Se conocieron de niños al cursar el quinto año de primaria. Romper el hielo fue tan solo un trámite que fácilmente se cumplió cuando ella le preguntó: ¿tu papá es el Maestro Álvaro?
Con facilidad ambos descubrieron que coincidían en el interés por dar atención a las lecciones y privilegiar el orden, Ese mismo día el dijo “te llamas Gaby no Gabriela” a lo que ella respondió: Y tú te debes llamar Álvaro…
Como si hubieran firmado un contrato a perpetuidad se sentaron juntos.
5 años que bien pueden ser recordados como los años maravillosos… un lápiz es testigo.
Gracias a Dios él ha vuelto a cruzar su camino. Ahora siendo adultos y profesionistas consolidados y con una vida personal en búsqueda de la armonía.
De corazón deseo que un día puedas escribir para ti esta historia. ¡Felicidades!
En tus manos está
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