir adelante; preferí disfrutar la alegría que había compartido Emmanuell Clayton al dejar en su breve relato, el testimonio de su felicidad y de su devoción por una joven que decidió acompañarlo a donde tuviera que ir él.

Recordé de pronto una referencia sobre Acapulco que leí en la Enciclopedia de Espasa Calpe,  en casa de mi abuelo Pepe, que palabras más, palabras menos, decía así:

Acapulco. “Poblado de pescadores ubicado sobre la costa mexicana del Pacífico; poblado por once mil almas; durante siglos fue el principal punto de comercio entre Asia y España  cuando llegaba a su terminal portuaria el Galeón de Manila también conocido como  la Nao de China.”

Miré de nuevo a los esposos Claymon, sabiendo que no mucho tiempo después, conocerían Acapulco y quedarían cautivados por ese maravilloso sitio, sin saber que alguna vez construirían ahí una casa sobre los acantilados, en cuyo mirador, un joven ladrón de sonrisas los vería juntos el día de su boda, compartiendo su emoción exactamente como si hubiera asistido con ellos en esa ocasión.

Ese retrato no era un vestigio desgastado de un amor extinguido; era un testimonio vigente a partir del cual, muchos caminos se habían cruzado; muchos tiempos se habían superpuesto; igual que el aroma del perfume que todavía flotaba en el ambiente de ese mirador, yendo y viniendo entre sus ventanas, llevado y traído por la brisa, pareciendo seguir la larga cauda de un cometa que nos transportaba a través del infinito inmune a las barreras del tiempo.

Sonreí al anticipar que en las siguientes páginas, asistiría yo a la celebración de ese amor que persistía inagotable, porque el amor es nuestra esencia eterna.

Los dos jóvenes de la imagen, sonreían inocultablemente felices; sonreían compartiendo esa felicidad con quien quiera que los mirase; sonreían luminosos y resplandecientes en un estallido con todos los colores del mar, libres de los tonos blanco y negro de aquel retrato nupcial.

Volví a colocar el lienzo de papel sobre la fotografía y cerré el álbum, poniéndolo de regreso en su sitio. Luego me dirigí al mirador; al abrir la ventana corrediza, de inmediato sentí la brisa con olor a mar; la escollera, como siempre,  celebraba con bailes la visita de pelícanos, garzas y gaviotas; escuchando las olas en los acantilados, imaginé a Matilda estando ahí, sin poder evitar que se me escapara una sonrisa…

_______________________

*1 Thursday, March 29, 1923

My beloved Irish fairy,

Why is it that the seconds pass so terribly slowly when we wait for something we have longed for so much?

This Saturday at noon, I will finally see you in church but not like every Sunday, but to give myself to you.

I need to know if you understand how totally and absolutely I am in love with you.

The first time I saw you at Shirley O’Neal’s house, the deep blue of the bay sparkled in your eyes.

 When you smiled at me, I had the impression that you were happy to see me as if you were expecting me.

You must have realized how you made me feel right from the start.

Now, less than a year later, we are about to get married with God’s blessings.

 I can hardly believe it.

What did I do to deserve this blessing?

When  I braved crossing the Atlantic on my quest for riches in the British silver mines I couldn’t have imagined  I would soon find the treasure so many adventurers never find; the love of a woman like you.

There is a touch of irony when I think how close to each other we were born only to meet so many years hence, thousands of miles away from our homes.

You are a fairy of the endlessly green Irish forests; whereas I am an adventurer whose quest has been so immensely surpassed by the miracle of having found you.

And now here I am, counting each second, one after the other, waiting for Saturday to arrive.

I admire your courage for having accepted to come along with me to Mexico so far away from your family.

For now, traveling to Mexico means grueling train rides or perhaps a flight on board a U.S. Postal Service aeroplane. 

I know Pan American will soon begin a commercial passenger service from San Francisco to Mexico City that will bring you closer to your parents and your sisters.

I feel the excitement and awe of a little child on Christmas Eve waiting by the fireplace to open the presents.

I want it to be Saturday now!

My God, why isn’t it Saturday yet?

Totally yours

E.

Comentarios
object(WP_Query)#18025 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(64769) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "16-04-2021" ["before"]=> string(10) "14-05-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(64769) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "16-04-2021" ["before"]=> string(10) "14-05-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(false) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18198 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18033 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18205 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "16-04-2021" ["before"]=> string(10) "14-05-2021" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(463) "SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2021-04-16 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2021-05-14 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (64769) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish') GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2" ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18042 (24) { ["ID"]=> int(64621) ["post_author"]=> string(3) "180" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content"]=> string(9545) "El 23 de abril pasado se celebró, como todos los años, el Día Internacional del Libro. Como es conocido, se conmemora en ese día porque coincide con la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. Es común que durante estas fechas se organicen ferias de libros y campañas para promover la lectura.  Sí, me refiero a esas famosas campañas a favor de la lectura, en las que se enlistan una serie de atributos que obtendremos de manera casi mágica gracias a los libros: “Leer te hará más listo”;  “Leer te hará exitoso”;    “Leer te hará más guapo”. Debo admitir que dichas campañas pueden ser más intimidantes que seductoras. Por ejemplo, muchos promotores, como intelectuales o escritores (cuyas buenas intenciones no pongo en duda) en entrevistas suelen aparecer con libreros rellenos detrás de ellos. Por ello, entiendo que alguien pueda pensar algo más o menos así:   “¿Para ser un lector necesito una biblioteca? ¡Santo cielo!”.  Realizar un análisis de las campañas para fomentar la lectura es todo un rollo: hay quienes están a favor y hay quienes consideran que son inútiles y, en el mejor de los casos, ineficaces y fuera de la realidad de los mexicanos. Como en toda discusión, ambos lados tienen argumentos fuertes y débiles.  Por eso, hoy no vengo a echarle un rollo para convencerlo de que se vuelva un lector empedernido de la noche a la mañana. Tampoco vengo a compartirle la proverbial foto mía con libreros llenos detrás de mí. Mucho menos vengo a criticarle sus hábitos lectores. Eso lo sabrá usted y nadie más puede decirle si está bien o mal.  Si usted disfruta de la lectura, ¡perfecto! Si no, ¡también!  Afortunadamente, vivimos en un país libre.  Sin embargo, me gustaría contarle una humilde y personal experiencia que tuve con la lectura durante un momento muy oscuro de mi vida y cómo, de cierto modo, me salvó.   I’ve got the blues Como George Orwell se describió en uno de sus ensayos, yo también fui un niño solitario y tímido. En mis ratos libres entre tarea y tarea, solía tomar libros de Arthur Conan Doyle y Julio Verne de la colección de mi madre (ediciones de pasta blanda, que quedaban bastante cachiporreadas después de leerlas) y pasaba las tardes imaginando las hazañas de Sherlock Holmes y las aventuras de Phileas Fogg. Durante  muchas tardes de mi infancia y adolescencia, ellos fueron mis amigos con quienes viajaba al mismísimo centro de la Tierra o con quienes resolvía crímenes en las calles de Londres. ¡Suena cursi, pero así fue para mí! A partir de esos días, el hábito de la lectura me siguió durante gran parte de mi vida; sin embargo, por allá de 2014, empecé a distanciarme de la lectura. En parte, por las obligaciones laborales, en parte por la familia, en parte por no encontrar algún libro que encendiera esa llama dentro de mi corazón como antes. En mi burbuja cotidiana y citadina, empecé a extrañar esas historias que me transportaban a otros mundos y me hacían olvidarme del trajín diario. Leer ya no era lo mismo de antes. Fast forward a 2017. No fue un año bueno para mí. Es más, diría que fue uno de los más duros en memoria reciente: terminé una relación complicada que casi quiebra mi espíritu. Después, me alejé de mis amigos y conocidos y comencé a sentirme aislado y solitario. El trabajo era lo único que me mantenía conectado con este mundo. Inevitablemente, cual Titánic de carne y hueso, me dirigí al peor iceberg con el que se puede encontrar una persona aislada y con el espíritu quebrantado: una crisis depresiva profunda. Sabía que era momento de buscar ayuda profesional.  Por cierto, si usted atraviesa por algo similar, ¡busque ayuda!  Para no hacerle el rollo muy largo, en esas terapias, una de las tareas que me asignó la doctora fue buscar algo que me apasionara. “Leer”, le dije a mi terapista. “Pero justo ahora, doctora, no hay alguna lectura que me llame la atención como antes”. La doctora me motivó para que buscara algún libro nuevo, que experimentara de nuevo con mi antigua pasión lectora.  Así fue como me encontré con un sitio de comedia estadounidense. En él, había varios podcasts en donde se reseñaban libros de Kurt Vonnegut. Por ejemplo, Breakfast of Champions, Sirens of Titan, Timequake, Hocus Pocus y God Bless You, Mr. Rosewater. Parecían historias únicas, dignas de volver a tomar un libro. Así que me propuse algo: conseguir alguna de esas novelas y averiguar si Kurt Vonnegut y yo teníamos química.  ¡Solos nunca más! Meses después, logré salir de mi crisis depresiva a base de terapia y libros. En esto último quiero centrar la atención: leer a Kurt Vonnegut cambió mi vida por dos razones. En primera, porque leer Sirens of Titan me encontré con un pasaje que enmarcaré algún día para nunca olvidarlo:   A purpose of human life, no matter who is controlling it, is to love whoever is around to be loved. Porque a veces olvidamos que esa es una de las razones por las que estamos en el planeta. Leer a Vonnegut y sus relatos llenos de humanidad fue algo que ayudó a sentirme un poco menos solo en el mundo. Hay quienes dicen que leer es un acto “solitario y egoísta”. Bueno, eso depende del enfoque que cada uno le dé. Leer la obra de Kurt Vonnegut me permitió, a través de foros y las redes sociales, conocer a varias personas alrededor del mundo, quienes se convirtieron en amigos míos. Poco a poco, se diría, me uní a una especie de familia extendida con miembros alrededor del mundo.  La segunda razón por la que leer a Kurt Vonnegut me ayudó a salir de mi crisis depresiva fue porque su obra me recordó que las pequeñas acciones hacen una gran diferencia en el mundo. Leer God Bless You, Mr. Rosewater de Kurt Vonnegut fue mi call to action, uno más poderoso que el de cualquier influencer, youtuber o booktuber. Esta novela trata sobre Eliot Rosewater, un veterano de guerra millonario, quien decide abandonar Nueva York y dirigir la fundación Rosewater en una ciudad olvidada de Indiana. Ahí, Eliot decide que su propósito será “proveer de una cantidad ilimitada de amor y limitadas cantidades de dinero” a todo aquel que necesite.    Cuando terminé de leer esta novela quise ser como Rosewater. También quise que hubiese más personas como él en el mundo, que toman acción y deciden hacer cosas para mejorar el mundo. Así, con mis limitados recursos (al fin y al cabo, yo no provengo de una familia rica) decidí tomar acción: encontré aquellas causas con las que empaticé y que requerían ayuda y decidí apoyarlas. Así fue como descubrí que la lectura puede salvarnos y proveernos de un sentido en la vida cuando más lo estamos buscando. Al menos, así pasó conmigo. Espero que usted no tenga que atravesar por una crisis depresiva para disfrutar de la lectura; sin embargo, si por alguna razón le ocurre, quiero decirle dos cosas. En primer lugar, que usted no está solo: muchos hemos pasado por algo así y siempre estaremos para apoyarnos. Y segundo, no menosprecie el valor que puede tener el arte en nuestros momentos difíciles y oscuros. El arte, en cualquiera de sus formas, es capaz de proveernos de humanidad. Y más aún: es capaz de regalarnos una “familia extendida” en los momentos en los que más la necesitamos para apoyarnos." ["post_title"]=> string(25) "¡La lectura me salvó! " ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(19) "la-lectura-me-salvo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64621" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18043 (24) { ["ID"]=> int(64272) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-20 08:46:43" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:46:43" ["post_content"]=> string(8553) "Hace unas horas terminé de escribir un relato con el pretexto de desmenuzar la Ciudad de México como personaje literario, escenario de literaturas y espacio vital de escritores y lectores. Traté de hacerlo conforme a mis memorias y recurrí a las fuentes solo cuando no estaba seguro de haber dispuesto del dato preciso, porque llevo tantos años viviendo y leyendo la Ciudad que he querido confesarle mi amor de esta manera. Ninguna novedad, sabe cuánto la adoro desde hace mucho; cómo he sufrido sus dolores y sus penas; cómo he soportado sus desvaríos, su cariño agreste y no pocas veces sus desengaños e indiferencia. No sé cuándo empecé a leer sobre la Ciudad. Tal vez en algún momento me di cuenta de que estaba amando a mi ciudad cuando la leí conscientemente. No me refiero solo al Elogio de la Calle de Quirarte o a Los rituales del Caos de Monsiváis, enormes compendios que ya justifican la aproximación; sino a los íntimos, a las caricias ya de novio entrado en afectos; la casa inexistente de Aura, la de Carlos Fuentes, en el 815 de Donceles, número que no existe ni existió jamás, aunque ahora por donde podría haber estado, una librería de viejo, La Casona de Aura, que aprovecha el mito; los paseos de Carlitos en la Roma de Las batallas en el desierto, monumento a la Colonia Roma que es por sí misma toda una literatura; porque yo, como Pacheco, “me acuerdo, no me acuerdo” del barrio Chino de la Calle de Dolores, donde se desarrolla El Complot Mongol de Rafael Bernal aunque ya no sea aquel rincón patibulario sino una versión abreviada y topicalizada de los barrios chinos de otras grandes ciudades. Porque, es cierto, mi relación con la ciudad está íntimamente ligada a mi vida de lector y a mi trabajo de escritor porque si bien mis andanzas lectoras me han llevado con buena fortuna de Islandia a Sudáfrica, regreso siempre a la literatura de casa, de mis barrios, por misteriosos que parezcan como en Morirás lejos de José Emilio Pacheco; descarnados como en la Novela Criminal de Volpi o acelerados y relajientos como en La Tumba de José Agustín, así es mi ciudad; de todo y para todos. Lugares luminosos, como la vieja librería Porrúa en Justo Sierra y Argentina, donde todos pasamos alguna vez por nuestros libros de texto y por nuestros Sepan cuantos, con el que muchos comenzamos nuestras bibliotecas; lugares tenebrosos como Lecumberri, y me cae encima la memoria ruda de El apando de José Revueltas y como su frase “pinches monos… pinches monos…” que me ha dado pesadillas desde que lo leí siendo un adolescente y donde también estuvo preso Álvaro Mutis, por una cuestión de pesos, algo menos épico que Burroughs (por el asesinato de su esposa), y  Revueltas o González de Alba acusados por opositores, algo menos oprobioso que la acusación que le hicieron a José Agustín de tráfico de drogas y que también tuvo hospedaje en el Palacio Negro. Para mí Lecumberri no es una cárcel sino un archivo y sobre todo el lugar donde leí la mayor parte de Cien Años de Soledad por primera vez, mientras esperaba en los jardines del ya entonces Archivo General de la Nación mientras estaba de pasante de Derecho y esperaba documentos de trámites de migración (lo cual habla muy bien de la velocidad de lectura que tenía a los dieciocho años y la lentitud de la burocracia mexicana que sigue sin mejorar). Así, asociando ideas, de manera libre como se recorre el librero de casa, esos Cien años... me llevan a recordar al Gabo cenando en la Taberna del León de Plaza Loreto porque, claro, la casa del Gabo, la última que tuvo, está en la calle de Fuego 144 donde todavía la gente deja flores amarillas el 6 de marzo; en esa casa escribió Crónica de una muerte anunciada y ahí recibió la noticia del Nobel; tuvo otra antes, rentada, la que su heroico casero –deberían levantarle un monumento en algún lugar de la Ciudad –no quiso vender nunca porque ahí se había escrito Cien años de Soledad, ni siquiera al mismísimo Gabo, y le aguantó el cobro de la renta hasta que le dieron el anticipo de la publicación; esa casa en el número 19 de la Calle de la Loma, atrás de Televisa San Ángel, es ahora un centro cultural gracias a la generosidad de este héroe de la literatura iberoamericana; de hecho, cuenta la leyenda que durante años hubo una placa que decía “En esta casa se escribió Cien años de soledad” pero que alguien se la robó una noche. Como todos los que tratamos de lidiar con la pluma, en mi adolescencia también jugué a ser intelectual y como suele suceder en esta ciudad mi escenario favorito era Coyoacán, lo sigue siendo; el Coyoacán de Cantar de Ciegos, de Carlos Fuentes, libro de cuentos que guarda uno que me gusta mucho, “Las dos Elenas”, donde habla de una proyección privada de El Ángel exterminador; el de la plaza está llena de historia, tuya, mía, de todos, como lo es la ciudad, ahí de niño fue donde ví a Novo en donde en 1980 abriría la librería El Parnaso que ya no existe porque en 2011 se la comió el arrendamiento y “El hijo del cuervo”, que fundaron en 1986, Carmen Boullosa y Alejandro Aura. En fin, me vuelvo a mis libros y a mis recuerdos, al café La Blanca sobre 5 de mayo, que se supone es la sede de los desvaríos de Max Aub con el nunca acontecido asesinato de Franco; al Café La Habana, en el 62 de la  Calle Morelos, esquina con Bucareli, entre la Secretaría de Gobernación y el fantasma de las sedes de los dos principales diarios del medio siglo XX,  El Universal y Excélsior y donde se escribieron muchas de las crónicas que dieron vida al periodismo de la época, fue sede de la tertulia de Octavio Paz, García Márquez y Renato Leduc, se dice que también ahí se fraguó la Revolución Cubana, en las citas de Fidel y el Che y que incluso el líder inventó en sus cocinas la torta cubana; de lo que sí tenemos certeza es que ahí se desarrolló el movimiento infrarrealista, entre Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño y que el Café Quito, de “Amuleto”, de éste último, es en realidad el Habana. Me vuelvo a mi escritorio con este amor irredento y con la certeza de que para crear todo esto lo único que hemos necesitado es tiempo, talento y libertad en dosis enormes y ya visto en perspectiva, de eso, tenemos de sobra en nuestras alforjas los chilangos.   @cesarbc70 http//:cesarcallejas.me  " ["post_title"]=> string(20) "Ciudad de mis amores" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "ciudad-de-mis-amores" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-20 08:48:50" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:48:50" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64272" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18042 (24) { ["ID"]=> int(64621) ["post_author"]=> string(3) "180" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content"]=> string(9545) "El 23 de abril pasado se celebró, como todos los años, el Día Internacional del Libro. Como es conocido, se conmemora en ese día porque coincide con la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. Es común que durante estas fechas se organicen ferias de libros y campañas para promover la lectura.  Sí, me refiero a esas famosas campañas a favor de la lectura, en las que se enlistan una serie de atributos que obtendremos de manera casi mágica gracias a los libros: “Leer te hará más listo”;  “Leer te hará exitoso”;    “Leer te hará más guapo”. Debo admitir que dichas campañas pueden ser más intimidantes que seductoras. Por ejemplo, muchos promotores, como intelectuales o escritores (cuyas buenas intenciones no pongo en duda) en entrevistas suelen aparecer con libreros rellenos detrás de ellos. Por ello, entiendo que alguien pueda pensar algo más o menos así:   “¿Para ser un lector necesito una biblioteca? ¡Santo cielo!”.  Realizar un análisis de las campañas para fomentar la lectura es todo un rollo: hay quienes están a favor y hay quienes consideran que son inútiles y, en el mejor de los casos, ineficaces y fuera de la realidad de los mexicanos. Como en toda discusión, ambos lados tienen argumentos fuertes y débiles.  Por eso, hoy no vengo a echarle un rollo para convencerlo de que se vuelva un lector empedernido de la noche a la mañana. Tampoco vengo a compartirle la proverbial foto mía con libreros llenos detrás de mí. Mucho menos vengo a criticarle sus hábitos lectores. Eso lo sabrá usted y nadie más puede decirle si está bien o mal.  Si usted disfruta de la lectura, ¡perfecto! Si no, ¡también!  Afortunadamente, vivimos en un país libre.  Sin embargo, me gustaría contarle una humilde y personal experiencia que tuve con la lectura durante un momento muy oscuro de mi vida y cómo, de cierto modo, me salvó.   I’ve got the blues Como George Orwell se describió en uno de sus ensayos, yo también fui un niño solitario y tímido. En mis ratos libres entre tarea y tarea, solía tomar libros de Arthur Conan Doyle y Julio Verne de la colección de mi madre (ediciones de pasta blanda, que quedaban bastante cachiporreadas después de leerlas) y pasaba las tardes imaginando las hazañas de Sherlock Holmes y las aventuras de Phileas Fogg. Durante  muchas tardes de mi infancia y adolescencia, ellos fueron mis amigos con quienes viajaba al mismísimo centro de la Tierra o con quienes resolvía crímenes en las calles de Londres. ¡Suena cursi, pero así fue para mí! A partir de esos días, el hábito de la lectura me siguió durante gran parte de mi vida; sin embargo, por allá de 2014, empecé a distanciarme de la lectura. En parte, por las obligaciones laborales, en parte por la familia, en parte por no encontrar algún libro que encendiera esa llama dentro de mi corazón como antes. En mi burbuja cotidiana y citadina, empecé a extrañar esas historias que me transportaban a otros mundos y me hacían olvidarme del trajín diario. Leer ya no era lo mismo de antes. Fast forward a 2017. No fue un año bueno para mí. Es más, diría que fue uno de los más duros en memoria reciente: terminé una relación complicada que casi quiebra mi espíritu. Después, me alejé de mis amigos y conocidos y comencé a sentirme aislado y solitario. El trabajo era lo único que me mantenía conectado con este mundo. Inevitablemente, cual Titánic de carne y hueso, me dirigí al peor iceberg con el que se puede encontrar una persona aislada y con el espíritu quebrantado: una crisis depresiva profunda. Sabía que era momento de buscar ayuda profesional.  Por cierto, si usted atraviesa por algo similar, ¡busque ayuda!  Para no hacerle el rollo muy largo, en esas terapias, una de las tareas que me asignó la doctora fue buscar algo que me apasionara. “Leer”, le dije a mi terapista. “Pero justo ahora, doctora, no hay alguna lectura que me llame la atención como antes”. La doctora me motivó para que buscara algún libro nuevo, que experimentara de nuevo con mi antigua pasión lectora.  Así fue como me encontré con un sitio de comedia estadounidense. En él, había varios podcasts en donde se reseñaban libros de Kurt Vonnegut. Por ejemplo, Breakfast of Champions, Sirens of Titan, Timequake, Hocus Pocus y God Bless You, Mr. Rosewater. Parecían historias únicas, dignas de volver a tomar un libro. Así que me propuse algo: conseguir alguna de esas novelas y averiguar si Kurt Vonnegut y yo teníamos química.  ¡Solos nunca más! Meses después, logré salir de mi crisis depresiva a base de terapia y libros. En esto último quiero centrar la atención: leer a Kurt Vonnegut cambió mi vida por dos razones. En primera, porque leer Sirens of Titan me encontré con un pasaje que enmarcaré algún día para nunca olvidarlo:   A purpose of human life, no matter who is controlling it, is to love whoever is around to be loved. Porque a veces olvidamos que esa es una de las razones por las que estamos en el planeta. Leer a Vonnegut y sus relatos llenos de humanidad fue algo que ayudó a sentirme un poco menos solo en el mundo. Hay quienes dicen que leer es un acto “solitario y egoísta”. Bueno, eso depende del enfoque que cada uno le dé. Leer la obra de Kurt Vonnegut me permitió, a través de foros y las redes sociales, conocer a varias personas alrededor del mundo, quienes se convirtieron en amigos míos. Poco a poco, se diría, me uní a una especie de familia extendida con miembros alrededor del mundo.  La segunda razón por la que leer a Kurt Vonnegut me ayudó a salir de mi crisis depresiva fue porque su obra me recordó que las pequeñas acciones hacen una gran diferencia en el mundo. Leer God Bless You, Mr. Rosewater de Kurt Vonnegut fue mi call to action, uno más poderoso que el de cualquier influencer, youtuber o booktuber. Esta novela trata sobre Eliot Rosewater, un veterano de guerra millonario, quien decide abandonar Nueva York y dirigir la fundación Rosewater en una ciudad olvidada de Indiana. Ahí, Eliot decide que su propósito será “proveer de una cantidad ilimitada de amor y limitadas cantidades de dinero” a todo aquel que necesite.    Cuando terminé de leer esta novela quise ser como Rosewater. También quise que hubiese más personas como él en el mundo, que toman acción y deciden hacer cosas para mejorar el mundo. Así, con mis limitados recursos (al fin y al cabo, yo no provengo de una familia rica) decidí tomar acción: encontré aquellas causas con las que empaticé y que requerían ayuda y decidí apoyarlas. Así fue como descubrí que la lectura puede salvarnos y proveernos de un sentido en la vida cuando más lo estamos buscando. Al menos, así pasó conmigo. Espero que usted no tenga que atravesar por una crisis depresiva para disfrutar de la lectura; sin embargo, si por alguna razón le ocurre, quiero decirle dos cosas. En primer lugar, que usted no está solo: muchos hemos pasado por algo así y siempre estaremos para apoyarnos. Y segundo, no menosprecie el valor que puede tener el arte en nuestros momentos difíciles y oscuros. El arte, en cualquiera de sus formas, es capaz de proveernos de humanidad. Y más aún: es capaz de regalarnos una “familia extendida” en los momentos en los que más la necesitamos para apoyarnos." ["post_title"]=> string(25) "¡La lectura me salvó! " ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(19) "la-lectura-me-salvo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64621" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(19) ["max_num_pages"]=> float(10) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "c9b7f49ef823fceb9dd0053d42cb3cd3" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

¡La lectura me salvó! 

El 23 de abril pasado se celebró, como todos los años, el Día Internacional del Libro. Como es conocido, se conmemora en...

abril 28, 2021

Ciudad de mis amores

Hace unas horas terminé de escribir un relato con el pretexto de desmenuzar la Ciudad de México como personaje literario, escenario de...

abril 20, 2021




Más de categoría

79 Aniversario de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística

MCP. Óscar Tamez Rodríguez, presidente de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, mencionó que “la SNHGE con...

mayo 13, 2021

La palabra es un juguete

Tras bambalinas, como se dice en el mundo del teatro, es el lugar donde se cocinan las obras del...

mayo 11, 2021

El mes de Maia

Mayo es el quinto mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días; pero era el tercer mes en el antiguo calendario romano, donde enero...

mayo 10, 2021

CARTAS A TORA 223

Querida Tora: Va a haber un sorteo de la lotería, con un premio gordo muy importante (¿por qué gordo...

mayo 7, 2021