Ambrose Bierce: un escritor gringo viejo

Nuestro personaje nació el 24 de junio de 1842 en Horse Cave Creek, en el condado de Meigs, Ohio, y creció en el condado de Kosciusko, Indiana.   Nuestro personaje nació el 24 de junio de 1842...

29 de agosto, 2018
RHT
ambrose

Nuestro personaje nació el 24 de junio de 1842 en Horse Cave Creek, en el condado de Meigs, Ohio, y creció en el condado de Kosciusko, Indiana.

 

Nuestro personaje nació el 24 de junio de 1842 en Horse Cave Creek, en el condado de Meigs, Ohio, y creció en el condado de Kosciusko, Indiana. Fue el décimo de doce hijos. Sus padres, Marcus Aurelius y Laura Sherwood Bierce, granjeros de profunda fe calvinista, les dieron a todos ellos nombres que empezaban con la letra “A”: Amos, Andrew, Augustus, Ambrose, etc.

Al comienzo de la Guerra Civil Estadounidense, el 19 de abril de 1861, Bierce se alistó en el 9º Regimiento de Voluntarios de Infantería de Indiana. Comenzó la campaña como oficial topógrafo para determinar los campos de batalla apropiados en la brigada del general Willian Hazen, perteneciente al Ejército de Ohio (luego Ejército de Cumberland) del general Buell. Ese mismo año luchó en la batalla de Shiloh, experiencia terrible que utilizó más tarde en algunos de sus cuentos. Participó también en el asedio de Corinth, en la batalla de Stones River, en la campaña de Tullahoma, en las batallas de Chickamauga y Chattanooga.

En 1871 se casó con la bella Mary Ellen (Molly) Day, con la que tuvo tres hijos: Day, Leigh y Helen. A pesar de la fama y fortuna que persiguieron al escritor durante sus años de matrimonio, éstos no aportarían al escritor demasiados momentos felices: en 1888 se separó tras descubrir unas cartas comprometedoras de un admirador a su esposa. En 1904 obtuvo el divorcio.

Tras licenciarse del ejército con el grado de Capitán, se dio a conocer como periodista en San Francisco, donde colaboró en The ArgonautThe Overland Monthly y New Letters, del que fue nombrado director en 1868.

 En diciembre de 1913 cruzó a México por El Paso, que por entonces estaba en desarrollo. En Ciudad Juárez se unió al ejército de Pancho Villa como observador, llegando hasta Chihuahua, donde su rastro se desvanece. La última acción registrada fue de una carta que escribió a un amigo, fechada el 26 de diciembre.




Antes de partir a México, en una carta fechada el 1 de octubre de 1913, escribió a una de sus familiares en Washington: «Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!».

Se supone que pudo haber fallecido en el sitio de Ojinaga (enero de 1914), pues un documento de la época consigna la muerte en esta batalla de «un gringo viejo». La fecha generalmente aceptada de su muerte es 1914.

Escribió unos quince libros, entre ellos:

The Fiend’s Delight (1873)

The Monk and the Hangman’s Daughter (1892)

Write It Right (1909)

 

De sus ochenta cuentos podemos citar:

The Haunted Valley (1871)

El famoso legado Gilson (The Famous Gilson Bequest, 1893)

El desconocido (The Stranger, 1909)

 

Algunos críticos han definido el estilo de Bierce como seco, funcional y mecánico; otros le reprochan la mitificación literaria. Sin embargo, la mayoría coincide en que sus tramas violentas lo convierten en un escritor fascinante. Como periodista, atacó con sus artículos los males que veía a su alrededor, desde el fraude económico hasta la corrupción política. 

Gringo viejo es una novela del escritor mexicano Carlos Fuentes (1928-2012), publicada en 1985 por el Fondo de Cultura Económica. Trata sobre la historia de un escritor y columnista estadounidense que lo abandona todo para cruzar la frontera mexicana con el propósito de unirse a las tropas de Francisco Villa. Basada en la historia real del periodista y escritor Ambrose Bierce, fue la novela que lanzó a Fuentes a la fama, y se convirtió en el primer best seller de un autor mexicano en la ciudad de Nueva York.

El argumento de Carlos Fuentes1 ambientado en nuestra Revolución Mexicana  fue rematado en una película filmada en 1989 por Columbia Pictures, dirigida por Luis Puenzo; donde Gregory Peck es ese arriesgado periodista, la institutriz Harriet Winslow es Jane Fonda, y Jimmy Smits hace el rol del general Tomás Arroyo.

El profesor Hernán Lara Zavala, especialista en letras inglesas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, afirma que la historia que se cuenta en “Gringo viejo” “es que hay fronteras geográficas entre México y Estados Unidos y fronteras sentimentales que son muy importantes en la vida, ya que son parte de las fuerzas interiores, las más secretas, las que se hayan adentro de cada una de las personas”.   

Muy acertada me parece esta conclusión dual del profesor Hernán, pero también quiero pensar que las fronteras sentimentales no son totales, pues con los vecinos del norte hemos convivido durante muchos años, y de ello han surgido lazos de amistad, y no en pocos casos hasta de matrimonialidad.

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Notas

https://es.wikipedia.org/wiki/Ambrose_Bierce

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bierce.htm

https://www.gob.mx/cultura/prensa/gringo-viejo-de-carlos-fuentes-una-novela-fantastica-poetica-y-provocadora-sobre-la-revolucion-mexicana

1 En el cementerio parisino de Montparnasse (Bulevar Edgar Quinet #3), sus restos le hacen compañía a los de Simone de Beauvoir, autora de la novela “Los mandarines”; también a los del poeta maldito Charles Baudelaire, autor del poemario “Las flores del mal”, asimismo, a los de nuestro controvertido General Porfirio Díaz Mori.        

Comentarios
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Cuando una obra de ficción no consigue mostrar el cambio, cuando solo muestra el carácter humano como algo rígido, pétreo, impenitente, abandona el campo de la novela y entra en la fábula o la alegoría. La naranja mecánica norteamericana o de Kubrick es una fábula; la británica o mundial es una novela. Anthony Burgess, de acuerdo con sus propias palabras, termina su novela en el capítulo veintiuno porque este número representa el momento de la madurez humana plena. En dicho capítulo, se nos muestra a un Alex DeLarge que ya no encuentra satisfacción en los actos de violencia. Un cambio se gestó dentro de él: desea un mejor futuro que el que la destrucción sin sentido puede ofrecerle. Alex piensa en formar una familia. Construir, por fin lo comprende el protagonista, es la única forma de labrarse un mejor futuro.  Actualmente, nos encontramos en una encrucijada similar a la del drugo Alex. Vivimos en una época cuyas condiciones sociales, políticas y económicas nos han llevado a pensar que la destrucción es el camino más adecuado para la sociedad. Solo es necesario abrir cualquier periódico para darse cuenta de esta mentalidad: “Destruir… (lugares, instituciones, personajes públicos y un largo etcétera) parece ser la orden del día en las agendas de diferentes grupos”. Es entendible esta posición, que apela a nuestra parte adolescente: para atraer adeptos a alguna causa en particular, siempre es más atractivo llamar a la gente a quemar un puente que convocarla para construir uno.  Las redes sociales son un ejemplo perfecto de esto, ya que ahí encontramos un volumen enorme de críticas negativas, burlas o memes que pretenden “destruir” a cualquier ente con el que no se esté de acuerdo. Una pregunta que debemos hacernos en el aquí y ahora es, ¿qué tanta energía y tiempo estamos dispuestos a utilizar para construir algo valioso en lugar de desperdiciarla en destruir? Destruir algo es cosa de segundos; construir lo que sea, en cambio, puede tardar meses, años o décadas y requiere de madurez y paciencia. Esta es una verdad de Perogrullo, pero que muchas veces olvidamos, especialmente en una sociedad obsesionada con la satisfacción que provoca la inmediatez moderna (con entregas de artículos “al día siguiente” y demás servicios ultrarrápidos). Destruir nos permite liberar temporalmente nuestras frustraciones y nuestra ira, pero en la resaca únicamente encontraremos vacío y aislamiento. Construir, en la faceta que sea, al contrario: nos llena y nos hace humanos.  Esta disyuntiva es la que se encuentra Alex DeLarge al final de la novela: si decide hacerse más humano o convertirse en un agente de destrucción perene. El momento actual nos pide a gritos hacer esa misma elección. Decantarnos por una opción u otra, en gran parte, decidirá el futuro que tendremos como personas y como sociedad. Así que, estimado lector, ¿con cuál Alex DeLarge se identifica usted: con el de la película o con el del filme?" 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