Cartas a tora LXIV

Querida Tora: Querida Tora:          El otro día fue una comisión de vecinos a ver al portero para exigirle que tape el agujero del patio. Así como te lo digo: a exigirle. Y es que casi todos...

30 de noviembre, 2017

Querida Tora:

Querida Tora:

         El otro día fue una comisión de vecinos a ver al portero para exigirle que tape el agujero del patio. Así como te lo digo: a exigirle. Y es que casi todos los días se cae alguien al agujero y el Seguro Vecinal no tiene medios para enyesar los huesos rotos; apenas le alcanza para ponerles unas curitas (no, no son curas chiquitos; así llaman aquí a unas curaciones para raspones, cortaditas, etc.) en las heridas y agua oxigenada para desinfectarlas. Y, francamente, así no se puede.

El portero los escuchó atentamente y les dijo que iba a tratar de hallar una solución. Entones el del 37, un señor muy serio y muy reservado, habló por primera vez desde que vive en la vecindad y dijo que “tratar de hallar una solución” era un subterfugio (a todos les encantó la palabrita), pues ellos aportaban sus cuotas del Seguro puntualmente y no era decente (así, con esa palabra se lo dijo) que los tratara en esa forma; y le dio una semana de plazo para hallar esa “solución”.

El portero hizo un entripado, pero no dijo nada hasta que salieron los vecinos. Entonces sí, les dijo a todos de su mamá, de su abuelita y de su tía la del pueblo. Y es que como acaba de cambiar de coche, no le queda un centavo de las cuotas y no puede hacer nada. Y empezó a decir que tenía que distraer a los vecinos, hacer que pensaran en otras cosas. ¡Lástima que el concurso de “Miss Condominio” estuviera tan reciente y ya no podía hacer otro!

-¿Y “Mister Condominio”? – preguntó uno de sus guaruras, el más estudiado de todos.

Le pareció una magnífica idea, e inmediatamente mandó hacer unos pósters para anunciarlo.

Enseguida llegaron a inscribirse los vecinos. No todos, claro. El del 56, por ejemplo, ni siquiera se enteró del asunto, pues tenía una cruda de pronóstico reservado. Pero los demás… Ay, mi amor, hubieras visto las panzas cerveceras, los pectorales llenos de grasa, las papadas dobles y triples… ¿Cómo quieren ser “Mister Cualquier Cosa” con esos cuerpos? Sólo el señor que vivió hace tiempo en el 41 y que ahora vive en el 22 estaba presentable. Y faltaban los del 41.

Para esos muchachos fue un problema: ambos querían presentarse, pero ni modo que compitiera el uno con el otro. Lo estuvieron considerando varios días, y por fin decidieron echarlo a la suerte. Ganó el moreno, el que tiene las pestañas largas largas y ojos de borrego sacrificado (que a todas las viejas les encantan).

No hubo necesidad de hacer eliminatorias, porque era evidente que solamente este muchacho y el que vivía en el 41 (que decía ser su tío, ¿te acuerdas?) podían competir. De todas formas, la vecindad vivió unas semanas muy intensas mientras se preparaban para el concurso y se olvidaron del agujero (hasta el señor del 37, que se dedicó a hacer la campaña del de los ojos aborregados).

Por fin, llegó el día del concurso. Más bien, la noche del concurso. Arreglaron el patio con sillas (que cada quien llevó de su casa) y un pequeño escenario. Primero que nada, la Flor cantó. Luego vino el desfile de concursantes en traje de baño (los que lo tenían; y los que no, salieron en calzoncillos; algunos, hasta agujerados). Y al momento de dar el fallo, el portero dijo que no, que él no podía ser el juez, no fueran a pensar mal de él; que mejor se sometiera a votación. Así se hizo y les dieron a las doce de la noche, antes de terminar de contar los votos. La Flor anunció el resultado y ganó el muchacho del 41; pero no el de los ojos aborregados, sino el otro, el que no se presentó al concurso. El portero protestó. Pero las viejas dijeron que era güero y que nada más por eso les gustaba más. No hubo más remedio que aceptar “la decisión del pueblo”, dijo el portero. Subieron la foto del ganador a las redes sociales y le dieron un diploma y una corona de laureles “como en los tiempos de la Grecia antigua”, sólo que en vez de hojas de laurel, eran de lechuga.

Total, que al día siguiente había una fila de coches frente a la vecindad, que todos estaban asombrados de verlos, tan nuevos y relucientes. Y dentro de ellos, una serie de viejos, quien más, quien menos, desdentados, que venían a invitar al ganador a dar un paseo y tal vez a comer, ”según se desarrollaron las cosas”.

El muchacho se escondió, diciendo que él no tenía esas costumbres. Tuvo que estar fuera varios días, hasta que los viejos dejaron de venir. Y volvió a su vivienda, donde lo esperaba el de los ojos aborregados, que ya para entonces estaban abiertos y desorbitados por la preocupación. Y los dos juntos, en un arranque, quemaron el diploma y la corona y no volvieron a acordarse del concurso.

El portero estaba muy contento, porque los vecinos no hacían más que hablar de los viejos que llegaron en sus coches. Sobre todo, porque algunos eran conocidos y nunca se les hubiera ocurrido “sospechar” de ellos. Ya para entonces llegó otro mes, se cobraron las cuotas del Seguro y de mantenimiento, y el portero hubiera podido decir algo a los vecinos sobre el agujero: pero prefirió darle un celular a la Flor, para poder localizarla sin problemas.

El señor que hace tiempo vivió en el 41 se quedó un poco resentido con los muchachos. Pero ellos lo calmaron diciéndole que todo se lo debían a él, a sus enseñanzas, a su paciencia, a su ejemplo. Y volvieron a ser amigos.        

No sé si en todo esto haya una moraleja. Búscala. Y si la encuentras, me avisas.

Te quiere,

            Cocatú

Comentarios
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Una cosa es que te critiquen, y otra es que lo hagan dejándote en ridículo. Eso duele más que una mentada de madre franca y directa. La risa puede más que los insultos. ¿Recuerda usted El nombre de la rosa de Umberto Ecco? Uno de los personajes, el anciano fraile Jorge de Burgos, sostiene que la risa es diabólica, que denota ligereza, frivolidad y hasta lascivia. Según él, Cristo nunca rió –no sé si esto sea verdad, pero ahora que reparo en ello, no recuerdo ningún Cristo en la iconografía occidental que aparezca riendo–. ¿A qué viene la comparación? A que los movimientos populistas a veces adoptan las formas y suscitan las devociones propias de los credos religiosos. El film estadounidense Don’t look up (No mires arriba, 2021) es una sátira divertidísima y perversamente eficaz. Los realizadores explican que el cometa que destruirá la tierra en el plot es una metáfora del cambio climático. ¿Qué se va a hacer ante la inminente destrucción del mundo? La película critica la inacción y frivolidad de los tres grandes poderes: el político, el mediático y el económico. Estos tres poderes constituyen una“idiocracia”, o gobierno de los idiotas (government of idiots). Es claro que existe una inercia mundial que está colocando a populistas autoritarios en los gobiernos de muchas naciones. El caso más dramático es Trump. Todo populismo autoritario desprecia la ciencia. Los Trump aparecen en este film representados por la presidente Janie Orlean (Maryl Streep) y su frívolo y casi idiota hijo, Jason Orlean (Jonah Hill), jefe del gabinete. A los populistas les da por asignar en puestos técnicos a personas que no son idóneas, y ese es el caso de la directora de la NASA, que no es una astrónoma. Los Trump/Orlean son incapaces de entender la gravedad de la situación y muestran que el gobierno de los Estados Unidos está en manos de idiócratas: la presidente Orlean está más preocupada por las elecciones intermedias y por la designación de un antiguo amante como ministro de la Suprema Corte, que por la inminente destrucción del planeta. El poder mediático está personificado por Brie Evantie, presentadora de uno de los programas más importantes de la televisión estadounidense. El papel es magníficamente interpretado por Cate Blanchet. El poder político tiene su equivalente mediático, es decir, también el poder mediático está en manos de personas frívolas y casi idiotas (el co-host del programa es prueba de ello). Lo único que les importa es el rating y las interacciones en redes sociales. Igual que los Trump/Orlean, los presentadores de este show –que representan a Fox News– no tienen la capacidad de entender la gravedad de la situación. Y el público televidente tampoco, porque está más interesado en el “científico más sexy”, que es Leonardo DiCaprio en el papel del Dr. Mendy, o en el ataque histérico “al aire” de Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), que es la astrónoma que descubrió el cometa, o en la ruptura y reconciliación de dos estrellas del pop. Brie Evantie tiene más interés en llevar al Dr. Mendy a la cama, cosa que consigue, que en la extinción de la humanidad. El poder económico está representado por Peter Isherwell, billonario dueño de la omnipresente empresa de tecnología BASH. Lo único que le interesa es tener más dinero y más poder. Una vez que se lanza la misión para desviar la ruta del cometa, Ihserwell la detiene. Tiene el poder para eso y más, pues se puede decir que Janie Orlean le debe la presidencia por todo el dinero que le ha dado y le sigue dando. Ihserwell descubre que el cometa contiene una riqueza incalculable de los minerales que necesitan sus productos tecnológicos. 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“Maradona: sueño bendito”, una serie que hay que ver

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